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Corina Mestre: “No soporto una bofetada en la mejilla de nadie”

15 de julio de 2016

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Fotos: Alejandro Lóriga Santos

 

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Indiscutible Maestra de la actuación cubana, Corina Mestre sorprende cuando se le ve en la televisión, el cine o cuando su voz llega a través de la radio. Educadora y fiel a sus principios, Corina aborrece todo tipo de pose ficticia; es una cubana de a pie, aun cuando todos a su alrededor admiren el talento que posee.
“Si yo tuviera que virar para atrás, volvería a hacer lo mismo que hice y disfrutar todos esos años”, afirma.
“A mí me interesa realmente todo aquello que pueda ser útil con lo que hago. Cómo puedo modificar las cosas, ayudar a la gente”, expresa sin dudas.
Conversamos en un estudio de Habana Radio y en más de una hora evoca recuerdos y reflexiona sobre la Cuba de hoy y los retos del arte. La Maestra Mestre se define como una artista más que actriz.

 

¿Cómo le lleva la cotidianidad?
A mí la cotidianidad nunca me ha aplastado. Es fuerte pero no me aplasta, porque la mayor parte de las cosas las hago por amor y entonces eso te alimenta otras zonas que creo son más importantes. No es un secreto para nadie que yo trabajo en las escuelas y no cobro ni un centavo por eso. Y en Habana Radio, por ser actriz, es el sitio donde con regularidad gano un salario. Pero la cotidianidad me lleva como a cualquier cubano de a pie, eso es lo que soy: una cubana de a pie.

 

Quien revisa su biografía, sus datos… descubre que usted domina tres lenguas…
No, no las domino, sino que “tiro con la cara” (se ríe).

 

Las conoce…
Yo creo que los actores debemos tener una gran capacidad para escuchar. Por esta razón es vital no solo conocer sino imitar la musicalidad de distintos idiomas.

 

Ahora bien, los idiomas, una vida militar, ¿cómo mezclar todo eso?
Para mí nada ha sido contradictorio. Cuando triunfa la Revolución yo estaba exiliada en Venezuela, porque a mi papá lo había torturado Ventura, uno de los sicarios de Batista. A mi mamá la estaban buscando para matarla también y meses después el Movimiento 26 de Julio nos envío para Venezuela en un barco. Yo tenía cuatro años. En ese momento me doy cuenta, aparte de que era una niña muy avispada, que uno estaba metido en una vorágine muy particular: viendo cosas alrededor muy fuertes y eso hace que uno madure mucho más rápido.
Llegamos a La Habana justamente el 8 de enero, cuando Fidel entra a la capital. Mis padres estaban consagrados a la Revolución y eso fue lo que aprendí, en mi casa, en la cuna. Yo era una muchacha que me gustaba mucho leer y las cosas las aprendía muy fácil.

 

¿Cuándo entra en el Ministerio del Interior?
Soy captada para el Ministerio del Interior (MININT) en el año 69, no había cumplido 15 años todavía y entro definitivamente en el año 72. Al principio pensé que había entrado por esa supuesta alma de aventurera y decía: voy a vivir otras vidas.

 

¿Era un compromiso más político que familiar?
Después de los años veo las cosas diferentes. No era un compromiso familiar, porque mis padres querían que yo estudiara. Pero me sentía obligada, comprometida. También andaba con la gente de la Nueva Trova porque Noel Nicola era mi mejor amigo. Sus padres tenían excelentes relaciones con los míos. Con Noel me dejaban salir hasta las once de la noche, era mi hermano. De hecho, no he superado su pérdida.
Y como todo el mundo estaba viviendo una epopeya, porque era la época de la heroicidad cotidiana y tenía que formar parte de todo aquello. A nosotros no nos había tocado luchar en la Sierra Maestra para hacer la Revolución, entonces sentíamos la necesidad de hacer, hacer y hacer, y aprender, aprender. Teníamos muy claro que en ese momento lo más importante era la cultura del saber, que no es la cultura del tener de hoy.
Cuando entro a trabajar en el MININT, conozco a Humberto Rodríguez, el director de teatro, nos hacemos amigos y por casualidad me encaramo al escenario a hacer una obra con él.

