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Estreno de primera misa compuesta por un trovador cubano

24 de mayo de 2013

Por Germán Piniella


Bajo el título de “Misa Trovera del Abandonado” tuvo su estreno el pasado sábado 11 de mayo, en la iglesia de San Juan de Letrán, la obra compuesta por el trovador Augusto Blanca sobre textos del autor y narrador oral Jesús Lozada. Aunque por su propósito puede catalogarse como “misa votiva”, es decir, la ofrecida con una intención particular en honor de un santo o figura sagrada (en este caso del Cristo “abandonado” en la cruz), hay más partes que las que están presentes en la misa cantada, además de no realizarse el oficio, por lo que la obra pudiera catalogarse como “misterio” o “milagro”, según la tradicional clasificación de la música sacra.
Pero independientemente de categorizar la obra, la importancia de la misma estriba en el hecho musical y literario, centrado en la interpretación del coro Exaudi, bajo la dirección de María Felicia Pérez, y la orquesta de cuerdas formada por músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Leonardo Barquilla, quien también realizó una muy meritoria  instrumentación de la obra.
Dividida principalmente en partes utilizadas en la misa cantada, hay también una pieza dedicada a un tema casi “profano”, como Cantares (Canto de Comunión), en el que un tenor y una contralto celebran la comunión de dos seres en una atmósfera cercana al famoso Cantar de los Cantares, considerado uno de los grandes poemas de amor.
La música es hermosa, muy bien orquestada e interpretada con alto grado de profesionalismo tanto por el coro y la orquesta como por los solistas. A fuerza de espacio no puedo mencionar a todos, pero quiero hacer hincapié en la excelente entrega de la propia directora de Exaudi, María Felicia Pérez, en María de la Soledad (Meditatio), pieza en la que el dolor de una madre ante la muerte del hijo es expresada de manera extraordinaria en la voz maravillosa y perfecta técnica de la cantante. Digna de mencionar fue también la dirección de Leonardo Barquilla, precisa y segura, en un  lugar con deficiente acústica, y la breve intervención como solista de Augusto Blanca en una de las piezas (Agnus Dei).
De Augusto debo decir que ha superado todas las expectativas. Más allá de su obra anterior, “dedicada a una poesía propia coloquial y a veces minimalista”, como escribí en las notas para su disco La fuga de la tarde, Premio Especial del Jurado en 2010 del Premio de Creación Ojalá con el pie forzado de musicalizar la poesía de Rubén Martínez Villena, con esta obra el trovador ha demostrado un rigor, una dedicación y un talento que han ido acrecentándose con los años. Lamentablemente la acústica del lugar impidió apreciar en toda su hermosura los textos de Lozada, pero espero poder escribir de ellos cuando haga, como le prometí a Augusto, las notas del disco que espero se grabe con la Misa trovera del abandonado.
En resumen, lo meritorio de esta primera misa compuesta por un trovador cubano, como dice el programa, es la capacidad de emocionar tanto a creyentes como a los que no lo son. Después de todo, ambos pueden compartir la sensibilidad ante un hecho artístico de tan alto resultado y la máxima que “dar es  mejor que recibir” es algo que todo espíritu honesto puede aceptar.

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