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Tomás Piard: “No me interesa hacer películas populares”

22 de julio de 2015

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Por: Angel Marqués Dolz

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Tomás Piard

Jesús Díaz fue el pionero con “Lejanía”. Luego los demás: Solás, “Miel para Ochún”; Pastor Vega, “Vidas paralelas”; Esteban Insausti, “Larga distancia”; Alejandro Brugués, “Personal Belongings”;Juan Carlos Cremata, “Nada”; Lester Hamlet “Casa vieja”. El último de la lista es Tomás Piard con “La ciudad”.
La pregunta cae por su propio peso. ¿Es la emigración un tópico en la cinematografía nacional? Sí, obvio, “pero no es un tema trillado”, riposta Piard y de inmediato salva la paradoja: “El problema es cómo se trata”.
“Todo el mundo ha sido tocado por un familiar o un amigo que se fue y en esa historia de décadas todos los personajes de mi película tienen que ver con todos los cubanos”, asegura Piard del otro lado de la línea telefónica cuando conversa con Habana Radio digital.
Dando una voltereta a su rebuscado estilo de hacer cine, Piard (La Habana, 1948), regresa a la gran pantalla con una sencillez visual desacostumbrada, al menos luego de “Los desastres de la guerra”, 2012, el filme con que el director plasmó sus más repensadas visiones apocalípticas, que le obsesionan desde la adolescencia.

la ciudad 01 (Small)Su primer filme, de 1966, “Crónica del día agonizante”, hecho de manera artesanal con sus compinches de bachillerato, ya se adentraba en el destino de cuatro personajes durante el último día de la vida en la Tierra.
“La ciudad”, con libreto del propio cineasta, se acoge a una estructura -tres cuentos interconectados cuya trama sucede en poco más de veinticuatro horas- que no concede muchas oportunidades a la experimentación narrativa, aunque sí traza una geometría factual. “Los tres relatos tienen un punto de encuentro, donde se cruzan”, explica.
Por el título del filme, se infiere que la ciudad compite en protagonismo. “Es la ciudad que yo tengo adentro”, aclara Piard, quien dice estar “cansado” del tratamiento gráfico dispensado a La Habana por buena parte del cine nacional de las últimas décadas. “Yo estoy muy orgulloso de vivir en esta ciudad”, cuya congelada modernidad, que despuntaba furiosa a fines de los cincuenta, permitió una urbe que se desmarca del resto de las capitales latinoamericanas, “de grandes torres, impersonales totalmente”, para conservar una intimidad fastuosa y a la vez apocada, que el tiempo, la desidia y la falta de recursos no dejan de vilipendiar.
Ante la determinación de Piard de retratar una ciudad, la suya, aún elegante y cautivadora pese a los desmanes, la película encuadra paisajes consagrados y rutilantes, que algunos llaman con la palabra de moda, icónicos, bajo las órdenes del cinefotógrafo Raúl Rodríguez, “con el cual tengo una entrañable amistad y mucha comunicación desde el punto de vista profesional. Él me pidió y yo le di la absoluta libertad de hacer tres tratamientos fotográficos diferentes en cada relato y creo que realmente logró sus objetivos”, dice un Piard complacido.

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Fotograma de “La ciudad”

Para el elenco de “La ciudad” reunió a viejos amigos y conocidos: “En el caso de las mujeres yo había trabajado con las tres actrices: Luis María Jiménez, Dania Splinter y Herminia Sánchez”. Esta última, “un monumento entre las actrices cubanas”, tiene 91 años, “pero está como el primer día”. “Para las tres fue un placer hacer esta película y estoy muy satisfecho del trabajo de ellas”, resume el director.
En la zona masculina del staff, Piard fichó a Patricio Wood, a quien conoce desde los setenta por la filiación de ambos al cineclubismo; Héctor Echemendía, “otro gran actor”, y a Omar Alí, con quien “hace tiempo quería trabajar”, y a quien en principio apreció en “La avería”, un teleteatro de Alejandro Gil, en el que Alí, “un actor que se está desperdiciando”, muestra sus dotes profesionales.
El trabajo de los actores parece haber calado. “He visto a la gente llorando y eso quiere decir que los tocó”, desliza este realizador, cuyo trabajo fílmico en Galicia, en los años noventa, tropezó con no pocas maniobras de censura, como, por ejemplo, su cinta “Dies irae”, la cual, pese a sus premios, nunca se estrenó por la televisión española.
Graduado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana, Piard se considera alguien que está de regreso de todo. Sus experiencias laborales van desde la refrigeración y el diseño interior de cafeterías, hasta la recogida de tabaco y el inventario de las pertenencias de José Lezama Lima, y como si no bastara, es zapador, lo cual, en términos metafóricos, lo coloca siempre en el vértice del riesgo, ante todo estético.
“Tengo una manera de ver el cine, que a una gran mayoría de los cubanos le parecerá rara, pero pienso -delimita Piard- que soy cubano por los cuatro costados”. Y para que conste, narra a este portal su experiencia europea, cuando filmó “El bosque”, un guion inédito de Andrei Tarkovsky, “para mí el director más grande e importante que ha tenido el cine”. Pese a su admiración por el artista ruso, cuya cimera jerarquización comparte con Bergman, Kurosawa y Rosellini, confiesa Piard que aquella película de once minutos “no me tocó nunca, emocionalmente hablando. Aquello para mí era ajeno, no pertenecía a mi cultura, y ahí me dije: tengo que volver para Cuba y creo que quizá mis mejores películas les he hecho después que regresé”.

Fotograma de “La ciudad”

Fotograma de “La ciudad”

Con más de cincuenta obras, cortos de ficción en su mayoría, Tomás Piard se propuso el cine como derrotero existencial a partir de “Ecos”, una película filmada en 16 mm con el respaldo de varios organismos estatales y que llamó la atención del jurado del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de 1988, entre ellos el argentino Eliseo Subiela.
Las prestaciones del mundo digital, que para muchos ha permitido la democratización del séptimo arte, no convencen del todo a Piard. “Desgraciadamente, la gente cree que con una camarita de cuatro kilos puede hacer una película, y para mí, en muchos aspectos, eso no es cine”, responde cuando se le pregunta sobre las nuevas tecnologías y el cine de emergencia en manos inexpertas.
“Como Tarkovsky, creo que el cine es una de las artes que más puede trasmitir la espiritualidad humana, las cosas que no se ven, porque son cosas que se sienten y que uno a veces no puede definirlas claramente, porque la emoción no tiene forma, y yo tengo tendencia de hacer lo que para la mayoría del público son películas raras”, insiste Piard, en una declaración de principios que lo pone al margen de las modas y de lo que fue el mainstream del cine doméstico hasta hace unos años.
“No me interesa hacer películas populares”, zanja, y con Lezama Lima como “uno de sus ángeles guardianes”, se lamenta de que “las mejores tradiciones de lo cubano se hayan desviado hacia lo populachero. Creo que «La ciudad», por causas divinas, es una película que toca al alma de los cubanos que se sienten en una luneta a verla”. Fin.

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