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Comentarios en Cuba a doscientos años de Waterloo

20 de julio de 2015

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Por: Leonor Amaro Cano (Dra. en Ciencias Históricas, Profesora de la Universidad de La Habana)

Andrieux_-_La_bataille_de_Waterloo (Small)Agradezco ante todo la invitación de la dirección del centro para participar en este conversatorio(1) en el cual me acompaña el Dr. Evelio Díaz Lezcano, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de La Habana, quien participara en el evento internacional por el bicentenario del Congreso de Viena, realizado en esa ciudad el año pasado y en esta ocasión se referirá al contexto internacional de esos años. De manera casual, pero muy convenientemente nos acompaña también el señor José Pardo de Santayana y Gómez de Olea, agregado de Defensa, Militar, Naval y Aéreo de las Embajada de España en Cuba,(2) quien ha visitado ese lugar histórico en muchísimas ocasiones y, por lo tanto, con ese vivencia y con su conocimiento militar, de seguro ayudará a que este encuentro sea del agrado de todos.
Al recibir la invitación, mi primera intención fue la de actualizar esta fecha en las circunstancias actuales. Una simple revisión de las noticias en Internet me puso al tanto de que el bicornio de fieltro negro, con dos alas elevadas, usado por Napoleón en ese día había sido trasladado de Sens hacia Bélgica transitoriamente; en tanto en ese país se acuñaba una moneda de 2,5 euros sobre Waterloo, pese al rechazo de Francia, al considerar algunos periodistas galos que recordar esta última derrota podría crear “tensiones inútiles” en Europa. El rescate del patrimonio histórico se evidencia en la primera información y el uso público que se le puede dar a la Historia podría ser un comentario en relación con el segundo aspecto.
Al respecto, como profesora de Historia, estoy tentada a presentar a los estudiantes y también al público aquí reunido, algunas consideraciones que servirían para re-signficar hoy una de las tantas batallas llevadas a cabo con el fin de consolidar el poderío militar y económico de una sociedad en ascenso, la sociedad burguesa nacida de la fuerza revolucionaria opositora al sistema feudal.
Al interesarme más el significado que pudiera tener hoy que lo que ocurrió allí exactamente hace doscientos años, no estoy forzada a respetar exactamente el orden cronológico que debe regir la exposición de un acontecimiento histórico, por lo que voy a comenzar con los resultados de esta batalla, como parte de la campaña de expansión llevada a cabo por Napoleón Bonaparte desde 1795 hasta 1815, más que en plano militar en el sentido humano. Digno de comentario sería, entonces, las cifras el saldo del enfrentamiento entre los seguidores de Napoleón y los aliados. Un resultado de casi un 50% de bajas para los franceses incluidas en ellas las muertes, los prisioneros y heridos de un total de 227, 000 hombres,(3) servirían para recordar el alcance real para el hombre común que pudo haber tenido, no solo esta operación sino todos los años de enfrentamientos bélicos. Luego, no nos puede extrañar que un político y militar como Arthur Wellesley, duque de Wellington, vencedor de esa batalla, frente al panorama devastador del acontecimiento, dijera: “Al margen de una batalla perdida, no hay nada más deprimente que una batalla ganada”.
El horror de la guerra quedaría por mucho tiempo en la mente del hombre común. La mejor prueba ha quedado en la literatura. Los poetas y los novelistas narrarían las partes sombrías de estos acontecimientos, de la muerte y de los sufrimientos. Stendhal escribiría en 1839 La Cartuja de Parma y en ella describiría escenas como estas: “Lo que le pareció horrible fue un caballo ensangrentado que se revolcaba en la tierra labrada, pisándose sus propios intestinos: quería seguir a los demás”.

