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Saber actuar como Enrique Molina

31 de octubre de 2013

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Este miércoles 30 de octubre, la Sala Rubén Martínez Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, reunió de manera muy especial a diversas actrices y actores de la televisión y el cine cubanos, músicos, pintores… El motivo más que justificado: celebrar el cumpleaños 70 de Enrique Molina.

Silvestre Cañizo

Admirado por los personajes que en 50 años le ha dado vida, Molina o el “Silvestre Cañizo” de la  telenovela Tierra Brava, gana, por muchísimas razones, el respeto de su gente. No se trata de una oda repetida ni calculada. Las actuaciones de Molina demuestran cómo la naturalidad es uno de los ejes fundamentales de quienes se encargan de la representación escénica. Llegar al público con “nitidez”, de eso se trata, y Enrique Molina, con su “manual”, lo sabe perfectamente.
Verlo en una película significa para el público -y de eso casi todos somos testigos- sinónimo de que la cinta es atractiva. Son pocos los que se resisten a reír con algunos de sus bocadillos. Molina no es un humorista tal cual conocemos, pero su estilo- quizás su entonación, los gestos o hasta la manera en que dice las “malas palabras” – causan risa. A Molina -en el cine o la TV- se le puede aborrecer, querer y también nos puede sensibilizar. Recuérdese cualquier escena de sus tantas películas y comprobará esto.
Ahora Enrique Molina es Artista Emérito de la Uneac, distinción entregada por el escritor y etnólogo Miguel Barnet en medio de aplausos y felicitaciones de sus amigos, “los amigos de Molina”.
Uno de los mejores regalos, entre tantos, fue la presentación del pianista y compositor Frank Fernández con dos piezas que formaron parte de la banda sonora de Tierra Brava.

Enrique Molina en la película "El Benny"

Todos coinciden en que usted es una academia de la actuación, otros lo quieren por la naturalidad con que interpreta sus personajes. Pero, ¿qué otra cosa le hace feliz después de la actuación?
– Poder caminar por las calles y encontrarme con el público televidente y esa muestra de cariño y amor que da la gente, agradeciendo el trabajo que realizamos,  es algo recíproco. Yo a ellos les retribuyo su amor.
Sirvieron, entonces, todas las vicisitudes encontradas en el camino…
-Sí, creo que valió la pena para llegar al final con 50 años de trabajo y mira tú que felicidad tan grande estar aquí, en la Uneac, con tantos amigos. Tener la satisfacción de tener a un Frank Fernández que haya venido con su piano a tocarme dos piezas… eso es un “regalazo”. Me siento feliz y emocionado, esa es la realidad.

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