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Fidel, el eco de su luz

25 de noviembre de 2020

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La acción y el pensamiento del Comandante en Jefe Fidel Castro han sido fuente de inspiración de poetas de dentro y fuera de la Isla.

Son numerosos los textos que, a lo largo del tiempo, se han escrito como testimonio de admiración y respeto a su obra y su ejemplo.

Poemas que rinden homenaje a un hombre que no solo transformó los destinos de nuestra patria, sino también del mundo que le tocó vivir.

Volvamos a leer, en el cuarto aniversario de la desaparición física del aguerrido comandante, algunos de esos poemas que nos devuelven el eco de su luz.


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Canto a Fidel

 

Vámonos,
ardiente profeta de la aurora,
por recónditos senderos inalámbricos
a liberar el verde caimán que tanto amas.

 

Vámonos,
derrotando afrentas con la frente
plena de martianas estrellas insurrectas,
juremos lograr el triunfo o encontrar la muerte.

 

Cuando suene el primer disparo y se despierte
en virginal asombro la manigua entera,
allí, a tu lado, serenos combatientes,
nos tendrás.

 

Cuando tu voz derrame hacia los cuatro vientos
reforma agraria, justicia, pan, libertad,
allí, a tu lado, con idénticos acentos,
nos tendrás.

 

Y cuando llegue al final de la jornada
la sanitaria operación contra el tirano,
allí, a tu lado, aguardando la postrer batalla,
nos tendrás.

 

El día en que la fiera se lama el flanco herido
donde el dardo nacionalizador le dé,
allí, a tu lado, con el corazón altivo,
nos tendrás.

 

No pienses que puedan menguar nuestra entereza
las decoradas pulgas armadas de regalos;
pedimos un fusil, sus balas y una peña.
Nada más.

 

Y si en nuestro camino se interpone el hierro,
pedimos un sudario de cubanas lágrimas
para que se cubran los guerrilleros huesos
en el tránsito a la historia americana.
Nada más.

 

Ernesto Che Guevara (Rosario, Argentina, 1928-La Higuera, Bolivia, 1967)


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Fidel

 

Fidel,
el nombre de Cuba lleva
por siempre en el pecho fiel.

 

Fidel,
fue quien levantó la gleba
hasta el mirto y el laurel.

 

Fidel,
el que alzó una patria nueva
sin odio, crimen, ni hiel.

 

Fidel.

 

Nicolás Guillén (Camagüey, 1902-La Habana, 1989)


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A Fidel Castro

 

Fidel, Fidel, los pueblos te agradecen
palabras en acción y hechos que cantan,
por eso desde lejos te he traído
una copa del vino de mi patria:
es la sangre de un pueblo subterráneo
que llega de la sombra a tu garganta,
son mineros que viven hace siglos
sacando fuego de la tierra helada.
Van debajo del mar por los carbones
y cuando vuelven son como fantasmas:
se acostumbraron a la noche eterna,
les robaron la luz de la jornada
y sin embargo aquí tienes la copa
de tantos sufrimientos y distancias:
la alegría del hombre encarcelado,
poblado por tinieblas y esperanzas
que adentro de la mina sabe cuando
llegó la primavera y su fragancia
porque sabe que el hombre está luchando
hasta alcanzar la claridad más ancha.
Y a Cuba ven los mineros australes,
los hijos solitarios de la pampa,
los pastores del frío en Patagonia,
los padres del estaño y de la plata,
los que casándose con la cordillera
sacan el cobre de Chuquicamata,
los hombres de autobuses escondidos
en poblaciones puras de nostalgia,
las mujeres de campos y talleres,
los niños que lloraron sus infancias:
esta es la copa, tómala, Fidel.
Está llena de tantas esperanzas
que al beberla sabrás que tu victoria
es como el viejo vino de mi patria:
no lo hace un hombre sino muchos hombres
y no una uva sino muchas plantas:
no es una gota sino muchos ríos:
no un capitán sino muchas batallas.
Y están contigo porque representas
todo el honor de nuestra lucha larga
y si cayera Cuba caeríamos,
y vendríamos para levantarla,
y si florece con todas sus flores
florecerá con nuestra propia savia.
Y si se atreven a tocar la frente
de Cuba por tus manos libertada
encontrarán los puños de los pueblos,
sacaremos las armas enterradas:
la sangre y el orgullo acudirán
a defender a Cuba bienamada.

