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Ludi invita: jueguen su papel

16 de septiembre de 2019

Por: Lixandra Esthefany Díaz Portuondo

 

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Risas, llantos, silencios que ponen a pensar. Eso se vive en cada obra de LudiTeatro. Se fundó en 2014 y desde ese entonces han hecho de un lugar muy pequeño, casi escondido, del Vedado, un espacio para la dramaturgia. Las obras tienen algo diferente, un toque especial. Con sus pocos años, es uno de los elencos teatrales más jóvenes y aclamados de la actualidad. Pero no se puede hablar de la compañía sin llegar hasta Miguel Abreu, su director, quien prepara a los actores para interpretar textos complejos y de valor universal. Tal es el caso de Giselle González que, luego de muchos meses de investigación, le dio vida a Irena Sendler: El Ángel del Gueto de Varsovia en: El vacío en las palabras.

 

Abreu, ¿por qué escogió ese nombre para el grupo?

Ludi viene de lúdico. Creo mucho en lo ritual, en los mecanismos del juego para la construcción del espectáculo y la búsqueda de los personajes. La compañía es como una escuela de formación de actores donde transmito mis experiencias con este método. En el Juego de los Abalorios, novela filosófica sueca-alemana de Hermann Hesse, hay un “magister ludi” que enseña a los niños a través de juegos. También, los juegos lúdicos son los efectuados antes de las olimpiadas. En esencia, eso es el grupo, una escuela formadora de buenos actores a través de juegos.

Miguel Abreu, director de Ludi Teatro confiesa que “el trabajo con el actor es la esencia, lograr un trabajo de actuación lo más depurado posible deviene en buenos resultados”. Foto tomada por Lixandra E. Díaz Portuondo.

Miguel Abreu, director de Ludi Teatro confiesa que “el trabajo con el actor es la esencia, lograr un trabajo de actuación lo más depurado posible deviene en buenos resultados”. Foto tomada por Lixandra E. Díaz Portuondo.

 

Son muy jóvenes, sin embargo, tienen marca propia.

La clave está en no imponernos un estilo y dejar que esa marca percibida por el público se exprese de manera orgánica. Tener una libertad creativa y de decisiones. El secreto es no pactar con las modas y los gustos de otras personas y dar importancia a la dinámica interna del grupo. La forma de lograrlo es trabajar mucho con el actor y sus capacidades, llevarlas a un extremo. También, representar textos como los de Wadji Mouawad, reconocido dramaturgo canadiense y escritor de las obras que nos ha servido como plataforma: Litoral, Incendios y Bosques. Las escogí para ponernos en la difícil situación de hacer representaciones complejas a pesar de ser tan jóvenes.

Considero que hemos enfrentado el reto con mucha dignidad. El público lo disfruta. Son obras de dolor universal y para compensar ese sentimiento, estrenamos otras como Aprender a nadar, una comedia musical y La Mujer de Antes, de Roland Schimmelpfennig, reconocido dramaturgo alemán, a la que le hicimos una versión muy cubana que dialoga con la realidad, la Constitución, el matrimonio igualitario, en fin, con el ahora de Cuba. Hay cosas de estilo que se mantienen: el espacio sintetizado a lo necesario y un trabajo de actuación lo más depurado posible.

Me hace muy feliz, como director, ver a un actor que entró muy jovencito, interpreta tres o cuatro espectáculos y, de pronto, se ganó el respeto del público. De esos hay uno cuantos aquí.

 

Hace algún tiempo no lo vemos en las tablas. ¿Abandonó la actuación?

No, pero me gusta más dirigir. Me siento más pleno, más cómodo. Tengo una responsabilidad porque construí, junto a los actores, no solo una compañía, sino un espacio en La Habana para el teatro, que es esta sala donde estamos (mira a su alrededor). También creamos un público que hay que cuidar.

 

¿Cuál considera que es el reto principal del teatro cubano?