HomepageBanner1 (Small)La época de Waterloo. De manera sintética tendríamos que decir que a esta altura se han ido cerrando etapas diferentes. En primer lugar vale recordar que desde 1794 ha terminado el verdadero momento democrático de la Revolución Francesa para dar paso al avance a la conquista napoleónica, favorecedora en primer lugar a la burguesía francesa, y ya en 1815 se ha iniciado el regreso, con el triunfo del conservadurismo en el plano político. Pero a pesar de ese retroceso, de manera paradójica la línea del progreso continuaría por la vía parlamentaria, al aceptar algunos compromisos políticos con el Antiguo Régimen, a la vez que se garantizaba el proceso de la industrialización que evidenciaría el triunfo tecnológico. Un buen ejemplo de la complejidad del momento sería el hecho de que la Marsella sería prohibida como símbolo y un lustro después comenzarían los movimientos constitucionalistas defensores de la libertad, pero no así de la igualdad o de la fraternidad.
Asimismo, para recordar Waterloo -que es un evento particular- se hace imprescindible un recuento de los principales hecho. En breve se suceden loa siguientes hechos: El 26 de febrero Napoleón había huido de Elba, luego de la prisión por cien días y la respuesta de la Europa restaurada no había hecho esperar, por lo que el 13 de marzo se produjo la reunión del Congreso de Viena donde se acordó la proscripción de Napoleón en tanto se organizaba la Séptima Coalición. Una semana después, Napoleón entraba en París, donde recibía el apoyo de oficiales, soldados, de los cuatro cuerpos de caballería de la “Grande Armée” y del pueblo que salía a vitorearlo. La retirada de Luís XVIII y los preparativos de Austria, Rusia, Prusia y Gran Bretaña se simultanearon. Desde el punto de vista militar las fuerzas anti-bonapartistas se desplegaron por los Países Bajos y cerca de la localidad de Waterloo, en Bélgica, se encontraron en el combate decisivo. De una parte, el ejército francés dirigidos por el propio Bonaparte se organizó frente a las tropas británicas, holandesas y alemanas, comandadas por el duque de Wellington(4) y al ejército prusiano, quien tendría a su frente al viejo mariscal de campo Gebhard Leberech, von Blücher. Se inició de esa manera la campaña que pondría fin a una época. Entre el 15 y 18 de junio se desarrolló una intensa campaña en la cual un bando y otro obtendrán triunfos y fracasos en lo combates librados en distintas localidades: en el pueblo de Ligny, en Quatre Bras, Wavre y en el monte Saint-Jean. Aunque se produjo una acumulación de movimientos tácticos donde se evidencia la capacidad militar de los frentes encontrados, de todos ellos, el combate de Waterloo sintetizaría históricamente el fracaso de Napoleón, el triunfo de Wellington, por lo que muchos de los relatos e historias construidas recogieron, desde hechos menores hasta el análisis político militar de cada contienda, sin dejar de mostrar las características de las personalidades más sobresalientes de ese momento
Las características de las personalidades vinculadas a estos acontecimientos, así como las controversias en torno a las tácticas y estrategias se presentarían como puntos de interés para los historiadores. Figuras del bando francés como los mariscales Emmanuel de Grouchy y Michel Ney y los jefes militares de la séptima coalición como Gebhard Leberecht von Blücher Arthur Wellesley, duque de Wellington, Príncipe Guillermo VII de Orange y Jean Víctor de Constant Rebecque formarían parte de las controversias, en las cuales se hicieron alusión tanto al desacato a las órdenes en momentos precisos, la falsa ilusión de triunfo emanada de un discurso confiando por parte de Napoleón en muchas ocasiones hasta la falta de competencia en el campo militar.
