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Cumbre en desuso

21 de octubre de 2013

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La realización en Ciudad Panamá de la XXIII Cumbre Iberoamericana se ha caracterizado por la ausencia de nueve jefes de Estado o Gobierno y ha puesto en evidencia que foros como este ya están en desuso, más que todo porque no hay beneficios tangibles que puedan dar crédito a su existencia.
El poco resultado de esas citas y la lógica mirada de la región hacia otro entorno más propio de la América Latina y el Caribe, hacen pensar que la existencia de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), van dejando a un lado a las Cumbres Iberoamericanas.
Y el tema no es que haya que desaprovechar estos foros para debatir, aunar esfuerzos de colaboración y crear políticas regionales que se identifiquen con las verdaderas necesidades de nuestros pueblos.
Más bien lo que debe comprenderse es que estas Cumbres parecen ya desgastadas por el tiempo y la inoperancia, mientras el ALBA, la CELAC, UNASUR o MERCOSUR, muestran vigencia, identifican propósitos y resultan más coherentes para el rumbo de nuestros países en pleno Siglo XXI.
Además, los tiempos son otros y naciones como España o Portugal, inmersos en una agónica crisis, poco tienen que aportar a la hora de enfrentar las consecuencias de un mundo globalizado y hegemónico.
Creo que el mismo lema de esta Cumbre: “La Comunidad iberoamericana en el nuevo contexto mundial”, obligan a pensar en dar un vuelco a esas reuniones, cargadas de retórica y de conceptos impuestos por los patrones occidentales de cómo ver temas como el desarrollo, la cooperación, la solidaridad y hasta la cacareada democracia y derechos humanos que tanto aparecen en los guiones elaborados desde centros de poder que ningún ejemplo dan sobre los mismos.
Recuerdo la primera ocasión en que Panamá albergó una Cumbre Iberoamericana. Fue en el año 2000 cuando allí se realizó la X cita de este tipo.
Tuve el privilegio de cubrir como periodista tanto la Cumbre como la visita del Comandante en Jefe Fidel Castro y la denuncia que hizo por la presencia en Panamá del terrorista Luis Posada Carriles y un grupo de mercenarios que tenían planeado su asesinato en el masivo acto del Paraninfo Universitario, y otras acciones en las cuales podrían morir decenas o cientos de jóvenes y demás pobladores.
De no producirse la denuncia cubana que facilitó y exigió que se apresara a Posada Carriles y su grupo, 9 kilogramos de explosivos C-4 estaban listos para que volaran los asistentes a aquel acto celebrado el 18 de noviembre de 2000.
La denuncia de Fidel decía entre otras cosas: “Debo cumplir (…) el deber de informarles que, como en otras ocasiones en que viajo a estas cumbres, elementos terroristas organizados, financiados y dirigidos desde Estados Unidos por la Fundación Nacional Cubano Americana que es un instrumento del imperialismo y la extrema derecha de ese país, han sido enviados a Panamá con el propósito de eliminarme físicamente. Ya se encuentran en esta ciudad y han introducido armas y explosivos”.
La denuncia de Cuba permitió que Posada Carriles fuera detenido y condenado por la justicia panameña. Aunque después, la propia Presienta Moscoso, el último día de su mandato y en acto deplorable por todo el mundo, indultó a los terroristas.
Cuatro años más tarde, en julio de 2008, la Corte Suprema de Panamá declaró “inconstitucionales” los indultos otorgados por Moscoso a los terroristas, pero fue entonces Estados Unidos, quien albergó a ese y otros terroristas que aun disfrutan de las bondades de los gobiernos del país del Norte, quien hizo trizas la justicia internacional y echó por tierra cualquier petición de extradición de esos connotados asesinos.
En esos avatares se debate el mundo de nuestros días y, como es obvio, Cumbres como la Iberoamericana, parecen haber perdido vigor y vigencia, en medio de un panorama mundial donde hace falta menos retórica y más acciones a favor de nuestros pueblos.

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