 

¿Por qué lo hizo?
Porque una niña que trabajaba con él se había enfermado con varicela antes de ir al Festival de Aficionados. Entonces estaba en la Nueva Trova, en el MININT… era como un tren, no paraba. Todo el día me la pasaba trabajando, participaba en los conciertos, también en Teatro Estudio… era como la necesidad de estar en todas partes y de aprender.

 

Como dice la mayoría: desde chiquitica tenía ese “bichito por la actuación”…
No, ningún chiquitica. Ese cuento de que yo me disfrazaba, no. Yo desde niña recité poesías, estuve en la Nueva Trova, viví, que es lo más importante. Mi casa estaba al lado de Teatro Estudio, mi mamá hacía guardia con Raquel Revuelta.
A veces me permitían hacer la guardia con ellas, buscar ladrones, en esa época se hacían muchas cosas y yo metida en todos esos “shows”. Luego me presenté en el Instituto Superior de Arte, en el curso para trabajadores.

 

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Cuando vi que estaba aprobada empecé a pedir la baja en el MININT y salí definitivamente en diciembre del 80. Te repito, yo siempre estuve en Teatro Estudio, era como la mascotica de allí, viendo los ensayos…

 

¿Totalmente aceptada esa decisión en la casa?
Recuerdo que un día mi mamá le pide a Raquel Revuelta ver una de las obras donde yo participaba para que le dijera que yo no tenía ninguna condición para ser actriz.
Ese día fueron a ver la obra Berta Martínez, Vicente y Raquel Revuelta. Quería morirme, ni salir del camerino. Pero bueno, al final hice la obra y cuando se terminó me fui para el camerino hasta que se fueran. Cuando bajo todos estaban allí, y Raquel Revuelta me dice: “tú vas a hacer actriz”. Vicente y Berta me felicitaron, y cuando llego a la casa mi mamá me dijo un montón de cosas y hasta se peleó con Raquel. Nada, después se le pasó.
Dejé el MININT donde ganaba cerca de 300 pesos y empiezo en Teatro Estudio con cerca de ciento y tantos pesos, mi mamá se disgustó mucho porque decía que ser actriz era la última carta de la baraja.

 

¿Superó todo aquello?
Sí, mi madre es una mujer brillante, con una capacidad increíble. Yo la admiro mucho y te das cuenta de que cuando hablo de ella se me iluminan los ojos.

 

Si hay una cualidad que le sale por los poros es precisamente, la rebeldía. Algo que nos lleva a decir: esta mujer es de armas tomar…
Debe estar en los genes. Las mujeres de mi familia son muy fuertes, creo que la menos fuerte soy yo (se ríe). Mi mamá es de una fortaleza hasta sobrehumana. A parte de la rebeldía yo lo que tengo es un sentido muy amplio de la justicia. No soporto una bofetada en la mejilla de nadie. Puede parecer una pose, pero no lo es. Te repito: no soporto las injusticias, me saca de mis casillas y me pone en un estado temperamental muy fuerte, porque no lo resisto. Y de hecho, a veces me meto en lo que no me importa. De pronto está pasando algo con una persona y me meto aunque no me importe, pero sí.

 

¿Fue un propósito desde el inicio llevar todo eso a la pantalla o alguien tuvo el tino de vislumbrar esa cualidad?
Sinceramente, no sé. En el fondo soy una artista más que actriz, por eso estoy aquí. Pero si mañana me diera cuenta de que todo lo que quiero hacer está en otra zona, a lo mejor dejaría eso por esto.

 

¿Ha pensado retirarse de la actuación y de las clases?
No. Jamás. Ni en los momentos más difíciles.