Son dos, siendo muy sintético. Primero: el respeto a la diversidad de creaciones y propuestas y, el más grande, cambiar los medios de producción. Si no se cambian los medios de producción del género estamos conducidos hacia una especie de fracaso o crisis, que es peor, porque el país está cambiando y si los medios no cambian, no vamos a evolucionar.

Las obras de Miguel Abreu abordan temas polémicos y universales de un modo dinámico y breve. Ejemplo de ello es El vacío en las palabras, la más reciente puesta en escena que narra la vida de Irena Sendler: El Ángel del Gueto de Varsovia, enfermera polaca que socorrió a más de 2500 niños del Holocausto en la Segunda Guerra Mundial. La interpretación está a cargo de Giselle González que, aunque es más conocida en la televisión por series como Los tres Villalobos, Adrenalina 360 y Tras la Huella, cuenta que forma parte del equipo de LudiTeatro desde sus inicios y, ahora, interpreta a Sendler.

 

 

“Todos los días descubro el personaje de Irena Sendler de una forma diferente”, confesó Giselle González, protagonista de El vacío en las palabras.

“Todos los días descubro el personaje de Irena Sendler de una forma diferente”, confesó Giselle González, protagonista de El vacío en las palabras.

 

¿Qué significó en la vida de Giselle González interpretar a “la madre de los niños del holocausto”? Usted es madre.

Fue una sorpresa. Descubrirla requirió una investigación ardua. Aún estoy obsesionada, buscando documentales, medio enloquecida. Siento que el trabajo no termina. Por otra parte, desde que soy madre veo la vida diferente. Haber interpretado a Irena me ha tocado muy de cerca. Ha hurgado en lo más profundo de mí, porque solo de imaginarme en una situación similar creo que… No hay palabras.

 

No es la primera obra que interpreta en LudiTeatro, ¿cuál es el mensaje que transmiten cada uno de sus personajes?

Trabajamos temas muy universales: la familia, el abandono, la emigración y le hacemos ver al público que no se puede estar ajeno a lo que pasa. Particularmente esta, refleja una labor social impresionante. Me encanta cuando el público se me acerca con mucha sensibilidad hacia el tema.

De alguna forma es la pregunta que lanzamos al espectador: ¿Y tú que vas a hacer? En uno de los parlamentos de la obra, Irena dice: “Estas son mis fichas. Ahora cuando salga por la puerta pueden tomarlas. Asegúrense de ganar”. O sea, el mensaje es: jueguen su papel, muevan sus fichas, sean mejores personas conscientes de lo que hacen y creo que eso es lo que deja El vacío en las palabras.

 

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¿Qué haces cuando terminas de actuar?

Te juro que quisiera dos o tres minutos a solas porque estoy aun en el personaje, pero aquí es imposible. Todos vienen y siento abrazos encima de mí. Es difícil en esta familia de Ludi, con el público que constantemente viene y se siente en casa. Casi no tengo ese tiempo, aunque lo quisiera.

Desde la mañana comienzan los ensayos. Cambian algunas cosas de la obra y del escenario. Por lo visto, es normal. Cada puesta en escena es una nueva obra, una entrega total de los actores hacia el público y el personaje. Es difícil descubrir, en realidad, cuál es el toque personal con el que conquistaron un público en tan poco tiempo, pero es inevitable sentir el espíritu peculiar de cada presentación, captar el mensaje y sentirse comprometido con lo pasa alrededor. El objetivo de Ludi Teatro es sensibilizar al espectador con lo que pasa en el mundo y, particularmente, en Cuba. Animarlo a jugar su papel, a ser mejor persona y lo suficientemente consciente de sus actos para llenar “el vacío de las palabras.”

Las funciones continúan siendo los viernes y sábados a las 8:30 pm y el domingo a las 7:00 pm. Una oportunidad para disfrutar del buen arte que se cocina en La Habana.

 

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