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Corea del Sur: ¿la gran perdedora?

26 de mayo de 2018

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En un reciente artículo sobre el tema, decíamos: “Si hasta ahora no se ha logrado la paz

Intercoreana –es imprescindible recordarlo– es por la constante interferencia de los regímenes de Washington al extender sus dominios imperiales hasta Asia-Pacífico, calificada por Obama como “zona de máxima prioridad”.

Y añadíamos entonces: “Confiemos en que Donald Trump, después de haber amenazado a la RPDC con borrarla de la faz de la tierra, haya recapacitado lo suficiente para no convertirse –una vez más– en el obstáculo insalvable para la paz en Corea”.

Desafortunadamente, la abrupta renuncia de Trump a concurrir a la proyectada Cumbre de Singapur con el líder norcoreana Kin Yong Un, la continuación de los amenazantes

ejercicios bélicos conjuntos con Corea del Sur en las zonas limítrofes y las agresivas declaraciones del secretario de estado Mike Pompeo parecen dar marcha atrás a lo avanzado y lo hacen retroceder al terreno de la incertidumbre.

Los generosos y racionales pasos dados por las autoridades de la República Popular

Democrática de Corea, que van desde la liberación de espías estadounidenses detenidos hasta la suspensión de nuevas pruebas nucleares y el desmantelamiento de este tipo de instalaciones han sido respondidos de la manera más soez y agresiva por parte de la Casa Blanca, en especial del asesor John Bolton, connotado azuzador a distancia de guerras y agresiones.

En el artículo citado también apuntábamos que no podía desconocerse la actitud del actual presidente sudcoreano Moon Jae-in y su Partido Democrático, que durante su campaña electoral proclamó los deseos de un cambio de política hacia el Norte socialista, recibiendo el apoyo de la gran mayoría de la población de la parte sur del país.

La voltereta de Trump pone ahora al presidente sudcoreano y su gobierno en una difícil situación, por cuanto tendría que denunciar ante su pueblo –que según parece– es víctima del chantaje y la amenaza por parte de Estados Unidos, que no desea realmente la paz para Corea, no quiere la firma del Tratado de Paz entre las dos repúblicas y aspira a perpetuar la presencia militar ocupacionista en el sur como punta de lanza contra la RPDC y contra China.

Si los esperanzadores acuerdos que se avizoraban no llegan finalmente a una conclusión feliz, evidentemente será Corea del Sur la gran perdedora de esta oportunidad si no es capaz de quebrar los vínculos de sometimiento al designio imperial yanqui, verdadera causa que ha impedido hasta ahora la paz intercoreana.

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