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Leal debe seguir siendo un paradigma de la sociedad cubana

30 de julio de 2021

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La Doctora Ana Cairo junto al Historiador de la Ciudad de La Habana, Doctor Eusebio Leal Spengler

La Doctora Ana Cairo junto al Historiador de la Ciudad de La Habana, Doctor Eusebio Leal Spengler. Foto Chris Erland

 

Lo primero que yo quisiera recordar, dadas las evocaciones que hicieron Araceli y Félix Julio, es que a Emilito Roig de Leuchsenring también hay que recordarlo porque es el creador de las Ferias del Libro, y es un olvido que hay que subsanar. Las Ferias del Libro comenzaron en el Parque Central de La Habana, ahí en la zona donde estaba la cárcel de La Habana, la vieja cárcel, que hoy es un parque, ahí Emilito Roig comenzó las Ferias del Libro. Y después Ramón Vasconcelos cuando fue Ministro de Educación, legitimó el trabajo de Emilito y entonces empezó una nueva fase que fue que algunas ciudades también hicieron sus Ferias. O sea, que al patrimonio y al legado de la Oficina del Historiador hay que reconocerle la gestación y desarrollo de las Ferias del Libro.

Y otra iniciativa que me parece importante recordar en esta Feria es la política de los libros. Una de las grandes visiones que tuvo la Oficina del Historiador fue la de convencer al alcalde de La Habana y después a los alcaldes del país que una forma de pervivir era haciendo libros; y cuando se revisa el catálogo de libros publicados por la alcaldía de La Habana, uno se maravilla, que además se regalaban. Muchos de los viejos estudiantes todavía tienen en su poder libros que fueron regalados por Emilito Roig en persona a los estudiantes.

Pero yo quisiera en el día de hoy llamar la atención sobre un elemento que me parece muy importante, y es cómo Leal es un gran ejemplo del desarrollo del humanismo revolucionario en Cuba. Creo que en un año en el que vamos a dedicar –durante todo este año y posiblemente el año que viene, por lo que diré después– a llamar la atención sobre las tradiciones culturales revolucionarias cubanas, es importantísimo hablar de la construcción de un legado del humanismo revolucionario en Cuba. Ese humanismo, que tiene a figuras como Carlos Manuel de Céspedes, que tiene a figuras como José María Heredia, mucho antes que Carlos Manuel de Céspedes, que puede tener figuras como Perucho Figueredo –me decía ahorita Eduardo que había encontrado una cosa muy importante en los fondos de la Biblioteca sobre el conocimiento de la música que tenía Perucho Figueredo–, o sea, nosotros tenemos una deuda con la tradición del humanismo revolucionario en Cuba que debe ser reivindicado, que debe ser resaltado, que debe ser bajo todas las circunstancias llamando la atención porque es una tradición que es vital para el país. Y Leal es hoy un buen ejemplo de ese humanismo revolucionario.

Yo quisiera recordar esto por lo siguiente: estamos también conmemorando, a nivel por lo menos de América Latina, el centenario de los movimientos de reforma universitaria. Y ese centenario de los movimientos de reforma universitaria llamó la atención sobre la importancia y la estrategia de convertir las universidades en centros no solo de saberes sino centros de desarrollo y de acción y de transformación social.

Cuba tiene un gran papel en los movimientos de reforma universitaria, no solo a escala de los cambios que trajo en el país, sino también a escala de los cambios que trajo en América Latina. Sobre este tema tendremos que hablar también a lo largo del año. Pero se sabe poco que Emilito Roig de Leuchsenring fue uno de los asesores de Julio Antonio Mella para el diseño del Primer Congreso Nacional de Estudiantes, que dio la tónica de audacia que tuvo este Congreso, que involucró no solo a los pocos universitarios que había en Cuba en los años ‘20, sino que involucró al movimiento de la Segunda Enseñanza. Y esa mancomunidad entre estudiantes universitarios y estudiantes de enseñanza media transformó el panorama político revolucionario en Cuba. Y eso está también en el legado que deja Emilito Roig de Leuchsenring.

¿Por qué he hablado de Emilito Roig de Leuchsenring? Porque no es solo Emilito Roig de Leuchsenring, nosotros aquí pudiéramos hablar de muchísimas otras figuras, pero, dada la cercanía intelectual que va a tener Leal con Emilito Roig de Leuchsenring, estas cosas son importantes.

