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Pepe Linares, una impronta para aprovechar y continuar

7 de julio de 2021

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Este martes falleció el arquitecto, museógrafo, profesor y presidente de ICOM Cuba, Dr. Arq. José Linares Ferrera. En varias ocasiones tuvimos el privilegio de contar con su presencia en Ciudad Viva para hablar de museografía, patrimonio o arquitectura.
La Habana le debe proyectos innovadores como el Museo Nacional de Bellas Artes, el Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, el Oratorio San Felipe Neri, el Memorial José Martí, entre otros tantos que han sido reveladores para su tiempo.
Hace apenas unos días tuvimos la oportunidad de conversar con Pepe en su casa, ya con su salud muy deteriorada pero su mente lúcida y aportadora como siempre. Estas declaraciones sirvan como homenaje póstumo.

 

Pepe, en la década del sesenta se hace arquitecto, y museógrafo. ¿Qué oportunidades de trabajo le trajo esta profesión?

 

Inmediatamente a mi graduación en 1964, salí becado a Praga, a estudiar en la Escuela de Bellas Artes, porque la arquitectura aquí es tecnológica. Ese era un nivel superior en la formación arquitectónica. Ahí me especialicé en Conservación, preservación e instalación de exposiciones en museos. Regresé en el ´67; ya yo estaba trabajando en la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural (ahora Consejo Nacional de Patrimonio Cultural), y allí estuve hasta la década del ´90, cuando fui a trabajar en la Oficina del Historiador con Eusebio Leal.

 

Y cuando regresa de sus estudios europeos, ¿cuál era el panorama de la museología y la museografía en Cuba, y cuánto pudo desplegar de lo que había aprendido en el contexto cultural de aquel entonces?

 

No fue fácil, porque la museología y la museografía estaban en pañales. Y nosotros, digo nosotros, el equipo de trabajo de Patrimonio Cultural, comenzamos a desarrollar un grupo de trabajo integral, para enfocar este asunto desde una visión fundamentalmente de relación entre el discurso y el objeto. Generalmente se hacía el discurso a partir del objeto, pero para nosotros era muy importante el discurso. En los primeros museos, como el Bacardí en Santiago de Cuba, la Casa Natal de José Martí, el Museo de Arte Colonial, y el Oscar Rojas en Cárdenas, fuimos introduciendo este nuevo tipo de museografía.

 

Después de esa primera revolución en el ámbito de los museos, ¿cuánto demoró Cuba en actualizar su museografía en cuanto a la incorporación de las nuevas tecnologías y de otros recursos inmersivos?

 

Yo creo que el primer intento estuvo en el Memorial José Martí. Ahí introdujimos recursos muy elementales, pero ya con otra visión: que el público pudiera acceder a otra información por otros mecanismos. Posteriormente, en el Museo Nacional de Bellas Artes, esto se hizo mucho más amplio y tuvimos una visión mucho más holística.

 

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En el Memorial José Martí el espacio era relativamente pequeño y el tema se concentra en una sola figura, si lo comparamos con el proyecto del MNBA, que se trataba de más de un inmueble y de una vastísima colección. ¿Cuáles de los dos trabajos resulta más cómodo para el especialista?

 

Son diferentes. En Bellas Artes la obra de arte es la protagonista. A lo que fuimos fue a la organización museológica de la colección por períodos, tratando de contraponer etapas de la evolución del arte en Cuba. Y los dos inmuebles del Museo son edificios bien diferentes; uno más moderno, que había sido construido para museo, que lo que íbamos a hacer era refuncionalizarlo, hacerlo más operativo, más simple en su recorrido… En el caso del antiguo Centro Asturiano, estábamos atados a un edificio estructuralmente muy rígido, y éramos nosotros los que teníamos que adaptarnos al edificio. Ahí se optó por el criterio de restauración; devolverle el esplendor de sus espacios, y establecer un diálogo entre la exposición y su contenedor. Una coexistencia entre dos lecturas, la del inmueble y la de las colecciones, era el objetivo fundamental.

 

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Una obra muy polémica, fue el proyecto para la sede del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana. ¿Dónde radicaron sus desafíos?

