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Lo que prima es la sugerencia, dice Rocío

31 de julio de 2017

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Fotos: Cortesía de la artista

 

rocio retrrato 1 (Small)

 

Aunque no le agrada comentar lo que está produciendo porque es “un poco mística” y teme que se “pierda la magia”, la reconocida pintora cubana Rocío García adelantó que en estos momentos está trabajando fuertemente para la Bienal de La Habana, a celebrarse el año próximo.
La artista —Villa Clara, 1955— es graduada de la Academia de Artes de San Alejandro en la especialidad de pintura (1975) y de la Academia de Bellas Artes Repin de Leningrado —hoy San Petersburgo—, Rusia, en el rango Máster (1983).
Rocío García, además de desempeñarse por más de veinte años como profesora de San Alejandro, desarrolla en paralelo su obra pictórica a través de series, por lo que insiste en que su pintura “es secuencial”. Entre esas series están: Peluquerías, Geishas, Hombres, machos, marineros, El domador y otros cuentos, Haikus, El thriller, Very, very light and very oscuro, El regreso de Jack el Castigador y The Mission.
Según comentó en entrevista exclusiva para el espacio Luces y sombras de Habana Radio, su obra “ha sido encasillada en el tema homoerótico” y aunque reconoce que es un aspecto que “tocó, toca y tocará” en su quehacer, “no es el único”. Sobre este asunto y otros más conversamos con Rocío, artista que ha exhibido su obra en Francia, Estados Unidos, Suiza, China, España y Japón, entre otras naciones.
“Cuando tenía unos cuatro años mis padres vinieron a vivir a La Habana a una casa de huéspedes que estaba en La Víbora y recuerdo que siempre andaba dibujando, incluso cuando me castigaban me refugiaba en los lápices de colores. En esa casa de huéspedes había una señora mayor, que tenía mucha clase, y fue la primera que me dijo «tienes que estudiar en San Alejandro».

 

rocio obra 2 (Small)

 

”Ni mis padres ni yo teníamos idea de lo que era San Alejandro. Pasaron los años y aquello a mí se me quedó en la mente. Cuando concluí la secundaria hice las pruebas y aprobé. Mis padres pensaron que yo iría al preuniversitario del Vedado y ahí fue cuando se enteraron que había sido aprobada en San Alejandro. Recuerdo que mi padre me decía que esa carrera no era muy segura y siempre le respondía lo mismo: «es lo que a mí me gusta».
”Mi paso por San Alejandro fue una época muy linda porque no solamente me sumergí en el mundo de las artes plásticas, sino que había círculos de interés sobre cine —con aquellas fabulosas películas de Ingmar Bergman y Akira Kurosawa— también se realizaban círculos de interés de literatura y de teatro. En esa época, aunque no llegaba mucha información, nos sumergimos en el arte en serio y tratábamos de actualizarnos no solo a partir de los conocimientos dados en las clases, sino a través de revistas. En aquella época no existía Internet ni era fácil acceder a la información.

 

obra rocio (Small)

 

Y ese vínculo con el cine y la literatura, posteriormente, sale en la obra.
Es probable que ya eso estuviera dentro de mí, pero las circunstancias fueron favorables; efectivamente, mi trabajo está muy permeado por la literatura y por el cine.

 

¿Qué herramienta es la que más le agradeces a San Alejandro?
El no circunscribirnos exclusivamente a las artes visuales, sino el conocer otros mundos que nos permitían ampliar el espectro, las miradas.

 

Hay quienes opinan que la academia lo que hace es lastrar…
Creo que soy un ejemplo de que eso es muy relativo porque no solo estudié en San Alejandro que, verdaderamente, fue una academia muy suave. Al concluir San Alejandro me gané una beca y fui a estudiar a Leningrado y ahí me tropecé con una academia muy recia; permanecí siete años estudiando y el entrenamiento era puramente de técnica. Los rusos me hicieron entender con claridad que una cosa es la técnica y otra la parte creativa.

