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Lina de Feria: “Poetisa de todos los tiempos”

12 de agosto de 2014

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linaEl pasado 7 de agosto cumplió 69 años la poetisa y ensayista cubana Lina de Feria. El espacio “Encuentro con” que semanalmente conduce la periodista Magda Resik Aguirre permitió conocer a fondo e interactuar con una mujer que, aunque no es dada a las entrevistas con la prensa, accedió a conversar de su vida y obra un día antes de arribar a una edad cuyo número considera “singularmente peligroso”.
El Salón de Mayo del Pabellón Cuba, sede de la Asociación Hermanos Saíz, fue el lugar de encuentro de amigos, colaboradores, y compañeros de toda una vida dedicada a la vocación de las letras. Por eso la conversación comenzó, precisamente, por esos años en que la joven Lina, aún viviendo en su natal Santiago de Cuba, comenzó a escribir los primeros versos y obras de teatro infantil.
“Hasta el año 1964 estuve viviendo y conociendo Santiago con más intensidad, ya que mis padres decidieron abrir una escuela en esa ciudad luego del triunfo de la Revolución en 1959. Al vivir entre ambas ciudades, La Habana me atrajo igual; y más aún cuando vine a estudiar la carrera. A la vez era constante la nostalgia de Santiago, de Cueto, Songo y todo Oriente que es precioso, pero la distancia fue haciendo que terminara por enamorarme de la capital y hasta hoy sigue siendo así. ”
Pero Lina reconoce que fue en la Ciudad Heroica donde ocurrió su encuentro con la poesía seria, cuyas primeras influencias provinieron de Federico García Lorca y Juan Ramón Jiménez. A la edad de 12 años escribió su primer poema, y para los 17 ya defendía un estilo específico, propio, con el poema “Recorrido por una ciudad íntima”, justo antes de volver definitivamente para La Habana.
En estos primeros años de formación jugó un rol fundamental el taller literario de la Universidad de Santiago de Cuba, donde recibió clases de José Antonio Portuondo; luego en La Habana, y estudiando en la Facultad de Artes y Letras de la Casa de altos estudios conoce a Roberto Fernández Retamar quien la introduce en la vida literaria de la capital. Cuenta que las primeras lecciones que recibió en la enseñanza superior fueron de la maestra Mirta Aguirre durante la Licenciatura en Filología. La renombrada pedagoga e investigadora solo le exigía a Lina que cumpliera su tarea escolar con cinco poemas a la semana. Fue por entonces su más ferviente crítica y educadora.
“Lo primero que hice al llegar a La Habana, casi sin quitarme el polvo del camino – parafrasea la autora de A la llegada del delfín – fue llegarme hasta la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Lina de Feria fue fundadora de su sede en Santiago). Fue un momento en mi vida en que ya estaba definida mi incursión en la literatura.”
Luego de un primer premio en Santiago de Cuba -La Edad de Oro en su primera edición-, por sus obras pertenecientes al teatro infantil, recibe un reconocimiento poético en los concursos convocados por la Extensión Universitaria, denominados más tarde como 13 de Marzo, como varios otros de poesía Rubén Martínez Villena, de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).
Pero esa entrada en el mundo de las letras cubanas de la que habla Lina de Feria estuvo definida más de tipo triunfal, casi épica, porque fue consagrada, con tan solo 22 de años, con el Premio David al libro Casa que no existía (1967), compartido con Luis Rogelio Nogueras. Confiesa que este poemario es uno de los libros más entrañables que tiene, porque según la crítica especializada, logró establecer siendo tan joven un hito en la poesía cubana de aquel momento.
Lo exactamente formativo, y que le hizo “avanzar a saltos en cuanto al estilo, que lo mejoró y se enraizó”, fue la influencia que recibió de los integrantes de Ediciones El Puente, entre los que figuraban Nancy Morejón, Georgina Herrera, Gerardo Fulleda León y la Dra. Josefina Suárez, entre otros, quienes le recomendaron lecturas nuevas que enriquecieron su poética, y que de cierta manera también definieron el tipo de poesía que no quería realizar.
Durante el encuentro, Magda Resik retoma la idea de Lina de haber encontrado su estilo propio, un estado que por lo general viene acompañado por la toma de conciencia de lo que el autor no quiere para su poesía. Es entonces cuando la periodista incluye la pregunta: ¿Qué es lo que no quiere para la poesía Lina de Feria?
“Decididamente, en los primeros años de creación yo tenía que ser una escritora que definiera por sí misma lo que quería escribir (amén de las influencias no siempre positivas). No podía hacerlo por la tendencia de otros miembros del grupo, sino necesariamente por las formaciones que recibía de las lecturas que hacía”, reconoce Lina, quien define ese hábito como la vía imprescindible para comprender y sentir respeto por el lenguaje. “Yo podía pasar horas leyendo y estudiando porque era un placer para mí, además de ser una exigencia en mis estudios, ya que la Universidad fue profundamente específica en mi formación”.
El diálogo recorrió diversas etapas de la rica creación de la autora, así como su evolución literaria y profesional. Su incursión en el periodismo cultural desde las páginas del diario Juventud Rebelde hasta su posterior trabajo como Jefa de Redacción de la revista El Caimán Barbudo, y que recuerda como períodos de intenso aprendizaje.
Para Lina de Feria “la poesía es sobre todo una necesidad inevitable de proyectar la captación del mundo que nos rodea, y a la vez, proyectarlo con belleza.” La belleza, sin embargo no siempre está dada en una palabra hermosa, “puede ser una palabra violenta, pero tiene que estar adecuadamente conectada”. En esa tarea los sentidos y las emociones importan mucho, pero es la suya una poesía sobre todo pensante, que hace de la reflexión, la observación inquietante, el hallazgo de lo insólito de un asunto parte esencial del goce, y sustancia vital.
Cada uno de los géneros por los que ha transitado la creación de Lina de Feria, hasta su posterior consagración como una de las poetisas más significativas de nuestro país, le han resultado necesarios en su formación. La dramaturgia, como primer eslabón en la carrera literaria, le otorgó “la facilidad del diálogo, su fluidez, pero con la presencia siempre de la poesía -del periodismo, la práctica y el ejercicio constante, precisamente, de la crítica literaria, así como un acercamiento a la obra de los otros, por sobre la barrera del lector pasivo-: “Ahora con el paso de los años siento la necesidad, de forma impresionista, de hacer especie de ensayos, que es en lo que estoy ahora cada vez de forma más seria”.
En cuanto a esta faceta de su producción comenta que su enfoque está en reconocer “las características esenciales de la poesía ajena y distinta a la mía, pero que me interesa cómo se produce, y hago señalamientos alrededor de eso.”
Sigue la poesía entonces ocupando casi todos los espacios posibles de su literatura, para convertirla en una figura imprescindible, entre las estrofas cubanas de estos tiempos. Y es que la esencia de que Lina de Feria se mantenga como una autora de renombre radica en la persistencia y renovación con que trabaja, y su espíritu cognoscitivo. Ella misma afirma que hay que tener cuidado con la comodidad, “porque uno se habitúa a una manera de proyectar determinada, y termina siempre haciéndolo con la misma tendencia. Hay que ver exactamente lo que están produciendo los otros, y la conveniencia de lo que crean. Tomar el espíritu, más que la escritura de la época”.

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