Yo quisiera recordar lo siguiente: he hablado de libros, he hablado de ferias, he hablado de programas de radio. En 1936-37 Fernando Ortiz y Emilito Roig de Leuchsenring tenían un programa de radio que se llamaba Sensemayá para difundir el legado de los estudios afrocubanos. Y fueron gestores de convertir el anfiteatro de La Habana, que se inauguró el 20 de mayo de 1936, en un centro para difundir el legado de los descendientes de los esclavos en Cuba.

Y hablo de todo esto porque estamos moviéndonos en elementos de continuidad y de ruptura a partir de la continua utilización de las más modernas tecnologías de la comunicación. Es decir, Leal supera a su maestro Roig, porque no solo es un programa de radio sino que ya tiene una emisora, y también tiene medios audiovisuales.

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Cuando Leal hace Andar La Habana, ese programa, que es tan importante en la historia de la cultura cubana, como lo fue en su momento la Universidad del Aire, de Jorge Mañach– que no se menciona pero que hay que decirlo–, que fue un programa incluso que ganó premios internacionales educativos. Jorge Mañach con la Universidad del Aire, Emilito Roig de Leuchsenring haciendo el primer curso de Historia de Cuba, que no lo dicen por ahí, pero el primer curso de Historia de Cuba se dio por radio entre 1936 y 1937, con una particularidad, y es que participaron todas las corrientes de la historiografía cubana, incluida la de los que todavía eran estudiantes, como es el caso de José Antonio Portuondo, que no se había graduado en la Universidad pero que asumió todo el diseño cultural de aquel curso de Historia de Cuba y gracias al cual yo muchos años después pude enterarme de lo que había pasado.

Si hablo de todo esto es para que entendamos que Leal viene de una tradición, de una tradición bien incorporada, de una tradición viva, de una tradición que se modifica cada día para enriquecerse con nuevos frutos.

Pero quiero marcar algunos elementos personales. Decía Félix Julio con mucha razón que Leal es un autodidacta; pero Leal también representa la gran tradición de una intelectualidad que una parte de ella se formó por métodos autodidactas, sobre todo de los que venían de la cultura popular, sobre todo de los que venían de los medios de la pobreza.

Leal ejemplifica la tradición que pudiera ilustrar en el siglo XIX un hombre como Juan Gualberto Gómez. Leal es hijo de esa tradición, de esa tradición de los que no tenían dinero para cursar estudios pero que a esfuerzo personal y con la ayuda solidaria de otros intelectuales se hicieron a sí mismos.

Un hombre, y yo quisiera marcar esto, porque me llama mucho la atención. Hay quien dice que la pobreza solo engendra marginalidad, y eso es falso; la pobreza puede generar un hombre de una esmerada cultura, caballerosidad y gentileza, como es el caso de Leal. Leal es un buen ejemplo de cómo una familia pobre, humilde, puede formar a una persona con una cultura y con una educación y con una civilidad importantísimas. Y esos son valores que hay que recuperar. Porque ahora estamos en el facilismo: la pobreza es marginalidad. ¿Y por qué? Porque la pobreza puede generar decencia, puede generar civismo, puede generar patrones.

Por eso es tan importante hablar de ese tipo de humanismo que representa Leal; el humanismo de los que se hacen a sí mismos, el humanismo de los que se hacen a sí mismos y ayudan a los demás y ayudan a mejorar y a buscar la belleza. Cuando Leal dice que es un hombre que ama la belleza, a mí me recuerda algo que dice Martí en su homenaje a Mendive, cuando dice: “Era un hombre enamorado de la belleza”. Mendive hizo a Martí un hombre de la belleza, pero también Martí hizo a Leal un hombre enamorado de la belleza. Y esa belleza está en todo, en todas las esferas de la vida. Hay una espiritualidad que Leal representa y que representa los mejores valores de la sociedad, de la tradición cubana y de la intelectualidad cubana.

Por eso, me parece muy importante que haya recordado aquí Félix Julio cómo cuando Leal necesitaba ir a la Universidad, la tradición revolucionaria de los intelectuales cubanos que estaban en la Universidad en ese momento representada en un rector que se llama José Miyar Barrueco, rompió moldes –y el cuento lo sé por el propio Miyar, que me lo hizo a mí–, porque él estaba cumpliendo un encargo del Comandante en Jefe Fidel Castro de que la Universidad se tenía que abrir a todo el que quisiera ir. Entonces Chomy, como gestor del cumplimiento de ese deseo de Fidel, encontró las fórmulas nada tradicionales, formas audaces para que Leal pudiera entrar en la Universidad.

