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Iván Pastrana y su Sonora de La Habana

14 de junio de 2023

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Ángel Ferrera: Hoy, en nuestra revista Se dice cubano, queremos presentar una excelente agrupación musical cubana: Iván Pastrana y su Sonora de La Habana. Tendremos el placer de poder conversar con Iván y de disfrutar algunas de las interpretaciones de La Sonora de La Habana. Bienvenido a Se dice cubano, una revista que consagramos a lo mejor de la música cubana.

 

Iván Pastrana: Muchas gracias por la invitación.

 

AF: Me gustaría, Iván, que nos hablaras sobre la historia de La Sonora de La Habana. ¿Cuándo surge?, ¿quién la funda?

 

IP: La Sonora de La Habana es un proyecto joven, con menos de un año de fundado. Sin embargo, la mayoría de sus músicos cuentan con una vasta carrera dentro de la música cubana.

Se me ocurre la idea de fundar una agrupación de este tipo y, para ello, convoqué a músicos que me permitieran nutrirme, constantemente, de sus experiencias con el estilo que pretendo defender; músicos que vivieron, décadas atrás, el momento en que la sonora fue el formato musical más popular de la Isla.

 

AF: ¿Pudiste contactar con alguna de esas personas?

 

IP: Sí, pude contactar con ellos —yo llevaba tiempo trabajando en algunos espectáculos relacionados con el Buena Vista Social Club—. Puedo afirmar que cada rato que uno pueda intercambiar con una de estas personas representa más aprendizaje que un año de escuela.

 

AF: Sin duda, ese es el mejor magisterio.

 

IP: Estuve alrededor de diez años trabajando en espectáculos, como El Bar de Buena Vista, por ejemplo. Compartir con estas personas, escuchar sus anécdotas, hizo que me enamorara de ese sonido y que aprendiera más de la música cubana de la década de los cincuenta, época en que fue protagonista de los grandes salones, en Cuba y en otros países también.

 

AF: O sea, tuviste un estrecho vínculo con los hacedores del Buena Vista Social Club.

 

IP: Sí, con mucho de ellos. Pudiera mencionar nombres como Teté García Caturla, Reinaldo Creagh, quien procedía de la vieja trova santiaguera y cantó con nosotros hasta los noventa y seis años; el señor Julio Fernández, quien fue voz prima del grupo de Compay Segundo durante muchos años; el maestro Rubalcaba, al piano, y muchos otros músicos.

 

AF: ¿Llevas en los genes el amor por la música?

 

IP: Sí. Mi padre fue un músico aficionado. Amaba la música y nos inculcó ese sentimiento a mi hermano y a mí. Crecimos escuchando todo el repertorio que ponían en Alegrías de sobremesa, y escuchando al Benny, la Orquesta Aragón y a todos los clásicos de la música cubana.

 

AF: ¿Estudiaste música?

 

IP: No inicialmente. Si bien desde niño estuve en agrupaciones de aficionados —recuerdo que con cinco o seis años me subí al escenario a tocar las claves con el grupo de mi padre—, estudié Ingeniería Automática. Pertenecí al movimiento de artistas aficionados de la Cujae, con una agrupación llamada Patente Habana. Fuimos Premio Nacional de la FEU y viajamos a varios países de Europa, a través de la Asociación Hermanos Saíz. Me gradué como Ingeniero en Automática, pero pertenecer a ese grupo fue lo que determinó la decisión de dedicar mi vida a la música.

 

AF: Todo esto te brindó no solo la experiencia, sino también los conocimientos requeridos para que, tiempo después, te dispusieras a crear tu propia agrupación.

 

IP: El camino fue largo. He tocado en muchas agrupaciones, de todos los géneros, desde María Victoria Rodríguez y su Grupo, por ejemplo —excelente cantante y amiga con la que compartí varios años haciendo música campesina—, hasta Lazarito Valdés y Bamboleo.

 

AF: ¿Eres tresero?

IP: Sí. Ahora toco el cuatro, pero sigo siendo tresero.

 

AF: El cuatro no es un instrumento típico de la música tradicional cubana.

 

IP: Exacto, pero yo toco el cuatro cubano, que es, básicamente, el tres con un par de cuerdas añadidas; o sea, cuatro pares de cuerdas, que hacen la misma función del tres. De hecho, esto es algo que yo hice por mi cuenta, sin saber que ya se había hecho en el oriente del país, con el objetivo de ampliar el registro armónico del instrumento.

 

AF: Me recuerdas a Compay, que inventó lo que él denominó «el armónico».

 

IP: Eliades también tiene sus guitarras con otras cuerdas por el medio.

 

AF: Iván, hablemos de la sonora. Decíamos que es un formato que tiene una historia en la música popular cubana —también existen excelentes sonoras en muchos países de nuestra América—. Me gustaría que explicaras a los oyente, sobre todo a los más jóvenes, ¿qué elementos caracterizan una sonora y qué la diferencia de otro tipo de agrupación?