 

Pablo Neruda (Parral, Chile, 1904-Santiago de Chile, 1973)


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Canto a Fidel

 

No voy a nombrar a Oriente,
no voy a nombrar la Sierra,
no voy a nombrar la guerra
–penosa luz diferente–,
no voy a nombrar la frente,
la frente sin un cordel,
la frente para el laurel,
la frente de plomo y uvas,
voy a nombrar toda Cuba,
voy a nombrar a Fidel.

 

Ese que para en la tierra
aunque la Luna le hinca,
ese de sangre que brinca
y esperanza que se aferra;
ese clavel en la guerra,
ese que en valor se baña,
ese que allá en la montaña
es un tigre repetido
y dondequiera ha crecido
como si fuese de caña.

 

Ese Fidel insurrecto
respetado por las piñas,
novio de todas las niñas
que tienen el sueño recto.

 

Ese Fidel –sol directo
sobre el café y las palmeras–;
ese Fidel con ojeras
vigilante en el Turquino
como un ciclón repentino,
como un montón de banderas.

 

Por su insomnio y sus pesares,
por su puño que no veis,
por su amor al veintiséis,
por todos sus malestares,
por su paso entre espinares
de tarde y de madrugada,
por la sangre del Moncada
y por la lágrima aquella
que habrá dejado una estrella
en su pupila guardada.

 

Por el botón sin coser
que le falta sobre el pecho,
por su barba, por su lecho
sin sábana ni mujer
y hasta por su amanecer
con gallos tibios de horror;
yo empuño también mi honor
y le sigo a la batalla
con este verso que estalla
como granada de amor.

 

Gracias por ser de verdad,
gracias por hacernos hombres,
gracias por cuidar los nombres
que tiene la libertad…

 

Gracias por tu dignidad,
gracias por tu rifle fiel,
por tu pluma y tu papel,
por tu ingle de varón.
Gracias por tu corazón.
¡Gracias por todo, Fidel!

 

Carilda Oliver Labra (Matanzas, 1922-2018)


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Fidel

 

Es cierto que los poetas
atrapan instantes de la vida
y los fijan en la historia
Generalmente el pasado
vago y nostálgico
O el presente inmediato con sus fuegos sutiles
y sus reverberaciones
Pero qué difícil atrapar el futuro
y colocarlo para siempre
en la vida de todos los poetas,
de todos los hombres.

 

Miguel Barnet (La Habana, 1940)


índice

 

Fidel

 

Tú eres la lluvia que colma el tiempo,
la señal de plazas y campos,
la zona de luz,
insurrecto corazón ardiente.

 

Con el Che, Camilo y Celia
juraste alcanzar la victoria
o hallar la saga de la muerte.

 

Entre montes y desiertos
forjaron murallas
de milicianos y juncos.
El viento sopló a tu favor.
Isla de Martí liberada.
Flor, acero y pólvora.
Tu Cuba sigue contigo, Fidel.

 

Y esta mujer te canta.

 

Rosina Valcárcel Carnero (Perú,1947)


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Fiel

a Fidel Alejandro
y a aquella paloma
¿de mi palomar?

 

…cuando a los vientos
de Norte y Sur vertió su voz sagrada,
la estrella como un manto, en luz lo envuelve.
JOSÉ MARTÍ

 

Hacia las fuentes,
al pan de la memoria
palma real (índice, amparo y fruto;
luego aceite y licinia destramada: lumbre de esta miga
blanquísima)
ante la sombra de las centurias,
las palomas acuden al eco de tu luz.

 

Juana García Abás (La Habana, 1950)

 

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