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Espacios vivenciales o los altos contrastes de la vida

30 de noviembre de 2017

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Recientemente se exhibió en la Galería Villa Manuela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, en La Habana, una exposición titulada Espacios vivenciales del reconocido fotógrafo José Julián Martí, quien quiso dedicar la muestra a “los colegas que trabajaron duramente en la década de los 60, 70 y 80 que fueron muy reconocidos por su labor en la prensa, pero no en el mundo del arte”.

Entre esos artistas del lente —dijo Martí en conversación exclusiva con el espacio Luces y Sombras de Habana Radio— se encuentran Expósito (periódico Juventud Rebelde), Muñoz (Agencia de Noticias Prensa Latina. S.A.), Rogelio Moré (Agencia de Información Nacional, AIN) y también a su padre que le dio “el ABC del oficio” muy especialmente a Korda quien fue, “el que más de impulsó a convertirme en fotógrafo”.

 

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Recordó que en 1968 se acercó al Instituto de Oceanología con el propósito de aprender las actividades subacuáticas, específicamente, el buceo y allí conoció a Korda quien le aconsejó que, por ser tan joven, debía de buscar un camino: “cuando aquello yo tendría alrededor de 15 años y fue Korda quien me aconsejó que me dedicara a la fotografía submarina y me llevó a su laboratorio. Cuando sentí la magia del cuarto oscuro quedé seducido. Fui a mi casa y le conté a mi padre, quien también era fotógrafo, y recuerdo que consiguió los materiales que en aquel momento eran de la ORWO y en un plato sopero revelamos mis primeras imágenes; para mí aquello fue un descubrimiento”.

 

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Espacios vivenciales intenta resumir cincuenta años de trabajo —a celebrarse el venidero 2018— y la curadora, Yudinela Ortega, escogió de entre todas sus series veintiocho imágenes. Entre esas series esta Vivir del coco –generada en la villa primada de Cuba, Baracoa–, Centauro –que es en la que se enfoca actualmente–, Balseros (del año 80), Mariel, Cantos de gallos, Cañeros, Play callejero, Principio de un viaje, Tiempo duro, A contra vuelo, Presencia, A canto de gallo, Huellas del tiempo, Contrastes, entre otras.

 

 

¿Por qué las series?

Mi trabajo posee una fuerte base antropológica y, por lo tanto, tiene que ver con la vida del hombre, sus tradiciones y costumbres. Durante muchos años hice fotografía de prensa y para la realización de los fotorreportajes siempre me gustó conformar y contar historias para mostrar no solo imágenes, sino un tema.

 

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Por ejemplo, la serie que tiene que ver con los gallos de pelea se titula Gladiadores y a partir de ella me cuestiono cómo el hombre puede criar un animal, darle toda su atención y sus cuidados y, al final, destinarlo a ser matado: igual que los gladiadores en su época. Todo eso trato de reflejarlo a través del alto contraste, y no me refiero solo a la técnica, sino a que son altos contrastes de la vida.

En la década de los setenta, trabajé mucho el color y, realmente, me hice especialista; respeto mucho el color, pero me siento más cómodo con el blanco y negro porque esos valores me dan la posibilidad de abrirme y expresar lo que siento.

 

 

¿Y el hecho de estar en Villa Manuela?

Para cualquier artista es un honor exponer en esa prestigiosa galería por la que han pasado grandes artistas. El estar invitado a exponer en Villa Manuela lo interpreto como un reconocimiento a la fotografía como manifestación artística.

 

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Hagamos un breve repaso de Espacios Vivenciales, ¿de qué manera se curó?

Por un lado, la galería no es muy grande y fuimos muy cuidadosos con la museografía para que no se saturara: en cada pared está desplegada una serie que responde a un tema distinto, pero es casi imposible resumir en tan pocas imágenes medio siglo de trabajo ininterrumpido.

La joven curadora Yudinela Ortega hizo un excelente trabajo y, sinceramente, quedé complacido. Estoy contento con el resultado aunque no me siento satisfecho porque creo que aún me falta, y aún me siento con deseos de seguir creando y de auto exigirme más. Esa es la única forma de superarse.

 

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Lo único que ha empañado esta exposición es que la promoción no ha sido la adecuada y es una pena porque detrás de cada exposición hay mucho esfuerzo no solo del artista, sino de la institución, en este caso de Villa Manuela.

 

 

¿Reconoce alguna influencia en particular?

Soy autodidacta y siento que no tuve influencia de ningún fotógrafo y creo que eso me sirvió para crear mi propio estilo, mi personal manera de expresarme a través del tiempo. Una de las cosas que aprendí fue a utilizar el sistema de zona, que no es más que una técnica para controlar las altas luces: el negro, el blanco y todas las gamas de grises. Es una técnica compleja, pero cuando eres capaz de dominarla te permite hacer maravillas.

 

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En la vida diaria —no solo en el arte— uno se enfrenta a muchos obstáculos y tiene que saber sacar provecho de cada circunstancia. Por ejemplo, de joven me tocó ir a cortar caña y documenté fotográficamente esos momentos, pero todo ese material quedó como fondo de las distintas instituciones en las que trabajé. Retomé el tema y cuando me enfrenté nuevamente al cañero y comencé a documentar las imágenes, sentí la necesidad de expresar que el cañero tiende a despersonalizarse para convertirse en una maquinaria en movimiento: así surgió una serie que son imágenes movidas de gran plasticidad.

 

 

¿La fotografía como memoria?

Es algo que me interesa mucho. Tengo una serie que se titula Tiempo duro en la que documento todo lo que tiene que ver con la caña, pero está precedida de una investigación porque no quería repetir lo que han hecho —por cierto muy bien— otros colegas y, sobre todo, teniendo en cuenta que en la historia de Cuba la industria azucarera jugó un papel esencial. Esta serie demuestra cómo después del triunfo de la Revolución se intentó darle al cañero mayor protagonismo, mayor dignidad, e incluso más tecnología, sin embargo no se ha logrado quitarle el machete: el machetero es el mismo desde que se cortó la primera plantación de caña en este país.

 

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En esta exposición uno se percata que usa, en algunos momentos, un ángulo ancho y en otros cierra el lente y va al detalle, ¿es una forma de comunicar?

Dentro de la imagen empleo el poder de síntesis: ese pequeño detalle da un margen para la comunicación, para que el espectador participe. Por ejemplo, en la foto del ojo del caballo, ahí hay un pequeño detalle que da una intensa expresión. El cañero que está descansando y en el que aparece en primer plano unas botas maltratadas y el pie colgando por fuera de la cama, sugiere un mundo de esfuerzos.

 

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Su obra es hermosa, está muy bien pensada, pero es a su vez muy fuerte.

Es que la vida es fuerte: desde que nacemos tenemos que empezar a caminar y enfrentarnos a muchas dificultades y, justamente, vencer estas dificultades es lo que nos hace fuertes.

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