 

selec (Mediano)

 

IP: La sonora es un formato cerrado; es una fórmula. Nace a partir de la evolución del septeto, al añadírsele la segunda trompeta. Al inicio, la sonora tenía tres guitarras y dos trompetas, pero rápidamente se le introdujo el piano, con lo que se alejó de la sonoridad del septeto. La diferencia eso. Por otro lado, mientras en el septeto, a veces, hay un solo percusionista —el bongosero—, y cuando este coge la campana, se pierde un poco la percusión, la sonora puede contar con tumbadora y bongó o tumbadora y timbal. Incluso, en otros países las sonoras tienen un solo músico que toca el timbal, o la paila, y el bongó. Cuando se interpreta un bolero, por ejemplo, el hombre tiene una especie de paila pequeña, con parte de cuero, como el bongó, y hace toda la parte del bongó, y los cierres y los abanicos, en el timbal. O sea, generalmente, son dos percusionistas y dos trompetas. Eso es una sonora.

Aquí en Cuba la evolución fue rápida y llegamos al conjunto, que puede tener tres o cuatro trompetas. En el conjunto, la armonización de las trompetas es más compleja y se realiza en forma de bloque, siguiendo la armonía norteamericana que se puso de moda en aquella época. La sonora es un formato más fresco; no es grande, pero si se aprovechan bien los recursos que tiene, suena redondo, «suena macho», como suelen decir los músicos cubanos.

 

AF: ¿Tiene un cantante líder la sonora?

 

IP: En nuestro caso, más de un cantante. Antes, quisiera decir que resulta imposible hablar de sonora sin mencionar La Sonora Matancera, que tuvo numerosos cantantes. La Sonora Matancera era la orquesta base por naturaleza; en cada uno de sus discos, y en su labor diaria, se producía un desfile de estrellas. Músicos y cantantes de Puerto Rico, México, Argentina, Venezuela, y otras partes de mundo, venían a colaborar y grabar con ella, desde Daniel Santos hasta Bienvenido Granda.

Nosotros, en La Sonora de La Habana decidimos, para arrancar, grabar con varios cantantes. Por fortuna, contamos con el apoyo de muchas personas, que se interesaron en participar y colaborar con nuestro proyecto. Hasta el momento, hemos trabajado con cuatro cantantes. Tenemos a José Antonio Rodríguez «Pepitín», un sonero maravilloso, joven, pero con una trayectoria significativa en la música tradicional, y al maestro José Luis Arango «El Galeón», una joya de la música cubana. En las voces femeninas, contamos con Idra María Roca, la sonera de Tropicana, quien ha tenido una extensa labor como cantante y miembro de espectáculos durante más de veinticinco años, y con una joven y talentosa muchacha, llamada Lisandra.

 

AF: ¿Aún no tienen su primer disco?

 

IP: Aún no tenemos nuestro primer disco. Hicimos un demo de cuatro temas. En realidad, lo primero que grabamos fue «Chan Chan», un clásico y un himno en el mundo entero; lo hicimos con Arango, Idra y Pepitín: cada uno grabó una estrofa y, a partir de ahí, empezamos a probar el contraste entre las voces. Luego, hicimos cuatro temas más: tres de mi autoría y «Niebla de riachuelo», interpretada sensacionalmente por el maestro Arango. Decidimos incluir esta icónica canción para darle el sello de los años cincuenta. Actualmente, estamos trabajando para completar el disco; quedarían cinco temas más por grabar.

 

AF: Estos temas que refieres son precisamente los que hemos estado compartiendo en esta emisión. Iván, en cuanto al repertorio, sé que ustedes incorporan temas tradicionales, antológicos, de la música cubana, pero también hay un repertorio nuevo. ¿Eres compositor?

 

Iván Patrana

IP: Sí, soy compositor, prácticamente desde niño. Mi padre también era compositor y poeta repentista. Siempre digo que uno puede dedicar la vida a todo lo que estudia y aprende, pero hay cosas básicas con las que se nace, y a las que siempre, de una forma u otra, regresamos. Componer es uno de esos ámbitos en los que me siento plenamente cómodo. Hago letra, música y arreglos.

 

AF: ¿Compones música bailable, fundamentalmente, o también otros géneros, como el bolero, por ejemplo?

 

IP: La mayor parte de mi repertorio corresponde a la música bailable, pero muchas veces compongo temas que sé que no tendrán cabida en mi agrupación. Yo pienso que el compositor debe ser sincero con él mismo y con su obra; por tanto, no intento convertir una cosa en otra, aunque luego haga versiones de la idea original. Asumo y plasmo la idea tal cual dicta la inspiración, sea una cumbia, un reguetón, un merengue o, incluso, algún género que no conozca mucho.

 

AF: ¿Qué te inspira?