Sabido es que Napoleón optó por una estrategia ofensiva, entre otras razones, por el criterio de que un éxito repentino podría provocar una respuesta favorable, tanto en Francia como en los círculos políticos de la coalición enemiga. Asimismo pensó que una derrota de los aliados provocaría un debilitamiento de la figura de Wellington en el gobierno inglés, dirigido en ese momento por el Lord Liverpool, y con ello la idea de firmar una paz con Francia podría tener otra oportunidad. Desde el punto de vista táctico, la existencia de discrepancias políticas entre Inglaterra y Prusia fue punto importante además en la valoración de Napoleón, al tener en cuenta que por esas razones cada uno de los ejércitos tenía sus propias rutas de suministros y esta realidad pondría, a estos grupos, a la defensiva ante un ataque repentino. . Convencido quedó el corso de que su triunfo estaría asegurado. Por esta razón tanto políticos como militares han considerado estas maniobras de Bonaparte como una de las mejores estrategias
En ese momento de gran tensión, Napoleón estaba totalmente convencido de la utilidad de empezar el asalto con la artillería de campo que era en esa época el arma más temida: Sin embargo eso no fue posible; factores que no siempre pueden prever ni los más hábiles militares lo impidieron. La lluvia permanente empapó los suelos y la artillería no pudo avanzar. Las condiciones atmosféricas estuvieron en contra de la movilidad de los franceses. El barro estorbó a la infantería y la caballería mientras se colocaban en posición. A pesar de esos percances, Napoleón estuvo a punto de realizar una nueva hazaña y, solo en los momentos finales Von Blucher logró alcanzar las posiciones de las fuerzas francesas.
Más que la Historia, la Literatura dejaría plasmado los penosos momentos para el ejército francés. Stephan Sweif daría al mundo una excelente imagen: “El barro dificulta el paso No hay donde cobijarse, ni techo ni casa alguna. La paja está demasiado mojada para echarse en ella. Los soldados se reúnen en grupos y duermen sentados, espalda con espalda, bajo la despiadada lluvia”.(5)
Tras la victoria en Waterloo, las tropas aliadas se adentran en Francia en busca de Napoleón. El 1 de julio, los ejércitos prusianos respaldaron la restauración de Luís XVIII como Rey de Francia. El 10 de julio, Napoleón se rendía y el 26 del propio mes partía para el exilio de Santa Elena, donde había sido confinado hasta su muerte, seis años después. Todos estos acontecimientos precipitados harían parecer que todo el cambio producido en Europa se derrumbaba y que la historia retrocedía. Las fronteras fueron restauradas y las monarquías nuevamente reconocidas. Pero el viejo régimen no podía volver de volver, la sociedad se reacomodaba a las nuevas circunstancias. Valdría recordar que el paso de la Grande Armée por el continente dejó una doble huella, la de ocupación y la de la modernidad dada por el proyecto napoleónico. En algunos casos, como el de España, los resultados aparecieron rápidamente. Así, en 1820 estallaría en Cádiz la sublevación de Riego que daría inicio a un momento liberal importantísimo para España y para Cuba. Luego, vendrían otros movimientos donde triunfaron las ideas del liberalismo político y confirmarían los sentimientos nacionalistas. Los antiguos generales bonapartistas irían hacia América y muchos de ellos dejarían plasmado sus ideas de cambio. Una huella epistolar, entre los generales de Napoleón y los hombres vinculados a la independencia de América, le ha permitido a más de un historiador confirmar la difusión de la atmósfera liberal que dejó las ideas revolucionarias de los franceses en el mundo latinoamericano.