 

Cada cuadro suyo está muy bien estructurado desde el punto de vista de la composición, ¿esa manera de hacer se la debe a la academia rusa?
Efectivamente, los rusos hacían mucho énfasis en la composición y tuve muy buenos profesores y también excelentes alumnos ayudantes. Pero creo que lo que mejor me formó fue el Ermitage. Ese maravilloso museo estaba muy cerca de la Academia y nosotros —que teníamos un carnet especial porque éramos estudiantes de arte— todos los días entrabamos sin pagar. Me sentí privilegiada porque siendo muy joven, pude ver obras increíbles.
Sí, por un lado los profesores te están formando y por otro estás viendo con ojos propios la obra de Rubens, Rembrandt o Da Vinci o las de Picasso o la de Henri Matisse, todo ese mundo que se mezcla y aprendes mucho más. Considero que la pintura hay que verla directamente: una obra que se ve en libro no se aprecia en su totalidad porque la pintura tiene un espacio muy sensorial y se estable una relación diferente cuando se está frente a ella.

 

 

Es una pintora que usa la paleta con una intencionalidad muy marcada, ¿cómo es su proceso a la hora de elegir los colores?
Me gusta trabajar en series porque a partir de ellas narro historias —hasta cierto punto porque nunca las cierro; es decir, no le doy un final— sino provoco al espectador a partir de una historia.
Cada serie tiene una intencionalidad no solo en cuanto a contenido, sino también en lo formal y para ello el color es importante porque crea atmósferas de lo que quiero decir a partir de las imágenes. Si voy a hablar de una situación muy dramática, muy fuerte, los colores son importantes para crear esas sensaciones.
Nunca me ha interesado la pintura académica como tal y, por lo tanto, no me interesa el color académico, más bien me inclino hacia el pop, hacia Matisse y hacia los impresionistas que plasman el mundo de manera muy colorista. Quizás como cursé una academia tan recia —o tal vez como contraste interior— quise buscar otros espacios para expresar el color de una manera otra.
Considero que mi pintura no es realista porque el color no lo uso para que parezca fotografía ni nada de eso sino que lo que prima es la sugerencia. Debido a la relación cromática frente a un cuadro tú sientes una determinada carga dramática o sensación que puede ser suave, de paz, de agresividad o desasosiego. Todo eso está muy bien estudiado a partir de las relaciones cromáticas porque antes de comenzar a trabajar, hago bocetos y pienso en las gamas; cuando inicio una serie tengo más o menos el sesenta por ciento de la relación cromática que voy a emplear porque ya tengo predeterminado hacia qué estado anímico quiero llevar a espectador.
A veces sucede que comienzo con colores muy fuertes y, en dependencia de la acción, concluyo con suaves. He intentado crear una pintura secuencial: mis cuadros pueden estar independientes, pero cuando se unen el espectador puede percibir que se está moviendo una idea que va de cuadro en cuadro. Pero, a la vez al recorrer una exposición mía le doy al espectador toda la libertad para que arme su propia historia.

 

¿Y la textura?
Casi no la uso, no la necesito. Me gusta la pintura con recursos, casi minimalistas: no recurro a texturas ni a efectos. Todo eso me aburre porque quiero decir algo muy concreto y me alcanza con la línea y con el dibujo para establecer la estructura compositiva del cuadro. No creo que haga falta más detalle. La redundancia no me interesa. Para otros artistas las texturas son muy importantes porque cada cual tiene su manera de hacer. En mi caso, repito, el recurso pictóricoes muy minimalista.

 

Lin Cheng and Borishka llegan copia (Small)

 

Desde hace más de veinte años es profesora de San Alejandro, ¿por qué la pedagogía?, ¿qué le aporta?
Cuando regresé de la URSS y tuve, como todo el mundo, que hacer el servicio social, pensé: “cuando concluya este período me voy a mi estudio a pintar”. No me interesaba ser profesora. Pero, poco a poco, me fue gustando y, además, la escuela se caracteriza por tener un ambiente muy agradable.
También la relación con los alumnos es muy hermosa porque el maestro tiene la responsabilidad de ofrecer, pero ellos, a la vez, te provocan a pensar a partir de preguntas y cuestionamientos muy complicados. El pedagogo tiene que hacer un esfuerzo extra que lo obliga a no estar encerrado entre las cuatro paredes de su taller. Cuando veo que alguno de mis alumnos comienza a tener éxito y protagonismo en el arte cubano siento que hay un poco de mí en cada uno de ellos —y también de otros muchos profesores—. Eso, sinceramente, me hace muy feliz.

