ribbon

Cuba: continuidad y reafirmación

6 de diciembre de 2016

|

 

Una vez concluidas las honras fúnebres de Fidel Castro, enmarcadas en la sobriedad y la sencillez que caracterizaron su vida, pero arropadas en este caso por una demostración popular sin precedentes en la Isla, se imponen –a mi juicio–algunas valoraciones que no por preliminares dejaran de tener mayor alcance.

La conmoción nacional y mundial causada por el fallecimiento del líder histórico de la Revolución Cubana llevó a los primeros planos de la actualidad el pensamiento, la vida y obra de quien ya fue catalogado por muchos como la figura política más descollante del siglo XX latinoamericano y parte del XXI en que aun actuó.

A partir del 2007, sus reflexiones y artículos, recogidos hoy en un impresionante libro, abordan con juicios certeros, audaces y científicamente sustentados los más complicados, peligrosos y urgentes problemas que enfrenta la humanidad.

Avalados por sus incesantes estudios y las experiencias adquiridas a lo largo del duro batallar de más de medio siglo, esos trabajos se convierten en fuente de conocimiento insustituible para todos los que estén dispuestos a comprometerse como él en la lucha por la independencia nacional y la justicia social, en la causa “de los humildes, por los humildes y para los humildes”.

Las jornadas vividas por el pueblo de Cuba durante estos días y el programa cumplido de un extremo a otro del país, tuvieron un sello indeleble que nada ni nadie podrá ocultar: la multitudinaria participación popular en medio del dolor y la tristeza.

Las conmovedoras y espontáneas expresiones procedentes de todos los sectores sociales y regiones geográficas estuvieron siempre presentes, especialmente por parte de los jóvenes y adolescentes y llenaron estos días irrepetibles que sirvieron para evidenciar el sentimiento de unidad nacional alrededor de la Revolución, su proyecto social, su construcción y su defensa.

Fueron días que –por encima de todo– confirmaron la continuidad de la obra patriótica y socialista “en marcha indetenible” –como había pedido Fidel–, y reafirmaron la decisión de preservar la dignidad y la soberanía alcanzadas, en medio de los esfuerzos por elevar el nivel de vida del pueblo trabajador.

Solo algunos ignorantes o estúpidos, o las dos cosas a la vez, se atrevieron a ponerlo en duda asfixiados por la frustración, el odio y la impotencia.

El pensamiento, la obra y la vida de Fidel trascenderá en Cuba y en el mundo, indicándonos con su voluntad férrea que “si se puede si se pudo y si se podrá”.

Comentarios