 

Fue un proyecto muy conflictivo y lo sigue siendo hoy todavía. Era crear, en un lugar del cual ya no quedaba ninguna evidencia, ninguna referencia histórica, salvo la documental; tomar algunos elementos de lo que fueron sus signos arquitectónicos fundamentales, como la torre campanario, el paraninfo, el patio y los muros exteriores. Recrear, rememorar algo que hubo. Y después, interiormente, funcionalizar las aulas, las áreas de trabajo, los espacios de enseñanza. Yo creo que en alguna medida se lograron ambas cosas, y esa esquina de La Habana adquirió un relieve importante como referencia.

 

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Establecer elementos de la arquitectura contemporánea en diálogo con el entorno patrimonial, ha sido de las cuestiones más debatidas de esa obra.

 

La intervención tenía que ser contemporánea. ¿Y cómo hacerlo? Lo más interesante era reflejando el entorno en los vidrios que envuelven la caja del edificio. Cuando lo miras, ves la referencia del entorno. Hay una lectura de lo que hay y de lo que pasa allí.

 

Después de más de una década de esa restauración, ¿qué cambiaría de ese proyecto si tuviera la oportunidad de hacerlo de nuevo?

 

Eliminaría el aire acondicionado concentrado que realmente fue un problema, a pesar de que los vidrios que se utilizaron en el exterior tienen especiales condiciones térmicas de protección, pero no resolvieron el problema del calor dentro del edificio.

 

Por la entrada de la calle Mercaderes, se accede por un pórtico historicista que alude al otrora Colegio de los Dominicos. Dentro de la propia edificiación ¿cómo se dio el diálogo entre lo histórico y lo contemporáneo?

 

El pórtico fue un deseo expreso del Dr. Leal que manejamos con mucha elegancia y discreción. Igualmente el volumen espacial del paraninfo donde estaba la primitiva iglesia, logramos restituirlo abriendo hacia el patio interior y dándole una luminosidad. Yo creo que este es el espacio más logrado del Colegio San Gerónimo.

 

¿Cómo fue su diálogo de trabajo con el Historiador?

 

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Muy provechoso porque Leal era muy imaginativo. Siempre tenía nuevas ideas, siempre tenía algo que decir y algo que introducir. Así fue durante la marcha. De ahí también surge la idea de la Plaza de los Mercaderes y el rescatar un espacio urbano para los árboles. Él aportó mucho para ese proyecto, tenía ideas muy concretas.

 

A él, no obstante, a menudo se le señalaba como conservador, por sus gustos y por su fidelidad a los elementos de la historia. ¿Cómo lo vio usted?

 

Creo que para nada. Al contrario. Era un hombre siempre abierto a la invención, a nuevas ideas. Creo que Leal veía la modernidad dentro de la historicidad urbana.

 

Sobre la museografía en Cuba, ¿cree que debemos tener un pensamiento más crítico, más enfático en esta disciplina?

 

Sí, debe haberlo. Hemos evolucionado paulatinamente. Desde hace unos años eso se produce de manera puntual y están apareciendo soluciones muy interesantes. Ya no es el museo tradicional solamente, sino el museo apoyado en los nuevos medios, como lo es el Palacio del Segundo Cabo, que creo abrió un camino.

 

Muchas veces la museografía se configura desde la praxis empírica, no desde la teoría, y por profesionales de otras carreras reorientados a esta disciplina.

 

Yo creo que hay que desatar, destruir el prejuicio de que la museografía es un tema de decoradores, la museografía es un tema de espacios, por tanto de arquitectos. Es decir, la museología es una idea plasmada en un espacio, y la museografía es el resultado físico de esa idea especialmente resuelta. Hay que ir introduciendo jóvenes arquitectos y diseñadores con visiones diferentes.

 

Ahora hablemos de La Habana. ¿Cómo es La Habana que como arquitecto usted percibe y valora?

 

La Habana es una ciudad totalmente ecléctica, donde coexisten todos los estilos arquitectónicos por los que ha atravezado el país desde el siglo XVII hasta hoy. Eso no molesta para nada. Al contrario, crea una riqueza formal muy grande. Uno puede leer en esta ciudad todos los estilos arquitectónicos.

 

¿Cómo valora hacer arquitectura en Cuba, donde la construcción ha tenido imperativos muy específicos?

 

Yo creo y lo he dicho en distintos lugares públicos, que hay que darle más participación al arquitecto cubano en las soluciones que se están dando, sobre todo hoteleras y gastronómicas. No se trata de importar proyectos, y ejecutarlos en Cuba. El problema es incorporar a los arquitectos cubanos que también tienen sus ideas, que comprenden el entorno en el que están trabajando, y ese debe ser un paso importante.

