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Lírica de la epopeya

1 de enero de 2019

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A lo largo de la historia de la humanidad, los grandes acontecimientos han inspirado a creadores de las más diversas manifestaciones del arte y la literatura.
Pinturas, esculturas, novelas, poemas, canciones, fueron ofrendados – desde la antigüedad – a ídolos y batallas célebres.
El triunfo de la insurrección popular en Cuba, el primero de enero de 1959, estremeció sensibilidades en la Isla y en los más recónditos parajes de la geografía universal. Las hazañas del Ejército Rebelde y sus legendarios jefes motivaron el nacimiento de obras conmovedoras e imperecederas.
Las radicales medidas liberadoras de la naciente Revolución provocaban admiración en lo más valioso del mundo intelectual.
En breve panorámica, rememoramos versos de poetas cubanos y foráneos germinados en medio de la impronta transformadora que devino aliento y paradigma para todos los tiempos.

Entre infinidad de obras, resulta emblemático este poema de Jesús Orta Ruíz, “El Indio Naborí”:

 

Marcha Triunfal del Ejército Rebelde
¡Primero de Enero!
Luminosamente surge la mañana.
¡Las sombras se han ido! Fulgura el lucero
de la redimida bandera cubana.
El aire se llena de alegres clamores.
Se cruzan las almas saludos y besos,
y en todas las tumbas de nobles caídos
revientan las flores y cantan los huesos.
Pasa un jubiloso ciclón de banderas
y de brazaletes de azabache y grana.
Mueve el entusiasmo balcones y aceras,
grita desde el marco de cada ventana.
A la luz del día se abren las prisiones
y se abren los brazos, se abre la alegría
como rosa roja en los corazones
de madres enfermas de melancolía.
Jóvenes barbudos, rebeldes diamantes
con trajes olivo bajan de las lomas,
y por su dulzura los héroes triunfantes
parecen armadas y bravas palomas.
Vienen vencedores del hambre, la bala y el frío
por el ojo alerta del campesinado
y el amparo abierto de cada bohío.
Vienen con un triunfo de fusil y arado.
Vienen con sonrisa de hermano y amigo.
Vienen con fragancia de vida rural.
Vienen con las armas que al ciego enemigo
quitó el ideal.
Vienen con el ansia del pueblo encendido.
Vienen con el aire y el amanecer
y, sencillamente, como el que ha cumplido
un simple deber.
No importa el insecto, no importa la espina,
la sed consolada con parra del monte,
el viento, la lluvia, la mano asesina
siempre amenazando en el horizonte.
¡Solo importa Cuba! Solo importa el sueño
de cambiar la suerte.
¡Oh, nuevo soldado que no arruga el ceño
ni viene asombrado de tutear la muerte!
Los niños lo miran pasar aguerrido
y piensan, crecidos por la admiración,
que ven a un rey mago, rejuvenecido,
y con cinco días de anticipación.
Pasa fulgurante Camilo Cienfuegos.
Alumbran su rostro cien fuegos de gloria.
Pasan capitanes, curtidos labriegos
que vienen de arar en la Historia.
Pasan las Marianas sin otras coronas
que sus sacrificios; cubanas marciales,
gardenias que un día se hicieron leonas
al beso de doña Mariana Grajales.
Con los invasores, pasa el Che Guevara,
Alma de los Andes que trepó el Turquino,
San Martín quemante sobre Santa Clara,
Maceo del Plata, Gómez argentino.
Ya entre los mambises del bravío Oriente,
Sobre un mar de pueblo, resplandece un astro,
ya vemos… ya vemos la cálida frente,
el brazo pujante, la dulce sonrisa de Castro.
Lo siguen radiantes Almeida y Raúl,
Y aplauden el paso del Héroe ciudades quemadas,
ciudades heridas, que serán curadas
y tendrán un cielo sereno y azul.
¡Fidel, fidelísimo retoño martiano!,
asombro de América, titán de la hazaña,
que desde las cumbres quemó las espinas del llano,
y ahora riega orquídeas, flores de montaña.
Y esto que las hieles se volvieran miel,
se llama…
¡Fidel!
Y esto que la ortiga se hiciera clavel,
se llama…
¡Fidel!
Y esto que mi Patria no sea un sombrío cuartel,
se llama…
¡Fidel!
y esto que la bestia fuera derrotada por el bien del hombre,
y esto que la sombra se volviera luz,
esto tiene un nombre, solo tiene un nombre…
¡Fidel Castro Ruz

 

 

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Roberto Fernández Retamar, poeta y ensayista, Presidente de Casa de las Américas, escribió estos sentidos versos cuando la Revolución en el poder daba apenas sus primeros pasos emancipadores:

