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Gordillo: clave y salvaguarda

7 de diciembre de 2017

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Fotos: Alexis Rodríguez

 

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Los dos últimos años han sido de febril intensidad para Francisco Gordillo, graduado de la Academia de Artes de San Alejandro, en 1988, y quien desde los mismos inicios apostó por un tema que tiene “muchas aristas y posibilidades”: las religiones de origen africano y, específicamente, con los asuntos relacionados con el panteón yoruba.

Gordillo, durante el último semestre de presente 2017, realizó una exposición en el Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño –más conocido como Luz y Oficios, enclavado en la zona antigua de La Habana– y esa muestra le permitió “hablar de todos los temas: de la paz, de la mujer, del futuro porque la religión yoruba posee una filosofía muy profunda que propicia escudriñar en las esencias”.

 

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Una de las características del quehacer de este artista es que la palabra, las oraciones, las sentencias, forman parte de la obra y –según comentó en conversación exclusiva con el espacio Luces y Sombras de Habana Radio– “la oralidad es un componente indispensable que posee una gran fuerza”.

A partir de esa exposición de Luz y Oficios, Gordillo fue invitado a dar continuidad a un proyecto auspiciado por la embajada de Alemania en La Habana; esa sede diplomática adquirió dos esculturas –dos osos que permanecerán de manera permanente en la Isla– similares a los expuestos en la Plaza de San Francisco de Asís, en La Habana, y que desde hace unos años recorren el mundo en franco llamado a la necesidad de la paz mundial y la hermandad entre las naciones. Uno de esos osos fue intervenido por el artista de la plástica Carlos Guzmán y el otro fue entregado a Gordillo, quien hace muy poco lo concluyó.

“Me pidieron que hiciera un boceto para entender cómo iba a quedar finalmente la pieza –afirma Gordillo–, pero esa no es mi manera de crear; me gusta trabajar a partir de la marcha, porque así la propia obra me va guiando, me va diciendo qué camino debo tomar, qué simbología y qué código emplear”.

 

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El oso es muy esbelto y tiene los brazos hacia arriba, abiertos, por lo que el creador decidió empezar a trabajar “con el color rojo para luego llevarlo al púrpura, que es una manera simbólica de absorber la energía y atraerla hacia la tierra”.

Revela que se considera un pintor colorista –incluso en una etapa inicial apostó por el paisaje–, pero su profesora, la destacada pintora Rocío García, le ayudó a concebir su propia paleta y a componer con el color: “esas búsquedas, poco a poco, te van llevando a la síntesis y cuando trabajas un tema como el mío, se imponen los ocres y los sienas. Ahora, por ejemplo, estoy trabajando con borra de café y con hojas de tabaco y eso hace imposible colocarle color porque se pierde la intención, y lo que más me interesa es que sobresalga la textura”.

 

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Gordillo posee muy poca experiencia con el volumen –solo algunas piezas cerámicas– por lo que asumir el proyecto tridimensional “fue un reto porque hay que lograr una coherencia, una armonía, para que la pieza sea vista como una unidad”, enfatizó.

Admirador de los pintores cubanos Wifredo Lam, Manuel Mendive y Pedro Pablo Oliva, Gordillo sigue creando en La Habana, con la certeza que afianzarse en las deidades del panteón yoruba son clave y salvaguarda.

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