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Leal ha trascendido al tiempo

8 de marzo de 2018

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Panel Homenaje al Doctor Eusebio Leal Spengler en la Casa del Joven Creador en Camagüey durante la inauguración de la Feria Internacional del Libro. Foto tomada de Radio Cadena Agramonte

 

Estimados amigos:

Hace unos días recibí una llamada de una amiga, que me hubiese gustado que me hubiera acompañado en los avatares de la defensa del patrimonio desde la trinchera de la Oficina, y hoy comprendo que donde está ha podido servir mejor y más que si me hubiera acompañado. Esa amiga me pidió que viniera hoy aquí a decir las palabras de elogio a Eusebio. No le respondí de inmediato a Odalys que resulta ser la amiga, pues sinceramente me sorprendió y le dije, después te llamo y así quedó todo.

Pensé solo un poco y me decidí a hacerlo, porque se trata de la petición de una amiga para que hablara de un amigo, Eusebio, por estos días de tantos honores merecidos para él, de tantas palabras de elogio expresadas por intelectuales, políticos y gentes sencillas del pueblo y de todo el mundo. Sin lugar a dudas, estoy ante un difícil encargo, no por la esencia del asunto, sino por el compromiso de hablar de una de las personas que en los últimos tiempos en Cuba ha aportado más a la cultura nacional, que es sinónimo de aportación a la patria.

Tengo una opinión personal y quisiera empezar mis palabras con esa idea. Cuba cuenta con un caudal inmenso de mujeres y hombres que prestigia la creación literaria y consigue seguir una tradición nacional. Cada edición de la Feria es dedicada a este nivel a una reconocida personalidad de las letras. La lista ya es importante y en ese ámbito a la mayoría no le deben haber quedado dudas del reconocido mérito de los seleccionados, debo entender lo difícil que resulta para los que deciden la dedicatoria establecer de alguna forma la prioridad. Pero la esencia de lo que quiero decir no radica precisamente en esto, lo que quisiera se me entendiera, es que en esta oportunidad, la figura del escogido ha sido un hombre que no solo ha trascendido en el gremio de la intelectualidad cubana, sino que esta decisión ha recaído en una persona bien conocida por todos los cubanos, y no solo por aquellos que incursionan en cualquiera de los ámbitos de la cultura cubana. Leal es un hombre de pueblo y su obra ha trascendido las letras, Leal ha trascendido ya al tiempo.

Pudiera extenderme mucho en mi turno si comenzara a hablar de premios, reconocimientos, órdenes que han sido muchas, algunas de las más importantes que otorgan naciones, universidades, ciudades, organizaciones o instituciones. O en su propia producción literaria, o sus esfuerzos exitosos en la promoción y fundación de proyectos artísticos, pedagógicos, sociales de todo tipo que han tenido una formidable acogida bajo sus auspicios. Leal está entre los cubanos más reconocimos en el mundo en todos los tiempos. Pero no es esa la arista que abordaré. Los casi veinte años de trabajo en el lugar donde estoy – entre otras cosas – me ha dado la posibilidad de conocer a este gran hombre y he tenido el privilegio que me llame amigo y hermano. Esto no lo digo por vanagloriarme, sino un poco para que se me entienda que lo he conocido y me va a permitir hablar hoy aquí de él, visto no solo desde su excelente trayectoria como intelectual, sino de aquel que detrás de ese atuendo gris enfrenta la vida cotidianamente.

Al hablar o pensar en Leal, lo más usual es hacerse desde la perspectiva de lo encabezado por él en la salvaguarda del patrimonio cultural de la Habana, no lo circunscribo a la Habana Vieja, pues no sería justo. La obra sí de la Habana Vieja ha sido un influjo para La Habana toda y para Cuba toda y un poco más allá. Dedicar la Feria a un cubano como Eusebio es un acto de justicia.