 

Revolución nuestra, Amor nuestro

 

El primer año, después del deslumbramiento y la certidumbre de la patria,
Ya sabíamos que los fuegos apagados en la Sierra
Volverían a encenderse, para que la isla se conservara
Como la habíamos soñado, como la habíamos conquistado.
El segundo año nos encontró con las armas en la mano, felices
De poder compartir el riesgo y la gloria
Que conocieran apenas ayer los hombres mejores,
Los de la barba y la esperanza en medio de la noche oscura.
Al tercer año estábamos enriquecidos con una gran victoria
Y llenos de más letras, más armas y más decisiones.
En el cuarto año, Revolución nuestra, amor nuestro,
Ya hemos muerto y renacido muchas veces,
Y ya sabemos del todo que eres inmortal, que eres hermosa y dura
Como los astros. Mejor aún: como el pueblo
Que te ha ido haciendo y que tú has ido haciendo,
Revolución nuestra, amor nuestro.

 

Poeta y periodista de fecunda trayectoria, ya fallecido, Luis Suardíaz creó esta antológica obra:

 

Los Héroes
Unos están por arriba de los hechos
E instrumentan la historia. Otros
Acometen acompasadamente los múltiples
Oficios y hacen la humanidad, la masa
Que nunca irá delante de lo ya expresado
Y sin la cual nada sería posible.
Ante las disyuntivas memorables,
El héroe desabotona su camisa en público
Y toma, directamente, el toro por los cuernos.
Como la esposa que distribuye el orden doméstico,
Él suma los engranajes de una época y bebe su agua
O duerme (únicamente lo necesario) o se pone a pensar
En los amigos de mucho antes, por ahora
Fatigados entre la muchedumbre.
Con cuántos de nosotros están hechos
Estos desapacibles, estos desemejantes.
Creo que fueron siempre inmortales;
Pero no como los dioses de la mitología,
Sino porque no se anticiparon a sí propios,
Sino porque anduvieron al ritmo de sus vidas,
Hasta moldear todo ese mundo
Que les cupo en las manos.

 

 

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Prestigiosos poetas latinoamericanos, al influjo de la Revolución Cubana, tributaron su obra a los héroes y al pueblo de la Mayor de las Antillas, principal protagonista de una hazaña que marcó para siempre el destino de Nuestra América.
Un ilustre uruguayo, Mario Benedetti, narraba así el efecto producido en él por aquellos épicos eventos:

 

“El año 59 fue decisivo, no sólo para mí, creo que también para todos los latinoamericanos; no sólo para la gente de izquierda, sino también para la gente de derecha. Algo aconteció en ese año que cambió la relación de fuerzas, los puntos de vista, las actitudes humanas, y fue la Revolución Cubana. En un país como el nuestro, que había estado tan de espaldas a América, mirando a Europa especialmente, más que a Estados Unidos, ese acontecimiento fue un sacudón decisivo y, en relación hasta más dramático, que en otros países de América Latina. Significó un serio tirón de orejas para nosotros, los intelectuales, que estábamos muy encandilados con lo europeo. Para mí fundamentalmente representó la necesidad de ponerme al día conmigo mismo, y en ese sentido hubo toda una etapa de autoanálisis y de autocrítica con respecto a las actitudes que había tenido hasta ese momento. La Revolución Cubana me sirvió también para comunicarme con mi país, para ver de manera distinta el Uruguay…”

 

En 1966, cuando viaja a La Habana para integrar el jurado del Premio Casa de las Américas, de sus vivencias y sentimientos brotan estos versos:

 

Al final uno parte
con sus ojos de buey
con sus dedos de frente
o con sus pies de plomo
todo eso y además
con amigos de pan
de madera
de tierra
uno parte
y es otro
dispuesto a no olvidar
a contar hasta tres
a no decir empero
todo eso y además
con el adiós más arduo
y el corazón más nuevo.

 

Al más universal de los cubanos, José Martí, también ofrendó Benedetti hermosos y emotivos versos:

 

Tu nombre es como el crisol
donde se funde la hazaña
tu nombre es como la caña
que endulza con lluvia y sol
…José Martí pregonero
no moriste en tu pregón
tus versos viven y son
pregones de un pueblo entero
tu isla exporta el verano
y hay flamboyán y justicia
la buena tierra nutricia
da frutos para el cubano.
tan sobrio y tan desbordante
tan bueno y tan orgulloso
tan firme y tan generoso
tan pequeño y tan gigante
tan profundamente isleño
tan claramente cubano
tan latinoamericano
en tu suelo y en tu sueño
siempre nos tienes despiertos
con tu constante mirada
con tu suerte despejada
y tu fe de ojos abiertos.

