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Los 85 de Roberto Fernández Retamar

9 de junio de 2015

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Roberto Fernández Retamar (Foto: La Jiriblla)

Roberto Fernández Retamar (Foto: La Jiriblla)

Lo conocí cuando era un joven de 30 años, probablemente el más joven profesor, entre los hombres, de la entonces Escuela de Letras y de Artes donde yo había comenzado a estudiar en 1964. Al año siguiente el profesor de lingüística Roberto Fernández Retamar se enfrentaba a un aula donde alrededor de cuarenta estudiantes, la mayoría mujeres, nos quedábamos extasiadas escuchando sus explicaciones sobre esa asignatura y los aportes que a ésta (para mí nueva) realizara el suizo Ferdinand de Saussure. La voz de Retamar era la de un poeta, de un buen poeta, sabía modular las palabras exquisitamente y su tono muy peculiar, único, daba una cadencia exacta a sus versos, ya fueran de amor, políticos o sociales. Siempre imaginé que la voz de Martí debió haber sido como la de mi profesor Retamar. De hecho, tengo grabados en su voz un conjunto de poemas martianos y  cuando los oigo, imagino que es Martí quien los dice solo para mí.
Retamar es, efectivamente un poeta. Su primer libro Patrias fue publicado en 1952 y al año siguiente fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía. Ese volumen contiene un poema: “Elegía como un himno”,  dedicado a otro muy admirador escritor cubano: Rubén Martínez Villena. “Elegía…” fue publicado como folleto independiente dos años antes.  A ese primer título siguieron otros, tanto de versos como de ensayos, pues mi profesor es también un estudioso de la literatura  cubana e hispanoamericana y, no podía ser de otro modo, de la obra martiana.
No soy buena para guardar en mi memoria todo aquello que me emociona,  que me gusta o me impacta. Sin embargo, hay versos de Retamar que han quedado allí, no se borran. Uno de ellos es “Felices los normales”, tal vez porque hay en él un llamado a la aceptación de lo diverso, en aquellos tempranos años de la década del 60, tan hermosa y compleja, preñada de grandes contradicciones que tal vez no asimiláramos entonces y ni siquiera discutiéramos en voz alta, sin embargo, hoy son cuestiones de debate público. Veamos unos pocos versos de ese magnífico  poema.
Felices los normales, esos seres extraños.
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante.
Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más.
Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros
……………………………………………………………………………….
Pero que den paso a los hacen los mundos y los sueños
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
Que sus padres y más delincuentes que sus hijos.
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.
Este poema está en su libro Historia antigua, de 1963, y volvemos a encontrarlo en el volumen de 1966 Poesía reunida, que, como indica su título,  reúne los versos escritos durante casi 20 años, desde 1948 hasta 1965. Varios temas  pueden disfrutarse en este conjunto. Por ejemplo, lo efímero de la vida, dedicado al gran músico cubano Benny Moré y, aunque incompleto, también lo conserva mi memoria:
Oyendo un disco de Benny Moré
Es lo mismo de siempre:
¡ Así que este hombre está muerto!
¡Así que esta voz
Delgada como el viento, hambrienta y huracanada
Como el viento, es la voz de nadie!
¡Así que esta voz vive más que su hombre,
Y que ese hombre es ahora discos, retratos, lágrimas, un sombrero
Con alas voladoras enormes y un bastón.
……………………………………………………………………..
Uno de los poemas más difundidos de Retamar es “El otro”, escrito, según cuenta él mismo, el primero de enero de 1959, día en que triunfa la Revolución, en cuya lucha armada él no participó y por ello se cuestiona a sí mismo que esté vivo. Es su modo de rendir homenaje a los que lucharon y cayeron en las batallas libradas para instaurar una nueva sociedad.

Nosotros, los sobrevivientes,
¿ A quienes debemos la sobrevida?
¿Quién se murió por mí en la ergástula,
¿Quién recibió la bala mía,
La para mí, en su corazón?
¿Sobre qué muerto estoy yo vivo,
Sus huesos quedando en los míos
Los ojos que le arrancaron, viendo
Por la mirada de mi cara.
Y la mano que no es su mano,
Que no es ya tampoco la mía,
Escribiendo palabras rotas
Donde él no está, en la sobrevida?

Si me dejo llevar por mi mala memoria dejo fuera la obra ensayística. Antes de pasar a ese otro quehacer de su escritura, apunto que la poesía escrita por Fernández Retamar acumula unos 20 títulos originales, además de una decena de recopilaciones o antologías publicadas en diferentes años, tanto en Cuba como en otros países. Ahora me acerco a su vasta obra ensayística donde reúne unas 25 obras, entre ellas textos de carácter didáctico  como Idea de  la estilística, Para una teoría de la literatura hispanoamericana, Algunos problemas teóricos de la literatura hispanoamericana; sus estudios  sobre la obra martiana: Lectura de Martí, Introducción a José Martí, Naturalidad y modernidad en la literatura martiana, José Martí. La encarnación de un pueblo, Nuestra América: cien años, y otros acercamientos a Martí. Imposible detenerme en estos textos, profundos y esclarecedores sobre temas diversos, pero imprescindibles para conocer sobre los temas abordados. Sin demeritar ninguno, los volúmenes dedicados a nuestro Apóstol son muy originales, escritos con la sensibilidad de un poeta y la profundidad de un experimentado investigador y la prosa de un conocedor de las reglas y la belleza de nuestro idioma, de modo que su lectura llega a todo receptor.  Esta labor de escritura desarrollada por el profesor, ensayista y  poeta, ha sido llevada paralelamente por Retamar con funciones como director, primero de la Revista Casa de las Américas, desde 1965, y luego como director de la propia institución cultural. También es miembro de la Academia Cubana de la Lengua. Por su obra ha recibido diversos lauros, tanto en Cuba como en otros países. En 1989 se le otorgó el Premio Nacional de Literatura.
Puede sentirse muy feliz mi querido profesor Roberto Fernández  Retamar, al arribar a sus 85 años de vida con una obra tan reconocida y que tanto ha aportado a nuestra cultura.

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