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Al que no quiere caldo…

29 de mayo de 2013

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El legal respaldo constitucional para que el presidente de Bolivia, Evo Morales, aspire a la segunda reelección en el 2014, ha revuelto y enfurecido a una oposición de todo tipo, desde la que aún abraza ideológicamente los postulados nazis, hasta la que responde a los intereses de Estados Unidos.
En ello se enmarca la posición de la dirigencia de la Central Obrera Boliviana (COB), cuya posición actual de intransigencia antigubernamental responde a miras electorales, en vez del bienestar popular, aferrándose a exigencias populistas que, de ser aceptadas, afectarían gravemente la economía del país, además de anteponer el egoísmo a la solidaridad necesaria para construir consecuentemente el Estado plurinacional.
La acción al respecto de Evo ha sido calmada, pero firme, obligando a dirigentes de la COB a aceptar un compás de espera para solucionar los lógicos problemas que surgen en el actual proceso revolucionario boliviano, agravados por las continuadas conspiraciones incoadas por agentes del Imperio.
El caso de Bolivia es singular en todos sus aspectos, y tiene sus antecedentes en el 10 de marzo de 1952, cuando las antiguas masas desposeídas tomaron el poder, y el indio, su componente mayoritario, comenzó a abandonar su antigua condición de extrema pobreza.
Pero no fue hasta ahora, con el gobierno de Evo Morales, que comenzó a cortarse las raíces del sistema neocolonial, en el que predominaba el egoísmo y se violaban los derechos humanos.
Y es que Evo Morales no ganó en Bolivia con un programa neoliberal, sino con un discurso desde la raíz del alma indígena, enarbolando también la Asamblea Constituyente como arma de cambio.
El objetivo fundamental es que las riquezas sirvan a la mayoría del pueblo y que las privatizaciones corruptas hechas desde 1985 hasta el 2006 tenían que ser revertidas para redistribuir las riquezas.
Esto no lo puede perdonar el imperialismo ni sus buenos hijos en la nación suramericana, quienes bailan al compás de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que trata de suplir con otros medios la expulsión de una de sus principales vehículos de conspiración: la USAID, un ente norteamericano que disfraza su objetivo conspirador bajo un falso espíritu de cooperación en el desarrollo.
Así estimuló con $ a la dirigencia de la COB en cuanto a la realización de huelgas, paros, manifestaciones de protesta y de apoyo, marchas, tomas de carreteras y de tierras por indígenas pobres.
Las cuantiosas pérdidas millonarias en el sector minero en la más reciente acción de este tipo, ha sido el mejor premio para quienes sustentan ambiciosos planes desestabilizadores, que pasan por la secesión de varios departamentos, con el fin de facilitarle a las transnacionales la explotación de los recursos naturales.
Tal es así que, a pesar de que fue derrotado en su momento el proyecto secesionista de la oligarquía de Santa Cruz de la Sierra, parte del plan de la CIA para lograr la desintegración nacional, este cobró un nuevo auge a partir de marzo último y está relacionado con las actividades de corruptos dirigentes obreros, ya denunciado hace dos años en el documento “Bolivia: la Conjura oligárquica”, distribuido por la Red Voltaire y Rebelión, que dice en una de sus partes:
“… entre las 44 competencias que pretenden arrogarse los gobernantes cruceños, destacan la administración de los recursos naturales, el manejo fiscal, el reparto agrario, el control del transporte carretero, ferrocarrilero, aéreo y fluvial; el mando de telecomunicaciones y hasta la vigilancia aérea mediante radares, así como la salvaguarda del orden público, que en el orden constitucional boliviano corresponde al gobierno central”.
Como ven, toda una conspiración no exenta de racismo contra el gobierno de Evo Morales, cuya labor se traduce en miles de bolivianos atendidos de la vista por la Operación Milagro, nuevos hospitales y una campaña de alfabetización que en menos de 30 meses acabó con la ignorancia absoluta en el Altiplano.
Evo, un indio, electo, reelecto por una mayoría indígena sobre una minoría pudiente, dio el verdadero poder a todo el pueblo, logró el apoyo de todos los integrantes de la Unión de Repúblicas Suramericanas (UNASUR) y fustigado a las naciones que no quieren cumplir o no forman parte de los acuerdos para evitar el deterioro medioambiental.
La continuidad de su mandato sería la tercera taza del caldo que no quieren los enemigos del pueblo boliviano.

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