 

 

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Nicolás Guillén, nuestro Poeta Nacional, escribió un magistral poema en el cual rinde reverencia a los hacedores de la Revolución Cubana. De esta pieza lírica, tomamos solo un fragmento:

 

 

Canta el sinsonte en el Turquino

 

“… Es temprano; por eso tengo que trabajar. Es ya tarde; por eso comienza a amanecer. Va entre piedras el río… —Buenos días, Fidel. Buenos días, bandera; buenos días, escudo. Palma, enterrada flecha, buenos días. Buenos días, perfil de medalla, violento barbudo de bronce, vengativo machete en la diestra. Buenos días, mis manos, mi cuchara, mi sopa, mi taller y mi casa y mi sueño; buenos días, mi arroz, mi maíz, mis zapatos, mi ropa; buenos días, mi campo y mi libro
y mi sol y mi sangre sin dueño. Buenos días, mi patria de domingo vestida; buenos días, señor y señora; buenos días, montuno en el monte naciendo a la vida; buenos días, muchacho en la calle cantando y ardiendo en la aurora. Obrero en armas, buenos días. Buenos días, fusil. Buenos días, tractor. Azúcar, buenos días. Poetas, buenos días. Desfiles, buenos días. Consignas, buenos días. Buenos días, altas muchachas como castas cañas. Canciones, estandartes, buenos días. Buenos días, oh tierra de mis venas, apretada mazorca de puños, cascabel de victoria… El campo huele a lluvia Reciente. Una cabeza negra y una cabeza rubia juntas van por el mismo camino, coronadas por un mismo fraterno laurel. El aire es verde. Canta el sinsonte en el Turquino… —Buenos días, Fidel.

 

 

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Otro ilustre latinoamericano, el chileno Pablo Neruda, manifestaba a los cuatro vientos el orgullo de ser autor de Canción de Gesta, el primer libro de poemas dedicado íntegramente a la Revolución Cubana. En 1960 lo trajo a Cuba. En la Plaza de la Revolución, ante una multitudinaria concentración popular, leyó entonces su canto “A Fidel Castro”.
En su oda “Cuba aparece”, el Premio Nobel de Literatura 1971 expresa su confianza en la senda victoriosa de la Revolución de enero de 1959:

 

“… Pero cuando torturas y tinieblas / parecen apagar el aire libre / y no se ve la espuma de las olas / sino la sangre sobre los arrecifes, / surge la mano de Fidel y en ella / Cuba, la rosa limpia del Caribe. / Y así demuestra con su luz la Historia / que el hombre modifica lo que existe / y si lleva al combate la pureza / se abre en su honor la primavera insigne…
… todo cae en el polvo de los muertos / cuando el pueblo establece sus violines / y mirando de frente corta y canta, / corta el odio de sombras y mastines, / canta y levanta estrellas con su canto / y corta las tinieblas con fusiles. / Y así surgió Fidel cortando sombras / para que amanecieran los jazmines.”

Al comenzar el año 2004, Antonio Guerrero, uno de nuestros cinco dignos héroes, hacía llegar a su pueblo los siguientes versos:

 

A la Revolución Cubana
Revolución que llevas
en tus viriles venas
la redentora sangre
del mambí y la estrella,
sangre de tus palmeras,
sangre de tus montañas,
la dulce sangre buena
de toda la esperanza.
Revolución que andas
indeteniblemente,
marchas, tan poderosa
como un río crecido,
con tu raudal de ideas
precisas, verdaderas,
afrontando la afrenta.
Eres la voz visible
de millones de seres.
Eres la luz que guía,
la imbatible trinchera,
el sueño hecho presencia.
Eres un corazón
solidario y de paz.
¡Feliz Aniversario
Revolución eterna!

 

1959,--Fidel--saluda--al--pueblo--a--su--ingrso--a--la--ciudad

 

Un reconocido poeta y ensayista cubano, Ángel Augier, también lamentablemente desaparecido físicamente, cantó a la invencibilidad de la Revolución “de los humildes, por los humildes y para los humildes”. En diciembre de 2006, Augier construyó este poema:

 

Defensa de la nación
Sufre el imperio criminal un sueño,
que padece aún más cuando delira:
robarle a Cuba el aire que respira
e imponerle al águila por dueño.
Más vale que abandone tal empeño,
pues si fuera verdad y no mentira,
Cuba se convirtiera en una pira
por reducir cada invasor a leño.
El fuego sirve a Cuba en su destino
de fundir vida nueva en el camino
del ser humano que trabaja y crea,
y prefiere cumplir cada mañana
esa función de dignidad humana
de ennoblecer con su función la idea.

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