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Omara Portuondo: “Lo que me queda por vivir será en sonrisa”

28 de octubre de 2016

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Omara no presume, solo se enorgullece de ser mulata y agradece profundamente a la vida la dicha de vivir en Cuba y la presencia de su hijo Ariel. A la intérprete de “Lo que me queda por vivir” le sobran motivos para cantar.


–Sin la guía de Esperancita Peláez, ¿cómo imagina la vida de Omara?

–No hubiera sido Omara nunca, no lo puedo imaginar. Tenía que tenerla a ella y a mi papá. Porque mis padres, los dos a la vez, eran una misma cosa. Ambos tenían un sentido humanitario. Partiendo de que mi madre era blanca y mi padre negro. Decidieron casarse por encima de todas las situaciones porque consideraban que eran seres humanos. Por eso, jamás hubiera sido nunca Omara.

D’Aida, un cuarteto inscrito para siempre en la música cubana. En el centro, abajo, Omara. Foto: Juventud Rebelde

D’Aida, un cuarteto inscrito para siempre en la música cubana. En el centro, abajo, Omara. Foto: Juventud Rebelde

–En la década del 60, muchas integrantes del cuarteto “Las D´Aida” deciden realizar una carrera en solitario; sin embargo, usted se mantiene. ¿Por qué?

Yo amaba a ese cuarteto. Elena se casó y salió, luego Moraima tuvo un pequeño disgusto y también se fue. Pero estoy segura que si ambas estuvieran vivas y les hicieras esa pregunta te responderían: nunca nos hubiésemos ido. Mi hermana Haydee también adoraba el cuarteto. Las cosas que montaba Aida, la manera en que armonizaba los números, era muy buena. Yo sigo queriendo al cuarteto.

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–A pesar de todos los problemas a los que se ha enfrentado, sigue diciendo: “no hay que perder la alegría de la vida”. ¿Mantiene esta afirmación?

¡Claro! Eso es una realidad. Todo el ser humano que no sepa esto está perdido y si tenemos música, mejor. Para vivir alegres y tener deseo de vivir, necesitamos la música. Ella es muy importante para el ser humano, para la sensibilidad. Con la música se puede hacer de todo, no en lo que tú pensaste (risas). Tiene alegría siempre.


–¿Quiere esto decir que siempre está alegre?

Yo soy un ser humano. Con la música se recuerdan cosas que no son tan alegres y claro que tengo mis momentos de tristeza, como cualquier persona. Pero soy bastante optimista o realista ¿puede ser realista? Sí, soy bastante realista.

Foto: Tomás Miña

Foto: Tomás Miña

–¿Cómo enfrenta Omara los golpes de la vida?

Tú no los prevés. Por ejemplo, los más extremos que son perder a tu mamá y a tu papá, eso es tremendo, fueron ellos quienes te crearon. Mira, cuando se murió mi madre tuve que actuar. En esa época yo trabajaba con el cuarteto de Orlando de la Rosa junto a Elena Burke que fue la que me introdujo. Esa noche hice mi presentación y no le dije nada a ninguno de ellos. Yo sabía que mi mamá tenía que fallecer, pues sufría una enfermedad tremenda. Después ellos se enteraron, pero en aquel momento no vi necesario trasmitir mi angustia al público ni a mis compañeros. Ves, hay cosas que pasan y no las prevés, y para eso hay que estar preparado, de acuerdo a tus posibilidades emocionales y de temperamento.

 


–Si en estos momentos le piden dedicar un tema a un hombre, a su hijo Ariel Jiménez, ¿cuál escogería?

(Se ríe) Bueno, hay una canción que yo canté en un festival en Alemania, en ese idioma precisamente y se llama “Duerme mi niño”. Ese tema se lo dedicaría a él. (tararea) “Duerme tú ariel/sonríe dulcemente/ y lo lindo de tu niñez me hace saber/…” Todavía se la canto a pesar de que mi hijo es grande, gordo y fuerte. Aunque él va a tener que dormirme en cualquier momento (risas). Esa posibilidad que te da la naturaleza, a ti como mujer, de tener un hijo es única. Es un momento tremendo porque la vida está ahí, pendiente de los dos. Yo siempre estoy preocupada por mi hijo. A veces él me dice: “tú no ves que yo he crecido y ya no soy un niño”. Pero él siempre va a ser mi niño, mi gran niño.


–¿Chancletera y batilonga?

Mulata y chancletera, sí señor.

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–¿Por qué no refinada?

Ahh, ¿pero tú crees que la chancleta y la rumba no es refinamiento también? La gente puede pensar lo que quiera, pero la mulata con sus argollas y su lazo en la cabeza que yo siempre traigo y esa cadencia al caminar, eso es refinamiento; analízalo para que tú veas. Nada más hace falta el ballet sobre la mulata, que lo voy a ser yo.


–¿De dónde nace esa sencillez?

Mis padres eran muy sencillos. Y me enseñaron que el color, la raza no es lo que tiene vigencia. Lo que vale son los valores: la sensibilidad, la humanidad, la igualdad porque somos seres humanos todos. Por suerte eso es una de las cosas de las que más me enorgullezco, el tener ese aval, ese tesoro tan grande. Vaya, ni imaginarme que no se puede ser sencillo. Eso es una condición humana, también.


–La denominan “la Edith Piaf de Cuba”, “la sonera mayor”, “la diva del Buena Vista Social Club”, ¿con cuál se queda?

Con Omara, la mulata, habanera. Hay una rumbita que dice: “cuando yo llego a la rumba/habanera dicen todos/qué linda viene”. Así quiero que me recuerden.

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–¿Cómo califica su presencia en el cine?

Algo maravilloso. Sí, tengo que comentarte que en un momento determinado a mí me escogieron para representar a Mariana Grajales en el filme “Baraguá”, esa es la madre cubana. También hice un personaje en la película “Cecilia Valdés” que se llamó Mercedes, tremenda mulata. Ves, me gusta ser mulata, tener esa mezcla de razas lindas.


–Me han comentado que siempre le gustó mostrar sus lindas piernas.

(Se ríe) ¿Y yo tengo las piernas lindas? Lo leíste en alguna parte o me lo dices tú como bayamés. Yo no lo he visto nunca (risas).


–También me han dicho que le gusta bailar. ¿Es verdad?

Eso sí. ¡Ay!, me encanta bailar. Siempre que me invitan a cualquier actividad echo mi pasillito.


–¿Se considera “una mujer de éxito”?

No. Eso es relativo. En la vida uno tiene sus altas y sus bajas. Hay momentos en los que tú no triunfas por cualquier motivo. Yo realmente creo que los éxitos que he alcanzado no me merecen, también forman parte de esas personas que me han rodeado. De cada una de ellas he recibido clases magistrales. Como fueron Rita Montaner, Ernesto Lecuona, Bola de Nieve, Esther Borja, Rosita Fornés a quien admiro y respeto. Esa mujer nos ha representado siempre. También el maestro Guzmán, la pianista Zenaida Manfugás.

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–Coménteme cómo fue la experiencia en el doblaje de la película “49” de Walt Disney.
Siempre que haces algo como esto te pones tan nervioso y nadie se da cuenta. Este es un personaje que le dicen Mamá Odie. Es una negra gorda, bruja y con su lazo en la cabeza como a mí me encanta.


–¿Qué le queda por vivir a Omara?

Lo que me queda por vivir será en sonrisa. Sí, en sonrisa, en alegrías y también en sinsabores.

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