Hoy Cuba, un país sitiado, agredido culturalmente solo ha podido sortear las tantas carencias y dificultades por el escudo y espada con que se ha defendido. En esa trinchera y en primera línea ha estado él. Poco se dice de la legión que ha formado no solo en La Habana con sus más cercanos colaboradores, sino por toda Cuba. ¿Qué hubiese sido de Roma sin sus legiones y sin sus legionarios? ¿Se hablaba en Cuba con tanta fuerza antes de él y su proyecto –  fruto también del comandante invicto – de restauración, centros históricos o la existencia en tantas ciudades o poblados de un historiador?, para nada. En oportunidades es hasta gracioso y bueno a la vez cómo se habla en pequeños pueblos y ciudades sin aparente importancia histórica o cultural de la existencia en ellos de un centro histórico. Hoy se buscan con afán fechas que permitan festejar con sano orgullo la fundación, la declaratoria de ciudad o la constitución del primer hato, pretexto no solo usado para el jolgorio, sino para hacer. Detrás de eso aflora el amor por lo suyo, que aparentemente se expresa en la salvación y cuidado de edificios o espacios públicos. En todo esto que ha sucedido en nuestra nación una importante contribución ha sido fruto de su ejemplo, pensamiento e hidalguía.

Foto: Roberto Garaicoa

Foto: Roberto Garaicoa

Recuerdo en una oportunidad que me esperaba él en un lugar de la Habana cuando desde aquí era remitido yo para un hospital de la capital después de haber sufrido un accidente en una obra en restauración, y después de lo que normalmente pasa en situaciones de encuentro como esta, comenzó a increparme por mi – según él – negligencia, causa del accidente. No sabía cómo defenderme y salí airoso solo al decirle algo así como: “¿Leal, y entonces qué hacía usted arrastrando piedras en la Plaza Vieja?”

“Andar La Habana”, no es el nombre de un programa de televisión – que desdichadamente – prácticamente ha desaparecido, Andar la Habana, es la metáfora conseguida para graficar toda una vida consagrada a una causa defendida con honor. “Leal en el tiempo”, no es el nombre de un documental, es otra metáfora conseguida para resaltar su lealtad a su tierra, a sus ideales a su causa y a sus amigos, de lo cual puedo dar fe.

Recuerdo que en mi ámbito profesional en los inicios de nuestra labor – de seguro – sin sentido peyorativo y sin ánimos de minimizar a los que nos dedicamos más a la cura de las heridas que el tiempo o el hombre ha ocasionado a los testigos físicos de la historia y de nuestro devenir se nos decía, los que se dedican al cemento, al ladrillo y la arena. ¿Cuánto amor, dedicación, profesión y oficio se necesita para ver resurgir, en oportunidades desde las ruinas valiosos exponentes de nuestra herencia cultural o artística? Por suerte, lo que hacemos hoy también es socialmente más reconocido gracias a él. Su inspiración y liderazgo ha propiciado que existan en el país varios ejemplos modélicos de recuperación de ciudades históricas y que la voluntad política y gubernamental dedique no pocos recursos y atención a la salvaguarda de nuestras esencias culturales, que no es solo hablar del rescate de edificios, monumentos o espacios urbanos. El emprendimiento ha tenido matices con un alto vuelo técnico y científico en Cuba con un profundo sentido humanista, dejando para el mundo un ejemplo a seguir de buenas prácticas. Hoy puede hablarse con absoluta seguridad de un modelo de gestión cubano para la preservación del patrimonio histórico y cultural, como mismo se habla de una escuela cubana de ballet o de la escuela cubana de boxeo.

Valentía, ¿Cuántas nobles ideas o ideales no se habrán frustrado por la falta de una adecuada defensa? En mi opinión es una de sus principales virtudes. Es un intelectual de marca mayor, que defiende su pensamiento y convicciones hasta el límite, eso sí con militancia, respeto, fidelidad y convicción. Hay ejemplos muchos en todos los ámbitos de la vida nacional que lo pudieran demostrar. Sus valientes, inteligentes y mesuradas intervenciones en foros de trascendental importancia para la vida actual y futura de la nación, ya sean en defensa de la libertad de culto y militancia política revolucionaria, de la familia o en el respeto a la verdad histórica y a sus protagonistas. O su lucha contra la banalidad, la chapucería y en defensa del buen hacer.

