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Bomba de tiempo

7 de diciembre de 2017

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En una verdadera bomba de tiempo se convirtió la decisión del presidente estadounidense Donald Trump, anunciada el miércoles 6 de diciembre, de reconocer a Jerusalén como capital del Estado de Israel, lo que lógicamente provocó reacciones de alarma de todo tipo.

Horas antes el Papa Francisco había llamado a respetar el status quo de esa ciudad de acuerdo con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas y expresó su profunda preocupación.

En una apelación durante la tradicional Audiencia General, el Sumo Pontífice expresó su profunda preocupación, ya que “Jerusalén es una ciudad única, sagrada para los hebreos, cristianos y musulmanes, quienes veneran en ella los Lugares Santos de las respectivas religiones y tiene una vocación especial de paz”.

Por su parte la Liga Arabe convocó a una reunión a nivel de cancilleres para analizar el tema, a solicitud de los palestinos y con el apoyo de Jordania, para discutir el cambio de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, “lo cual afecta el estatus internacional de esa ciudad, así como su posición legal e histórica”.

Simultáneamente y desde el Cairo, la Iglesia Ortodoxa Copta de Egipto y la máxima autoridad del Islam sunita, Al Azhar, alertaron sobre las negativas consecuencias que tendría la decisión estadounidense.

En un documento la autoridad religiosa reafirmó su apoyo al proceso de paz entre palestinos e israelíes y pidió la realización de negociaciones para lograr una resolución justa que preserve el estado histórico de Jerusalén.

El presidente egipcio, Abdel Fattah El Sisi, enfatizó en una llamada telefónica a Donald Trump, la firme posición de Egipto de que “Jerusalén debería mantener su estatus legal’ actual y lo “instó a
‘no complicar la situación en la región al introducir medidas que socavarían las posibilidades de paz en Medio Oriente’, según una declaración de la oficina presidencial.

Al rechazo internacional se sumó el gobierno sirio al condenar los planes de Trump y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quien convocó a líderes musulmanes a Estambul para discutir sobre el proyecto de EEUU.

Y es que la medida pro-Israel disparó voces de alarma en diferentes partes del mundo, especialmente desde Moscú y Pekín, así como de otras capitales, alertándose que tal medida provoca la ira de los musulmanes y bloqueará cualquier esfuerzo para lograr una paz duradera en los territorios ocupados palestinos.

La lista de pronunciamientos y condena sería interminable, por lo que una vez más la nueva administración estadounidense provoca tensión en situaciones de conflicto, tratando de imponerse por encima de los tratados internacionales y amenazando la paz en esa región.

Lo paradójico es que el mandatario argumenta que la medida está relacionada con la paz, salvo que se refiera a la paz de los cementerios, ya que la bomba de tiempo podrá estallar en cualquier momento con terribles consecuencias para el Medio Oriente y el mundo.

Y aunque la medida no será aplicada de inmediato ya cuenta con el rechazo universal.

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