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Eusebio Leal Spengler: “arte entre las artes”

3 de agosto de 2020

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Foto: Alexis Rodríguez

Foto: Alexis Rodríguez

 

“Tú eres una roca”, aseguró el Historiador de la Ciudad de La Habana, Eusebio Leal Spengler al artista Eduardo Roca Salazar, Choco, en las palabras de presentación del catálogo del Premio Nacional de Artes Plásticas (2017), en enero del 2019.

 

Foto: Alexis Rodríguez

Foto: Alexis Rodríguez

 

La amistad entre ambos y con otros creadores de Cuba resultó un aspecto de su vida conocido por las mayorías. Por televisión, vimos en fecha reciente las declaraciones de Choco sobre los vínculos que unieron a estas dos figuras de la cultura cubana. La presencia del intelectual cubano, fallecido este 31 de julio, en exposiciones y otras actividades se volvió cotidiano y recurrente. El arte, para el Premio Nacional de Historia, significaba un aliento de vida, una manera de potenciar la belleza y el don de la apreciación. Ya lo afirmó José Martí “ser cultos para ser libres”.

Con el principio de impulsar una “ciudad viva” –nunca apostó por los territorios museos que almacenan olvidos–, el Doctor Leal Spengler construyó un templo para las artes en su máxima expresión. En la parte más antigua de La Habana inauguró centros musicales, galerías, teatros, espacios para la creación y la literatura en su estado más impoluto.

 

Foto: Alexis Rodríguez

Foto: Alexis Rodríguez

 

Gracias a Leal, la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís se convirtió en sede para los ensayos y presentaciones de la Camerata Romeu. A su vez, destinó sitios para los estudios talleres de Pedro Pablo Oliva, Flora Fong, el propio Choco y otros creadores. De esa forma, el Centro Histórico creció en cultura, en conocimientos y en esplendor. Quien recorra sus calles podrá apreciar el arte que permanece entre sus adoquines, como el legado más fidedigno de su protector mayor.

El proyecto de las Aulas Museos cobró vida por su capacidad y la de otros profesionales de la Oficina para saber que en las nuevas generaciones está el progreso y el futuro inmediato. Por ello, los estudiantes de primaria toman clases en sitios a los que iban solo en visitas, de vez en cuando. Así crecería, desde temprano, su interés por el patrimonio y la pasión de restaurar, de devolverle el encanto a un determinado lugar u objeto. El Historiador siempre estuvo orgullo de caminar por la parte más antigua de la capital y encontrarse a los alumnos entrando y saliendo de los Museos, de manera continua.

 

o: Néstor Martí

Foto: Néstor Martí

 

Cuando La Habana Vieja se encontraba en estado deplorable y nadie quería asentar un negocio en esa localidad, Eusebio tuvo paciencia para ver los resultados y no desalentarse con la realidad de aquellos tiempos. Abrió el camino a las formas de gestión no estatal para artesanos, peluqueros, dependientes de restaurantes y otros oficios con el propósito de embellecer, juntos, la antigua villa de San Cristóbal. Nunca fue tarea de uno solo, aunque sí era la figura principal. Hoy, el contexto es inspirador y fructífero para cualquier actividad comercial, social y cultural.

Los 365 días del año, la Oficina promueve encuentros culturales para diversos públicos: niños, adolescentes, adultos y personas de la tercera edad, además de proyectos inclusivos como Cultura entre las Manos, el Andar Somos Uno, entre otras propuestas que llegan como un mensaje de conocimiento y muchas veces se convierten, a nivel personal, en la oportunidad para dejar atrás la rutina y generar nuevos bríos.

 

Foto: Alexis Rodríguez

Foto: Alexis Rodríguez

 

Con el tiempo, la ciudad aumentó en colores, en música, y por tanto creció en alegrías. Estatuas vivientes formaron parte de su paisaje habitual, los zanqueros salen cada tarde con vestimentas exóticas y tambores, las vendedoras ambulantes lucen sayas largas y productos que brindar, pequeñas agrupaciones interpretan canciones del repertorio insular; la otrora villa, gracias a Eusebio, es un lugar para deleitarse con la maravilla.

Ver al Historiador de la Ciudad de La Habana andar con paso firme en el Centro Histórico se volvió cotidiano en el día a día. Nunca necesitó guardaespaldas ni protectores, aunque siempre estuvo acompañado por especialistas de la Oficina, gente que lo quiso demasiado como el pueblo cubano.

El hombre que dedicó su vida por completo al patrimonio, a desentrañar las luces y las sombras de su tierra no ha muerto, sigue aquí tan accesible y emblemático como el patrimonio que nos legó.

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