 

IP: A mí me inspira la vida, con todos sus matices, sus dolores y sus alegrías. He compuesto canciones muy tristes, que ni siquiera he podido revisar o cantar después, porque evocan vivencias personales dolorosas. Tengo canciones dedicadas a mis padres, por ejemplo, ya fallecidos. El amor es otro tema recurrente en mis obras; los múltiples tipos de amor. Pues esas son las cosas que me inspiran.

También he compuesto por encargo. A veces me han pedido un danzón, por solo mencionar un caso, y me encierro una semana a escuchar a Antonio María Romeu y su orquesta, y a estudiar y a analizar… Todo eso tributa al proceso creativo.

 

AF: ¿La Sonora de La Habana tiene ya algún espacio en la ciudad?

 

IP: Nos hemos presentado en algunos lugares. Por ejemplo, en el Anfiteatro de La Habana Vieja, hicimos un convierto en vivo; se trata de una excelente locación y su equipo de trabajo nos apoyó mucho. Pero, en realidad, estamos enfocados en grabar. Lo necesitamos. Antes, una orquesta podía contar con una trayectoria de diez años sin haber grabado nunca un disco, pero ahora la vida ha cambiado y las dinámicas de la industria son distintas.

Nuestro proyecto, aún muy joven, reitero, está integrado por músicos a los que fui conociendo a lo largo de mi carrera profesional: coincidimos, hubo empatía, afinidad en gustos y maneras de entender la música, y dijimos que algún día íbamos a trabajar juntos. Fue así como sucedió.

Luego, un día, durante la pandemia —periodo desolador y triste, por las numerosos vidas que se perdieron, pero que nos obligó, también, a pensar y crear para sobrevivir—, un amigo me convocó a hacerle un tema pensado para una sonora. Comencé a estudiar mucho y me enamoré de ese sonido. Ahí surgió la idea de crear una agrupación de este tipo.

Entonces, como dije anteriormente, hemos estado grabando primero. Tenemos ya estos temas y comenzamos a difundirlos. A propósito, quiero agradecer al programa por brindarnos un espacio para el lanzamiento oficial de La Sonora de La Habana. Quiero decir a todos los oyentes que la exclusiva la tiene este programa.

Queremos formar parte del patrimonio en esta ciudad. Hemos investigado y no existe registro de una sonora de La Habana. Nos interesa, por tanto, que nuestra ciudad tenga su propia sonora, tal como sucedió en otras zonas del país —cabría mencionar no solo La Sonora Matancera, sino también La Sonora Corazón, de Jesús Bello, en el centro el país, y La Sonora la Calle, en Santiago de Cuba—. Es también un homenaje, porque, en gran medida, el desarrollo que tuvo esa música en los años cincuenta se lo debió a La Habana. Recuerdo que el difunto Elpidio Chapotín me decía que, en los años cincuenta, los músicos cubanos no tenían ansia por viajar afuera, porque todo el mundo quería venir a La Habana, a tocar, compartir y grabar con nuestros músicos, con el Benny, Pérez Prado, La Sonora Matancera… Se trata, entonces, de un tributo que le hacemos a la música de esos años y a la ciudad en la que brilló. Po eso, La sonora de La Habana.

 

AF: Más allá de los proyectos, ¿con qué sueña Iván Pastrana?

IP: Yo creo que todo compositor sueña con trascender. Sería maravilloso que al menos una de tus obras trascienda tu tiempo de vida. A veces escucho una canción famosa de alguien que, quizás, compuso cien —como es mi caso, pues tengo alrededor de cien obras registradas—, y me emociono. La composición es una necesidad de transmitir lo que piensas y sientes, y, para completar ese proceso, hay que llegar al oyente. Que una de tus obras sea escuchada y conocida por la mayor cantidad de personas posibles, y que sirva para enamorarse de aquí a veinte años o para dar un mensaje de aliento en un momento difícil, es algo significativo.

 

AF: Gracias, Iván. Hemos estado escuchando algunas de las de las piezas que trajiste para difundir. ¿Cuál prefieres para la despedida? Y, si puedes, habla un poco a los oyentes sobre tu elección.

 

IP: Uno quiere por igual a todas sus obras. No obstante, como hemos escuchado temas míos durante el programa y como hemos subido la temperatura con géneros bailables, propongo, para despedir al programa, recordar los años gloriosos de la música cubana que estamos tratando de rescatar, con «Niebla de riachuelo», en voz del gran maestro José Luis Arango y con arreglos para la Sonora de La Habana. Quiero dedicársela a mi padre. El día que estábamos grabando, le dije a mi hermano Alejandro: «si mi padre estuviera vivo, caería de rodillas al oír cómo suenan estas trompetas». A mí y a mi hermano, quien también es miembro de La Sonora y me acompaña en este sueño, nos gustaría dedicarle «Niebla de riachuelo».

 

AF: Un momento sumamente emotivo, desde el punto de vista personal para ti, pero pienso que es uno de esos temas que nos estremece a todos. «Niebla de riachuelo», al estilo de Iván Pastrana y su Sonora de La Habana.

 

IP: Muchas gracias.

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