 

Rocío con alumnos de San Alejandro

Rocío con alumnos de San Alejandro

 

 

Se le ha encasillado en un tipo de pintura: la homoerótica. Sin embargo, su obra es mucho más y muestra de ello son varias series en las que trabaja…
Con la serie de las “Geishas”, que fue muy bien acogida, quería hablar del tema femenino; después llegó otra que la titulé “Hombres, machos, marineros”, en la que hable muy conscientemente del tema homoerótico, es decir, del amor entre hombres y establecía que era un derecho y lo abordé con belleza, pero también con vehemencia. Eso creó una expectativa y como la lancé un poco después de haber sido estrenada la película “Fresa y chocolate” de Tomás Gutiérrez Alea (Titón), fue una circunstancia favorable y se aceptó muy bien el tema.
En ese momento, justamente, comienza mi interés por la pintura secuencial. Posteriormente, he hecho varias series de temáticas diferentes y, esencialmente, lo que cuestiono en mi obra es el concepto de poder, pero no solo en el plano sexual, sino también en el social, sicológico y político. Me han encasillado y aunque en las imágenes hay un toque erótico, no se refiere exactamente al mundo de la homosexualidad aunque está y estará porque es un tema recurrente y normal. Ese es un asunto que señalé y que continúo señalando porque el sexo —ya sea hétero u homo— es parte de la vida y, de alguna manera, influye en el pensamiento sociopolítico de la gente.

 

Y en ese encasillamiento que ha tenido que enfrentar, creo, influyó su participación en la película “Verde-verde”, de Enrique Pineda Barnet.
Pineda Barnet me invitó a participar en ese largometraje con varias obras de la serie “Hombres, machos, marineros”, y acepté gustosamente, pero insisto esa es una parte de la obra no toda ella. La última exposición “The Mission”, trató el tema del espionaje con cierto cinismo, ironía y también humor.

 

 

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A pesar de que toca el tema del poder, percibo que hay mucho humor en lo que hace.
Siempre está, quizás, porque soy cubana y lo tengo muy adentro. El humor es parte consustancial de la vida nuestra y es una manera de decir, con cierta gracia, planteamientos hondos y profundos.

 

En una oportunidad aseguró: “mi obra parte de la realidad, pero para nada me interesa una pintura localista”, ¿cómo interpreta esa sentencia?
La pintura es uno de los abanicos más grandes que hay porque tiene muchos caminos y lenguajes, y aunque a veces se considera que es un espacio reducido, la defiendo por las grandes posibilidades que tiene. Por ejemplo, si hago un tema que parte de una realidad y lo realizo calcando ese sitio, es decir, de forma realista, eso se aviene más al mundo de la fotografía o el cine: ¿qué sentido tiene hacerlo en la pintura si existen otros medios y lenguajes que los pueden captar tal cual? Lo hermoso que tiene la pintura es que te permite ir a espacios más poéticos, es decir, puedes trascender el espacio real y sugerir o hacer una metáfora de lo que te rodea.

 

Es que para hacer una pintura cubana no se tiene que hacer una palma o un bohío…
¡Por supuesto!, pero ¿por qué tiene que ser el mismo código o el mismo símbolo?: eso es una imitación. Además que los temas que trabajo —que parten de una realidad que nos rodea— son universales. El ser humano tiene conflictos más o menos parecidos en cualquier sitio del mundo. “Un policía con Alzheimer” (de la serie “Very, very Light… and very oscuro”) puede ser cubano, pero puede ser de otro país porque hay policías y militares en todo el mundo. Las relaciones del poder con lo erótico existe desde los griegos y ¡desde las cavernas el hombre lucha por el poder!

 

 

rocio serie geishas (Small)

 

Un importante crítico dijo: “Rocío García no ha respondido jamás a los dictámenes de los vientos ni a los tiempos. Ha contestado como una dama: con distancia”.
Me gusta tener un espectro ancho ante las situaciones y trato de ser objetiva, aunque es imposible evadir la subjetividad. Cuando voy a emitir un criterio trato de ser sumamente cuidadosa para no quedarme en el detalle sino ir a lo profundo, a las esencias.

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