 

¿Nadie intentó persuadirla para que se fuera de Cuba?
No solamente eso. Yo he tenido propuestas de trabajo para no estar en Cuba. Lo que pasa es que yo tengo muy bien definidos qué cosa es Patria, Identidad, la Revolución. Hay una obra de teatro que se llama Puerto de coral, de Maikel Chávez, que me dio la posibilidad de decir lo que pienso con respecto a las generaciones. Estoy aquí porque este es el único lugar donde me interesa morir.

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¿Es posible desde la actuación, resolver algunos problemas que vive la sociedad cubana de hoy como la pérdida de valores, entre otros?
Es muy complejo desde la actuación, mejor desde el arte. Siempre he pensado en esto: la política nos divide, la religión, los idiomas… Pero cuando tú te paras frente a una obra de arte, empiezas a sentir una serie de sensaciones que te llevan a las emociones. Cuando tú sientes y te emocionas eres capaz de cambiar.
No es solo lo que yo hago, sino todo lo que puede hacer el arte en función de modificar al individuo, de tocar las zonas más sensibles para hacerlo reflexionar. Si existe una pérdida de valores se debe, entre otras cosas, a que la gente ha sacado de su vida el arte.

 

¿Por qué con tanta filosofía de vida, experiencias profesionales, no escribe poesía, por ejemplo?
No te puedes imaginar cuánto respeto eso. La poesía es para mí lo divino y quienes escriben poesía están tocados por una varita. De hecho, no creas que no lo hice, pero lo desaparecí porque era malo.

 

Dicen que los actores son muy desorganizados…
Es lo que se hace pero no debía ser así. Los actores deben tener una vida muy organizada porque el trabajo que hacemos nos puede llevar al desequilibrio. Hay que ser muy ordenado para poder distanciarte, observar, hacer las cosas y salir de ellas. Si no eres capaz de dominar la técnica de esa manera no eres realmente un actor, eres una persona que está haciendo catarsis.

 

¿Y qué provoca esos comportamientos?
Es que hay un problema de formación. La actuación no es una terapia y si se toma como terapia no es actuación.

 

En su caso: ¿se le llama poco para trabajar?
No es que me llamen, es que yo rechazo muchas propuestas. Yo he rechazado cerca de 12 telenovelas, y lo voy a hacer hasta que me presenten una que diga aquello que me interesa decir.

 

¿No hay un halo de vedetismo en esa decisión?
Para nada, ¡es que no me interesan los guiones! La esencia no es que la gente me vea y pueda ganar un dinero. Me gusta que mi trabajo cumpla una función y si no lo hace, ¿para qué lo voy a hacer? Por suerte aparecieron las series de Rudy Mora. Con él me encanta trabajar.

 

Durante el rodaje de la película "Leontina" de Rudy Mora

Durante el rodaje de la película “Leontina”, de Rudy Mora. Foto: ICAIC

¿Por qué?
Porque nunca está conforme. Se pasa la vida entera investigando, buscando para encontrar nuevos caminos. Me entiendo muy bien con él. Tampoco tengo ninguna objeción a que un joven venga y me presente un buen proyecto. Pero todo lo que Rudy me presente yo lo voy a aceptar.

 

¿Qué pasa entonces con las novelas?
Es que tienen un esquema y cuando te sales de él, resulta muy difícil. Por eso me gustan más las series porque puedes trabajar la cotidianidad, la realidad, diciendo cosas más fuertes. Sin embargo, eso no me pasó con Pasión y Prejuicio, donde participé en la investigación de la novela. Pero es solo por eso, tampoco es que lo rechazo todo. A mí me gusta hacer lo que es importante hacer, lo que es válido. De hecho, hice Meñique y ahora mismo estoy haciendo otra serie que se llama La Reina de la ortografía que me tiene alborotada porque es para niños de tres a cinco años.

 

Es muy complejo, no es lo usual en muchos actores…
Así pienso y esos son mis preceptos.

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