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Confesiones de Pompeo

7 de junio de 2019

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Mike Pompeo, el actual secretario de Estado norteamericano, tiene en su aval haber sido el jefe de la CIA durante el primer año del gobierno de Trump, y alguna que otra historia, oscura o semi oscura, que lo hace imprescindible en el equipo fundamentalista del actual inquilino de la Casa Blanca.

En su agenda de la actualidad, lo mismo se le puede ver incentivando una guerra contra la República Islámica de Irán, que exponiendo justificaciones para que Washington mantenga y haga más fuertes, las sanciones económicas contra Rusia, China, Irán, Siria, Venezuela o Cuba.

Hay ocasiones en que Pompeo dice una cosa en Europa y Trump dice lo contrario en Washington, pero —en mi opinión— eso es parte del montaje mediático del magnate-presidente, para que se fomenten comentarios —a su favor o su contra— y seguir él mintiendo, amenazando, sancionando y hasta recogiendo cabos, cuando piensa que algo no le ha salido bien. Entonces arremete contra los periodistas y los llama mentirosos.

No olvidemos que Trump es una maniático mediático que maneja  muy bien eso de estar siempre en los medios.

Ahora bien. Su equipo tiene 3 exponentes de la ultraderecha más conservadora y fundamentalista: Mike Pence, John Bolton y Mike Pompeo, con currículum llenos de ejemplos donde las guerras, las invasiones, las sanciones y las amenazas, encabezan su gran repertorio.

Todos ellos apostaron por la caída del presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro Moro. Incluso dieron fechas, llamaron a la sublevación de las Fuerzas Armadas Bolivarianas, votaron a favor de las guarimbas, dirigieron la guerra económica con componentes terroristas como el de atentados a las redes eléctricas y otros.

En el caso de Pompeo, por su responsabilidad como secretario de Estado, me imagino fuese, junto a Bolton, quien puso sobre la mesa de Trump, la hoja de ruta para la derrota de la Revolución Bolivariana, y hasta las fechas en que  entrarían las petroleras estadounidenses para apoderarse de los grandes recursos de esa nación.

Ya en enero del presente año se hizo necesario llevar a la palestra pública a un personaje que, desde dentro, hiciera el papel de líder contra Maduro, aunque desde Washington se sabía y se sabe que la elección fue un verdadero fracaso y el destinado en este rol, Juan Guaidó, un payaso que, de lograrse la salida de Maduro, nunca dejarían al frente de un gobierno subordinado totalmente a los Estados Unidos.

Este 5 de junio, un despacho de la agencia EFE desde Washington, da cuentas de que Pompeo reconoció que su gobierno se ha topado con dificultades para mantener la oposición venezolana unida. Y —oigan esto— que una vez que el presidente Maduro deje el poder, «más de 40 opositores se postularán para sustituirle».

Las confesiones de Pompeo, aparecidas en el diario The Washington Post, citan una reunión privada en Nueva York en que «se habló con sinceridad sobre las divisiones dentro de la oposición venezolana» a la que Estados Unidos estimula para forzar la salida de Maduro.

Luego el secretario de Estado norteamericano advirtió que «en el momento en que Maduro se vaya, todo el mundo va a levantar la mano y (decir): ‘Elígeme a mí, yo soy el próximo presidente de Venezuela’. Serían más de 40 personas las que se creen que son el legítimo heredero de Maduro», consideró.

Recordó entonces que las dificultades que EE.UU. ha enfrentado para unir a la oposición no se han producido solo en los «últimos meses», sino que las recuerda desde el día en que se convirtió en director de la CIA, puesto que ocupó entre enero de 2017 y abril de 2018.

Finalmente, mostrando un alto grado de frustración, Pompeo lamentó que el 30 de abril fracasara el intento de levantamiento militar que encabezaron el jefe del Parlamento, Juan Guaidó, autollamado presidente interino y el terrorista Leopoldo López.

Estas son, fundamentalmente, sus confesiones, a cinco meses de que Estados Unidos apostara a la caída del gobierno bolivariano… en «solo unos días».

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