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Bonanza para unos…

12 de septiembre de 2016

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Siempre cuando comentamos, leemos o escuchamos acerca de las desigualdades en las naciones capitalistas industrializadas pensamos en Estados Unidos y muy poco en la Alemania de Ángela Merkel, cuyos detractores, nada mejores o peores que ella, tratan de evitar que asuma un cuarto mandato.

A Ángela se le combate ahora porque aparece en ocasiones como una beneficiaria de la enorme masa de inmigrantes que han entrado o tratan de entrar a territorio alemán, ola constreñida (o ahogada) por Turquía, previo acuerdo con la Unión Europea, que corre con los gastos.

En el caso de la migración extranjera, diversos magnates y la Merkel han tenido coincidencias en el sentido de que mucha de esa obra de mano sería extremadamente barata, e incluso hay un sistema que la hace permanecer “underground”, es decir, subterráneamente, para que no pueda ni herir los sentimientos de los prejuiciados arios que rememoran la época de Adolfo Hitler.

Este país en el que el emigrante tiene que realizar los trabajos que no desea hacer el típico alemán reboza injusticia por todas partes

Tal injustica navega en un cuadro aún más grave de lo que se puede imaginar en esa nación de bonanza, donde queda mucho por explicar y comprender, ya que no se necesita simplemente crear empleo, sino puestos de trabajo de los que se pueda vivir.

Tal como dijimos en un anterior comentario en esta página web,

al muñequito de madera denominado Pinocho le crecía la nariz cada vez que decía una mentira, por lo que a Merkel le debería pasar igual, cada ve que dice que tiene buenas intenciones con los emigrados o menciona las cifras relativas al desempleo y la pobreza en Alemania.

Pero al igual que protege consecuentemente al sistema bancario alemán para que mantenga su hegemonía en Europa, la Canciller pondera mucho las cifras de crecimiento, pero trata de ocultar que este va en paralelo con el aumento de la pobreza.

“Es una muy buena noticia que en Alemania la cifra de personas con trabajo sea tan alta como nunca antes”, ha reiterado hace unos días, afirmando que los desempleados apenas son tres millones, y se seguirá reduciendo.

 

Propósitos electorales

Generalmente esto se dice cuando hay propósitos electorales, como ahora, aunque la oposición no es tan débil como antes, y ya afirma que la cifra asciende a seis millones por lo menos, siempre menos que l proporción de la mayoría de los demás países europeos.

El cuadro macroeconómico germano es bastante más complicado de lo que parece a primera vista. Para entender la evolución socioeconómica que ha experimentado el país más poblado y rico del Viejo Continente durante los últimos años, es necesario ir más allá de las cifras oficiales de desempleo y de la evolución del Producto Interno Bruto, para comprender que la pobreza es ahora de un 15,5%, que comprende una población que tiene menos del 60% del salario medio del país.

Veamos lo que dice la Asociación Paritariai, no gubernamental y que congrega a más de 10 000 asociaciones y centros de ayuda:

“Los afectados por la pobreza son sobre todo desempleados, madres solteras y padres solteros, y niños. Cuando la gran mayoría de los parados, es decir el 59%, y más del 40% de todos los padres y madres solteras viven en la pobreza, entonces es que algo ha dejado de funcionar en nuestro Estado social”.

Uno de los datos que más llama la atención es el crecimiento paralelo que han experimentado durante los últimos años la economía alemana y la tasa de pobreza. Desde la última gran recesión que vivió la economía mundial en el 2008, y que la locomotora europea y sus exportaciones sufrieron considerablemente, el PIB de Alemania ha crecido a ritmo constante. Sin embargo, también lo han hecho los segmentos de población pobres o en riesgo de exclusión social.

“Para entender esta situación hay que remontarse al último Gobierno rojiverde del ex canciller Schroeder y las reformas que introdujo bajo el nombre de la Agenda 2010”, dice el economista alemán Christian Woltering, quien se refiere que aquel intentó aumentar la competitividad de la economía germana en un mundo ferozmente globalizado.

A la vista de los datos macroeconómicos de Alemania, esas reformas tuvieron el efecto deseado, pero también un enorme precio social que ahora queda patente en unas cifras de pobreza difícilmente comprensibles en un país desarrollado.

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