María Elena Vinueza o la más cubana de las ecuatorianas
15 de agosto de 2024
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María Elena Vinueza llegó a Cuba con apenas 3 años, su padre fue uno de los tantos internacionalistas que apoyaron a la Revolución cubana en sus inicios, y aportó a la región oriental de la Isla sus conocimientos como ingeniero civil.
En Santiago de Cuba, María Elena descubrió la música y el ballet, pero fue esta primera quien la haría reconocerse como artista. “Tenía claro que tenía que ser música”, confesó en el habitual “Encuentro con…” que conduce la Vicepresidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Magda Resik, en el Pabellón Cuba, los jueves de los meses estivales.

A la par vino la pedagogía -fue la manera que encontró María Elena para vencer su timidez-, y de la cual nunca se ha separado; y después su profesión: la musicología. “Me interesaba la docencia y el conocimiento, el entender las cosas desde diferentes perspectivas, y cuando supe que existía la musicología supe que quería dedicarme a eso”.
De Argeliers León aprendió que no se puede ser esquemático ni inflexible, la gran lección de vida que permitió su comienzo en la carrera de musicología. De esta manera, María Elena asumió su profesión como una actitud ante la música y ante la vida.
“El musicólogo no es quien tiene todas las respuestas, es un especialista que en la música sabe hacer las preguntas correctas”, expresó quien en 1986 ganara el Premio de Musicología Casa de las Américas.

De su vida laboral iniciada en el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (CIDMUC), del vínculo con la cultura musical caribeña, de la presencia musical bantú; así como el significado para su trayectoria de la obra “Atlas de Instrumentos de la música folklórico-popular de Cuba” pudieron conocer los asistentes al Salón de Mayo en el Vedado capitalino.

A la pregunta de Resik de cuánto ha significado Cuba para María Elena, la profesora resaltó: “Cuba ha sido el terreno fértil para yo poder hacer la docencia musicológica que he hecho. En Cuba yo aprendí a hacer la latinoamericana que soy”.
Y es que la destacada investigadora encontró en la Isla las pasiones que mueven toda una vida: la profesión, el amor. Con las raíces en los Andes y la caribenidad en el cuerpo, María Elena Vinueza se convirtió en la más cubana de las ecuatorianas como la llamara certeramente Roberto Fernández Retamar.
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