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Premier mundial del drama Tristán e Isolda, de Ricardo Wagner

29 de marzo de 2013

En junio de 1854, el compositor alemán Ricardo Wagner escribió a su colega Franz Liszt, comunicándole lo siguiente: “Como que nunca he gozado verdaderamente la dicha del amor, quiero levantar un monumento a este sueño, que es el más hermoso de todos, para poder satisfacer este amor plenamente. Tengo pensado un “Tristán e Isolda”, cuya concepción musical es muy sencilla, pero intensamente vibrante”.
Se trata de la quintaesencia del estilo maduro del compositor alemán, para quien la función de la música consistía en servir a los fines de la expresión dramática, por lo que cada obra suya o drama musical, como ha preferido llamársele, llevaba en sí un fundamento ético y una realización diferente, al extremo de que su obra total puede contemplarse como un ciclo evolutivo que respondiera a un definido plan ideológico.
Para su nueva obra, Wagner se inspiró en un poema francés, escrito en el siglo XI, sobre la vieja leyenda celta que trata del amor fatal y enajenante entre el caballero Tristán y la princesa Isolda.

Como se sabe, Wagner escribió también el libreto de Tristán en el verano de 1857, y ya en diciembre de ese mismo año había terminado el esbozo completo de la ópera. Pero su redacción definitiva fue el fruto de un lento trabajo que tardó tres años, y culminó en Lucerna, en agosto de 1859. No obstante, y al igual que en muchas otras de sus óperas, el estreno tuvo que esperar hasta 1865, por las numerosas dificultades que planteaba su representación.

Toda la ópera está basada en una larga serie de motivos, cada uno de los cuales representa simbólicamente un aspecto del drama. Así hay diseños que representan sentimientos como el deseo de amor, la mirada entre los amantes, la confesión de amor o la muerte.

En Tristán e Isolda, obra que constituye, sin dudas, la quintaesencia del estilo maduro del compositor alemán, toda la estructura del drama está subordinada al flujo de la inspiración, en una sucesión ininterrumpida de intensidades emotivas que logran enmascarar su rigurosa elaboración técnica.

Y aún cuando nos cueste trabajo creer que una obra como el Tristán wagneriano haya tenido numerosas dificultades para su representación, recuerden que la misma fue terminada por el compositor en 1859 y que tuvo que esperar seis largos años hasta su estreno definitivo, ocurrido en Munich, en 1865, UN DIA COMO HOY.