Al estar en un país a cuyo pueblo nos unen sólidos lazos de amistad y profundos nexos culturales, tuve la oportunidad de acompañarlo. Era un foro universal sobre ciudades integrantes del patrimonio mundial y para asombro de los presentes no se le cedió el espacio merecido y ganado en el programa del evento. Casi al punto del mediodía en el programa científico ubican a Leal en un panel y solo se le tributan quince minutos para que expusiera la experiencia de La Habana y Cuba. Como es habitual en el programa de todos los eventos siempre se atrasa y el modelador de la mesa le informa de que solo podría disponer de diez. Encima de todo aquello lo dejaron para el final. Los que de abajo veíamos atónitos lo que sucedía, ya esperábamos la respuesta sabia, contundente e inteligente que daría. Pero créanme que resulta impredecible su reacción. El suele decirme “José, cuando te esperen por el Norte aparécete por el Sur”. Antes que él hace uso de la palabra un especialista poco conocido que lo hace casi por media hora o más, intervención que logró hacer dormir a medio auditorio. Al ofrecérsele la palabra, una vez terminado este, declinó en tomarla. Aquello sucedía en un importante y majestuoso teatro de esa también importante ciudad. Acto seguido se paró en medio del escenario, tuvo que acallar los murmullos de inconformidad de todos los presentes, y con una tranquilidad pasmosa renunció a la palabra y le pidió al comité organizador del congreso mundial que a la hora del almuerzo, y para no dañar el programa, se le crearan las condiciones en el parque más céntrico de la ciudad para allí y a esa hora convocar a todos los que quisieran escucharlo y poder exponer las realidades y experiencias cubanas en defensa de nuestro patrimonio. ¿Qué sucedió inmediatamente? Un atronador aplauso estremeció el teatro. Ante tanta valentía y aplomo y el respaldo a sus palabras y acción no le quedó más remedio a los organizadores a que de manera inmediata se le diera la palabra y en segundos quedar modificado el programa científico del evento, no sin antes ofrecerle mil y una disculpas. Por supuesto que su intervención no fue en el parque. Ese es Leal.

Cualquiera que no lo conozca pensará que su trato no es coloquial y sencillo cuando en escenarios más reducidos se produce el encuentro, Leal es un tronco de cubano. Reacciona al igual que todos, su verbo puede adaptarse a las condiciones más insospechadas. Su trato puede ser como el de un padre, un hermano o todas esas cosas juntas. Eso sí, el tono de su voz y lo enfático resultan características de su personalidad.

Confiar en el ser humano es otra de sus grandes cualidades, pues es un martiano consecuente. Confiar en su gente, compartir utopías, enamorarse y arrastrar a muchos en la fe en el futuro y en la valía de los ideales que defiende. En momentos donde aparentemente te parece que el mundo en breve te aplastará, solo bastarán cinco minutos de conversación con él para, como en buen cubano se dice, cargar las pilas y seguir luchando en lo que se cree.

Recién se ha conmemorado el quinto aniversario de la siembra, al decir de los venezolanos, del mejor amigo de Cuba, Hugo Chávez. Quiso la vida que en ese puente de hermandad y solidaridad entre Fidel y Chávez, entre Cuba y Venezuela, también estuviera Leal presente con un papel protagónico.

 

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Panel homenaje a Eusebio Leal Spengler. Foto tomada de Radio Cadena Agramonte

 

Es singular y sus expresiones pueden quedar signadas para siempre. Como cuando llama al presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, nuestro General Presidente.

Sus relaciones con esta tierra han sido signadas por la admiración que profesa por Camagüey, por el amor a su historia y por lo que en ella hoy se hace. Quisiera terminar con un fragmento de las palabras que dedicó en ocasión del aniversario veinte de nuestra Oficina del Historiador, donde se prueba lo que anteriormente he dicho y cito: “bien sé del intenso patriotismo del pueblo camagüeyano, bien sé dé la heroica historia, de las mujeres, de su familia en la gran guerra por la independencia nacional. Visitar Camagüey es rememorar todo eso.

”Ir al cementerio es encontrar allí nombres, apellidos que concretan un poco el sentimiento de un territorio que está llamado y fue llamado a ser como un balance en el seno de Cuba, como el fiel de la balanza.

”El Camagüey agramontino que comienza históricamente en el Jobabo por el Oriente y en Jatibonico hacia el Occidente, esos grandes territorios que hoy forman dos provincias. Pero quiero detenerme en el concepto de que una cosa es la división político administrativa y otra cosa es la historia, la historia es mucho más importante, la historia es abarcadora, la historia es lo que ya ocurrió y continua ocurriendo y no se detiene en el tiempo, y todas esas tierras están subrayadas por una heroicidad común, por una proeza común en el tiempo, por una forma de construir, por una forma de vivir, de habitar y amar que quizás tienen algunas personalidades, su ejemplo, su premio. Tomaríamos a Ignacio y Amalia como símbolos de ese espíritu del Camagüey. El espíritu que se motiva en sentimientos y valores muy altos, pero al mismo tiempo está cimentado en el amor profundo, en la comunicación de ideas, en la comunicación de espíritu, en la vocación”.

Muchas gracias

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