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Retorna la majestuosidad al Capitolio Nacional

15 de noviembre de 2019

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 Por Teresa de Jesús Torres Espinosa

 

 

“El Capitolio es de innegable belleza, serena y majestuosa, de líneas pura y severamente clásicas, de proporciones admirables donde contrasta la horizontalidad de las fachadas con la elegante esbeltez de la cúpula”
Dr. Emilio Roig de Leuchsenring

 

 

Como el ave fénix ha renacido el Capitolio Nacional, sin duda alguna, el más imponente edificio de la capital cubana, cuya linterna se ilumina hoy como un centellador, un rayo de luz que se distingue desde diversos puntos de la capital cubana.

 

Un poco de historia

En el sitio que hoy ocupa el Capitolio Nacional estuvo durante la etapa de la colonia el Jardín Botánico de La Habana y la Estación Ferroviaria de Villanueva.

En estos terrenos comienza en 1911 la construcción del Palacio Presidencial, concebido por los Arq. Eugenio Rayneri Sorrenti y Eugenio Rayneri y Piedra; luego se detienen las obras en 1913 por el Presidente Menocal, pues se había decidido construir en la Quinta de los Molinos dicho palacio y en estos terrenos un edificio para el poder Legislativo del país. Las modificaciones al proyecto la realizaron los Arq. Mario Romañach y Felix Cabarrocas, que consistía en añadir los hemiciclos y modificar la cúpula.Los trabajos se reanudaron en 1917 y paralizaron nuevamente en 1920 por la crisis de la I Guerra Mundial.

De manera oficial, las obras del actual inmueble se iniciaron el primero de abril de 1926 y finalizaron el 20 de mayo de 1929. Hubo que demoler todo lo anteriormente construido por el deterioro que presentaba, incluso la cimentación no fue utilizada ya que no se adaptaba al nuevo proyecto.  El doctor Carlos Miguel de Céspedes, secretario de Obras Públicas, encargó a los Arq. Cubanos Evelio Govantes y Cabarrocas, el nuevo proyecto del Capitolio, se le solicitó al célebre Arq., el francésJ. T. Forestier, que proyectara los jardines del Capitolio y el Paseo del Prado.

La obra se le adjudicó a la casa Purdy and Henderson Co. El Director Técnico de los trabajos fue el Arq. Eugenio Rayneri y Piedra; y el Director Artístico, el Arq. Raúl Otero.

Desde noviembre de 2016 la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento cubano) se trasladó para el ala norte del Capitolio Nacional y ya en estos momentos ocupa sus oficinas en el tercero y cuarto niveles del imponente inmueble. El majestuoso recinto fue declarado Monumento Nacional en noviembre del 2010.

 

Una obra muy compleja

El Capitolio Nacional se le entrega a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana (OHCH) en 2010. “Nos encontramos un edificio con muchos problemas, fundamentalmente una cubierta y patios interiores muy deteriorados que ocasionaron, a su vez, las filtraciones, daños estructurales en los entresuelos del tercer y cuarto niveles. Comenzamos creando las facilidades temporales dentro y fuera del inmueble, importando y montando andamios multidireccionales que nos permitieran diagnosticar y evaluar los trabajos a realizar en la cúpula y la fachada. Ello marcó como inicios de la obra, el mes de enero de 2013”, nos explicó la Ingeniera Mariela Mulet Hernández, jefa del departamento Inversionista Prado.

“Muy compleja ha sido la restauración en el edificio porque tuvimos que irlo ejecutando todo a la vez. El grupo de diagnóstico de la Empresa de Proyectos de Arquitectura y Urbanismo, RESTAURA, evaluó cada elemento, losas de hormigón, estructuras de acero…; en fin, todo el estado de conservación en general. A la vez, se fueron ejecutando los proyectos(una vez se tuvieron definiciones en cuanto al uso del edificio), importaron materiales de restauración y comenzaron a ejecutar los trabajo. A pesar de que se recuperaron gran parte de los proyectos originales, no se contaban con su totalidad, por lo que, sobre todo para la rehabilitación de los sistemas, resultó extremadamente complicado pues no se conocía el recorrido ni el estado de estos y, para no dañar paredes, techos y pisos, fue imprescindible realizar inspecciones con cámaras de video a las tuberías con el empleo de equipos de ultrasonidos, desalambrar cada red eléctrica y de corrientes débiles e ir reflejando su trazado para ir conformando los proyectos por especialidad.