 

¿Qué se divulgó en Cuba de Waterloo?

NUL-116877_3218528b (Small)A pesar de la tendencia libertaria del mundo continental, la situación de la isla de Cuba se manifestaba bien diferente. Si bien la prensa de la época refleja los intereses de la élite ilustrada de Cuba por los acontecimientos europeos,(6) en ella se advierte la precaución ante los acontecimientos que se consideran muy subversivos. En un importante periódico como el Diario de La Habana que circuló en 1815 se informó con detalles todo los que ocurría en el Congreso de Viena y sus resultados para Europa. Pero su relación con el mundo latinoamericano no se quedaron explicados o no existió el interés de establecer una relación.
En cuanto a la vida colonial, lo más sobresaliente publicado en este órgano de difusión serían las actividades llevadas a cabo por el Capitán General don Juan Ruiz de Apodaca para festejar el regreso del “Rey deseado,” así como las muestras populares de apoyo a Fernando VII. Curiosamente, dentro de los festejos por la vuelta al poder absolutista, las referencias de América continental subrayarán básicamente los triunfos de las tropas realistas frente a los patriotas independentistas. Así, este diario se convirtió en un vehículo para defender las posiciones de lealtad a la Corona española, al reproducir numerosas consideraciones y proclamas contra los llamados rebeldes. En cambio, cuando se alude a la independencia de América, la noticia se convierte en un llamamiento a la reconciliación con España y al cese de los enfrentamientos, por lo que casi siempre termina diciendo: ¡Americanos! Todos somos españoles, todos somos hermanos, todos somos iguales”.(7)
Evidentemente este momento revolucionario para América se presentaría de manera muy contradictoria en Cuba. Algunos de los grupos políticos de Cuba, que si bien se identificaban con las ideas liberales, no se pronunciaron en pro de la guerra contra España. Ningún radicalismo que pusiera en peligro sus intereses económicos fue auspiciado por los hombres de poder económico y social. Mucho menos después de lo ocurrido en la colonia de Saint Domingue en 1791 con el levantamiento de los esclavos.
La derrota de Napoleón fue bien difundida por la prensa habanera en agosto de 1815. Se reprodujo la proclama del Rey Fernando VII que ordenaba: “que todas las iglesias celebren un solemne Te-Deus en acción de gracias ä Dios nuestro señor, por la importancia y muy señalada victoria ganada sobre el exército del enemigo común, en el día 18 de junio último, por los exercitos aliados al de S. M.”
La realidad económica de Cuba apostó por la posición más beneficiosa al progreso de la economía de plantación. Mantenerse al lado de España sería la opción frente a la gran ola revolucionaria que conmovía al continente y la prensa se hizo eco de esa posición de fidelidad en la Isla y en la capital. El 27 de mayo de 1829 aparecía en Miscelánea Curiosa la Real Cédula que indicaba: Por tanto mando, que de aquí en adelante nuestra ciudad de La Habana pueda llamar y nombrase, su título Siempre Fidelísima, poniéndose así en todas las cartas, provisiones y privilegios que se les expidieren y concedieren por mi y por los reyes mis sucesores, y en todos los escritos é instrumentos que pasaren ante los escribanos públicos de la misma ciudad.

 

Notas:

(1) El jueves 18 de junio en la Librería “Alma Máter”, sita en San Lázaro e Infanta, convocado por la Federación Estudiantil de la Universidad de La Habana, se llevó a cabo el conversatorio sobre la Batalla de Waterloo, que pondría fin al período del dominio napoleónico sobre Europa.
(2) El diplomático asistió como oyente al conversatorio y el panel lo invitó a participar, a pesar de no mediar ningún protocolo.
(3) Los franceses movilizaron 122, 721 hombres frente a 227,000 (117,000 prusianos y 110,000 aliados) Las bajas de Francia se calcularon en 60,000 para los franceses y los aliados 55,000.
(4) El ejército de Wellington contó con una fuerza multinacional de 68 000 hombres (25 000 británicos, 17 000 belgas y holandeses, 10 000 hannoverianos, 7000 hombres de Brunswick, 6000 hombres de la King’s German Legion –Legión Real Alemana y 3000 hombres de Nassau.
(5) Zweig, Stefan. “El minuto universal de Waterloo” En Momentos estelares de la humanidad. 1927
(6) De esa época puede ser consultados muchos diarios como: El barco de vapor La Habana 1821-22; La Impávida, La Habana 1822; Coscorrón, Habana 1820; Diario liberal y de variedades de La Habana 1820-1821; Miscelánea Curiosa 1820, 1823; El Esquife Arranchador, Habana 1820-21; Gaceta constitucional de Cayo Guinchos o La Aurora, La Habana, 1821; Galera Constitucional, La Habana, 1820; El Hombre Liberal, Habana 1821; El Impertérrito constitucional, La Habana 1821-22; El Tío Bartolo, Habana 1820-21; el Zurriago principeño, Puerto Príncipe 1823.
(7) Diario de La Habana, lunes 13 de febrero de 1815, p. 4.

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