Pero es muy interesante lo siguiente: algunos de los que avalaron a Leal también eran buenos ejemplos de esa tradición, como José Luciano Franco. José Luciano Franco, cuando empezó a trabajar con Emilito Roig de Leuchsenring en la Oficina del Historiador, no tenía título universitario, y sin embargo Emilito no tuvo con eso ningún problema. Y también la historia la sé porque me lo contó Ángel Augier, que fue otro de los que trabajó. Y también Augier me contó que fue el caso de Guillén. Todos esos hombres que ayudaron a formar la Oficina del Historiador ninguno tenía título universitario ni siquiera, y cobraban como oficinistas porque era lo único que se podía pagar. Pero a todos Emilito les abrió la puerta para que investigaran. Y por eso estoy diciendo esto. Es yo diría que altamente interesante que José Luciano Franco fuera uno de los que avalaran los saberes de Leal, como otro de los que avalaron los saberes de Leal fue Juan Marinello, que es un hombre al que hay que recordar mucho este año porque estuvo unido todo el tiempo al movimiento de reforma universitaria desde su hermano Félix hasta ser el rector de la ley de reforma universitaria.

 

Foto tomada de Juventud Rebelede

Foto tomada de Juventud Rebelde

 

 

Todos ellos avalaron el trabajo de Leal. ¿Y por qué están avalando el trabajo de Leal? Porque hay una tradición del humanismo revolucionario cubano, que se está manifestando en cada uno de ellos y que saben que hay que ayudar a Leal. Ellos ayudaron a Leal –y aquí voy a entrar en mi testimonio–, pero Leal, sin ser graduado universitario, de hecho ayudaba a la docencia universitaria en mi Facultad. Yo la primera imagen que tengo de Leal es de finales de los años ’70 o ’71 –no recuerdo– cuando estudiamos Arte Cubano con Yolanda Aguirre.

Yolanda Aguirre daba el Arte Cubano aquí en una Habana que estaba en ruinas; pero yo recuerdo a Leal explicando qué cosa era la cerámica de Talavera, y explicando qué era el Palacio de la Obra Pía cuando allí lo único que había era muchos palos y estaba cayéndose el edificio. Y eso no lo cobraba él, en ese momento en la Universidad nadie cobraba nada. Es decir que Leal era profesor honorario ayudante de Yolanda Aguirre, y sencillamente lo hacía por el amor a enseñar.

Esa es la primera imagen que tiene mi grupo de Leal. Es decir, es un hombre que se inscribió en una tradición universitaria, es un hombre que ayudó –y lo que voy a decir lo sabe muy bien Eduardo– a salvar el museo universitario. Cuando se pensaba que no se iba a poder salvar un museo universitario, Leal hizo posible, y ahí está, la existencia de un museo universitario, que fue uno de los grandes sueños de un amigo común de Eduardo y mío que fue Luis Felipe Le Roy. Es decir, Leal ha ayudado a salvar, es una figura imprescindible no solo por la creación del Colegio San Gerónimo, sino que la mano de Leal está detrás de muchos elementos de la conservación del patrimonio de la Universidad de La Habana. En momentos difíciles, en momentos de desencuentros, en momentos de burocracia, Leal ha estado ayudando a la Universidad. Por eso lo de San Gerónimo es un momento de una larga evolución.

Pero yo no quiero alargar mucho mis palabras. Yo creo que Leal representa un nuevo tipo de humanista revolucionario que generó el proceso del ’59. Leal es una de las mejores expresiones de lo que es la Revolución cubana a partir del ’59, que le dio acceso a las clases populares a la Universidad, pero no solo acceso a la Universidad –y aquí voy a citar lo que se decía que decía Orestes Ferrara; Orestes Ferrara decía que los tranvías también pasaban por la Universidad–, no es pasar por la Universidad, es que Leal es un buen ejemplo de cómo la Universidad forma intelectuales o ayuda a formar intelectuales.