 

¿Qué es lo que más le gusta de La Habana desde el punto de vista arquitectónico, urbanístico y patrimonial?

 

Lo que más me gusta es que es una ciudad que se puede andar, que se puede caminar, que no necesita el transporte vehicular. Me encantan las ciudades que pueden ser recorridas “a pie”. Eso es importante porque a pie uno descubre valores que no los percibe de otra forma. Yo creo que La Habana es una ciudad para caminar.

 

La relación de La Habana con el mar ha puesto pautas para la ciudad.

 

La relación del habanero con el mar es insoslayable. El habanero necesita la presencia permanente del mar. Si nos falta el mar, si estamos fuera del país, nos sentimos muy extraños. Yo lo sentí en Praga, que es una ciudad interior, que está junto al río, pero no es lo mismo la relación con el río que con el mar. La relación Habana – mar es determinante, no solo en la imagen de la ciudad, sino en la conducta del habanero.

 

¿Qué no le gusta de La Habana?

 

Las incersiones inadecuadas que se han hecho en muchos casos, edificios que nada tienen que ver con la ciudad ni con el contexto. Eso me molesta mucho, y, además, la espontaniedad que muchas veces se pone de manifiesto y aplasta la verdadera imagen de la ciudad.

 

Parte de su trabajo se ha desarrollado en vínculo con la Organización Internacional de Museos, ICOM. ¿Cómo valora el trabajo de los museos en Cuba desde las directrices del ICOM?

 

El ICOM es una organización internacional, pero es eurocentrista. Es decir, falta la mirada hacia los países de América Latina; las especificidades de América Latina y del Tercer Mundo. Nosotros como ICOM Cuba hemos logrado ciertas posiciones dentro del ICOM, sobre todo con el Comité ICOM LAC (para América Latina y el Caribe) donde hemos ido imponiendo ciertos criterios específicos en la relación museo-comunidad. Desde la Mesa Redonda de Chile, celebrada en 1972, los conceptos de la nueva museología incluyen las especificidades de América Latina. En esto no solo Cuba, sino Chile y México han jugado un papel importante.

 

Homenaje al Dr. Arquitecto José Ramón Linares Ferrera, donde le fue otorgado el Premio Nacional de Patrimonio Cultural por la Obra de toda la Vida.

Homenaje al Dr. Arquitecto José Ramón Linares Ferrera, donde le fue otorgado el Premio Nacional de Patrimonio Cultural por la Obra de toda la Vida.

 

¿Qué proyectos le hubiera gustado hacer o en qué faceta profesional que no haya hecho incursionar?

 

Me hubiera gustado trabajar en algunos proyectos de transformación urbana. A veces son soluciones puntuales, pero yo las veo como soluciones integrales. A veces me inquieto porque pienso que lo hubiera hecho de otra manera. Me hubiera gustado mucho trabajar la zona de Jesús María, con una arquitectura y una tradición bastante importante. Pienso también en el Vedado, el Vedado se está canivalizando, está perdiendo su alto valor identitario. Alguien dijo una vez que se está “cancunizando”, su ladera al mar se está llenando de hoteles, se está modificando totalmente su imagen.

 

¿Qué deberíamos tener en cuenta los que estamos vinculados a la restauración y gestión del patrimonio, y al desarrollo de la museología y la musegrafía en nuestro país. ¿Qué no debemos perder de vista para el futuro?

 

En primer lugar el respeto por lo hecho, por lo construido. Por qué se hizo, en qué contexto se hizo, a qué criterio respondió? Eso hay que valorarlo. Nada debe separarse de su contexto sociopolítico y cultural. Yo creo que es definitorio saber también qué es lo que vamos a hacer, cómo, por qué y para qué.

 

Cuando se menciona a Pepe Linares se reconoce un experto siempre dispuesto a aceptar la novedad y a apoyar a los jóvenes. En términos de confesión, ¿cree que ha dejado un legado?

 

Yo estoy feliz con lo que he hecho. He realizado muchas de mis ideas y concepciones. Otras no se han podido llevar a cabo, pero sí creo que he dejado una impronta. Un ejemplo para los que han venido detrás. Yo creo que nuestros equipos de trabajo del Consejo de Patrimonio y de la Oficina del Historiador, han dejado una impronta que hay que aprovechar y que continuar.

 

 

Viernes 2 de julio de 2021

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