“Fue así que pudimos restaurar puntualmente o sustituir, si era necesario, las redes pluviales, sanitarias y eléctricas. Levantamos cuidadosamente los pisos de mármol con diseños únicos, para poder colocar los sistemas eléctricos de las enormes torcheras de bronce que, en muchos casos, tenían los cables expuestos o se encontraban sin electricidad, y luego ubicamos cada pieza de mármol en su sitio exacto. En el caso de todos los bajantes pluviales de la cúpula, fue necesario inyectar resinas epóxicas y crear tuberías de PVC dentro de las originales de hierro fundido, pues eran las más deterioradas, lo cual hacía que filtrasen las aguas de lluvias hacia dentro de todo la edificación, y ocasionase los daños tan importantes que existían. Se demolieron losas de hormigón de entresuelos, que estaban muy dañadas; a otras hubo que realizarles un reforzamiento estructural bastante importante, como fue la Logia Sur”, indicó la especialista.

 

También, como parte de la rehabilitación del edificio, fue preciso efectuar estudios pictográficos para determinar los colores originales de los techos casetonados y devolverles su diseño original, enchaparlos nuevamente en oro o recuperar su hermosa policromía, pero antes se tenía que acceder por encima de ellos para restaurar los entresuelos dañados y las estructuras soporte de madera, así como sustituir o añadir nuevas instalaciones. Para ello se realizaron falsas obras, muchas veces más complejas que las restauraciones en sí, por los puntales tan altos que posee el inmueble y los espacios extremadamente pequeños en los que debían estar los restauradores para poder ejecutar a toda costa el perfecto trabajo (todos conscientes de que hay que hacerlo bien, para que sea duradero). Así se fue avanzando, pero, muchas veces, se encontraban sorpresas, pues cada espacio debía intervenirse de manera diferente al anterior. Unos estaban más afectados y otros menos, pero todos se beneficiaron con la rehabilitación y se les devolvió su fisonomía original.

En las áreas exteriores del Capitolio se demolió todo el pavimento, pues el 80 % estaba dañado, por lo que se volvió a ejecutar el terrazo integral exacto al original, lo cual permitió sustituir y añadir todas las redes necesarias para los sistemas. En cuanto a los trabajos en la cúpula pueden clasificarse como los más complejos por la altura en que se realizaron. La linterna se demolió, asimismo, en su totalidad y reprodujo como era originalmente.  Los técnicos cubanos asumieron  el trabajo de hormigón y los rusos el enchape de cobre y el dorado; estos últimos también laboraron con minuciosidad en la Estatua de La República. Ellos lo donaron todo: importaron los materiales, el equipamiento, el oro e, incluso, trajeron la mano de obra. “El trabajo de la restauración con los colaboradores rusos resultó una experiencia enriquecedora para ambas partes”, subrayó Mariela.

En relación con el mobiliario original, este se restauró absolutamente todo con los materiales adecuados, y se le devolvió el cuero o la piel a cada mueble. Las luminarias y elementos decorativos de bronce fueron todo un reto, pues muchos estaban incompletos y, en algunos casos, tuvimos que auxiliarnos del libro del Capitolio, para poder hacer los elementos faltantes. Especialistas italianos restauraron  los dos grupos escultóricos que escoltan la parte superior de la escalinata.

 

Un reto con regocijo

“Para la Oficina y para todos los que hemos trabajado en la primera restauración capital realizada al Capitolio Nacional ha sido todo un reto, por la extrema complejidad de la obra. Considero, además, que esta ha marcado un hito en la rehabilitación en Cuba, nos regocija saber que será la obra más importante que obsequiaremos a nuestra Habana por su medio milenio de vida”, aseveró Mulet Hernández.

La Federación rusa donó al Capitolio Nacional una bandera que permanecerá para siempre en la Cripta del Mambí Desconocido junto a otras del mundo, y una tarja, la cual se instaló en el patio central del inmueble, en reconocimiento a los trabajadores rusos que colaboraron para devolverle el esplendor al edificio. El acto de entrega se efectuó durante la visita oficial a La Habana, que realizara a principios del pasado mes de octubre, el Primer Ministro ruso, Excmo. Sr. Dmitri Medvedev, quien afirmó que la participación de técnicos de su país en la restauración y el dorado de la cúpula y la Estatua de La República constituye “una muestra más de la amistad verdadera entre nuestros pueblos”.

 

(Tomado de Habana Cultural)

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