Pero hay un punto importante que tiene que ver con la autoconciencia. Araceli mencionaba la palabra patriotismo. Leal es un buen ejemplo de patriotismo y de humanismo revolucionario, porque ser revolucionario es ser también un hombre capaz de transformar con todos sus tipos de saberes la sociedad en que vive. Y por eso es que Leal es un humanista revolucionario, que hereda toda la tradición revolucionaria de Cuba desde el siglo XVIII. Y eso hay que anotárselo. No lo hace con mímesis; lo hace con creatividad, lo hace con audacia, que son algunos de los valores que también tienen que tener los revolucionarios: audacia para hacer, audacia para polemizar, audacia para discutir.

Yo me siento muy honrada de estar en este panel y poder decir públicamente todo esto que estoy diciendo aquí. Leal es un buen ejemplo que nosotros tenemos que exaltar de lo que deben ser las mejores virtudes de un revolucionario; un revolucionario que accede cada día a nuevos saberes, un revolucionario que accede cada día a lo que yo llamaría la socialización de cada uno de los saberes y de los conocimientos.

Una vez, conversando con una intelectual brasileña que me tocó atender, sobre Fernando Ortiz, que quería saber, me dijo: “A mí me asombra, yo no puedo entender por qué Fernando Ortiz, que sí es un gran científico, era un hombre popular. En Cuba hay gente que no se ha leído nada de Fernando Ortiz, pero sabe que él es el hombre del ajiaco y sabe dónde vive.” Entonces esa idea a mí me llamó mucho la atención, por qué aquella mujer me decía que hay intelectuales que son importantes pero que no eran populares. Leal es un buen ejemplo de una intelectualidad popular. Vayan por la calle Obispo, vayan por la calle Oficios, y ustedes verán que la gente no le dicen ni Leal ni doctor, le dicen Eusebio. Eusebio es un mito. Y entonces eso nos está enseñando algo importante, y algo que Eusebio también aprendió de uno de sus grandes maestros, que fue Fidel. A Fidel en el ’59 nadie le decía Comandante ni Primer Ministro; le decían Fidel. Como él mismo le dijo a Pino Santos: “Mira, todo el mundo me tutea, todo el mundo me dice Fidel, todo el mundo me brinda su casa porque piensan que yo no tengo casa.” Eso es verdad, eso lo cuenta Antonio Núñez Jiménez.

Si estoy hablando de esto es por lo siguiente: yo creo que también uno de los grandes maestros de este trabajo intelectual popular es Fidel Castro. ¡Leal es un buen hijo de Fidel Castro! (APLAUSOS) Y Leal es un buen hijo de Fidel Castro porque Leal aprendió con Fidel la importancia de atender a las personas.

 

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Foto: Archivo de Cubadebate.

 

Yo recuerdo que un día a mí me dijo Armando Hart una cosa, me dijo que cuando él fue a ser Ministro de Educación, él no sabía lo que tenía que hacer, y él, conversando con Fidel, Fidel le dijo: “Oye a la gente, cuando la gente te venga a hablar, óyela, trata de entender qué es lo que necesita.”

Y ya sabemos que Fidel puso la pica en Flandes con el famoso cuento con Sartre. Sartre le dijo un día a Fidel: “¿Y si una persona le pide la Luna, qué usted haría?” Dice: “Bueno, lo pensaría porque si la pide es porque a lo mejor la necesita.” Y esa historia hizo famoso un libro que publicó una intelectual de la derecha francesa contraria a Sartre, que se llama así, El caudillo y la Luna. Fidel dice que si la gente pide la Luna es por algo, debe ser que la necesita. Eso mismo que le dijo Fidel a Sartre se lo dijo a Hart.

Y en ese sentido, Eusebio es un digno hijo de Fidel, de oír a la gente, de entender a la gente y de solidarizarse con los problemas de la gente. Y esa es una de las tareas de los humanistas revolucionarios. A veces no es tanto escribir tanto libro como sentir que está compartiendo una solidaridad espiritual con la gente. Por eso me gustó mucho esa cita que hizo Félix Julio de Cintio, que también era un hombre de esos, y Fina, que también son personas de ese tipo. Ese humanismo revolucionario que tenemos que defender a capa y espada frente a modelos que están hablando de una intelectualidad que niega los mejores valores de una tradición de solidaridad y de compartir lo que se tiene, sean saberes, sean experiencias, con las personas de todos los grupos sociales.

Por eso es que este homenaje es tan justo, y por eso es que Leal debe seguir siendo un paradigma para la sociedad cubana.

Muchas gracias.

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