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Chucho Valdés: “Soy un alumno más”

29 de abril de 2017

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“Siempre pensamos en los jóvenes, y eso está bien, pero también debíamos pensar en los maestros que preparan a esos jóvenes, porque a veces somos un poco injustos y nos olvidamos que esos jóvenes no salen solos, salen de una escuela, de un profesor que se sacrifica, que aprende, que los enseña y que tiene un rigor”, señaló el emblemático jazzista cubano Chucho Valdés minutos antes de recibir este viernes la condición Maestro de Juventudes, entregada por la Asociación Hermanos Saíz durante el espacio Encuentro Con…, conducido por la periodista Magda Resik.

Durante más de una hora y ante una concurrida audiencia, Chucho compartió momentos de una carrera artística que inició a los cinco años, cuando tuvo su primer profesor de piano y sorfeo. “¡Ya son 75 primaveras!”, exclamó el pianista jocosamente quien este domingo protagonizará un concierto en el Gran Teatro de La Habana junto a su aclamado homólogo estadounidense Herbie Hancock.

Dionisio Jesús Valdés Rodríguez, hijo del también jazzista Bebo Valdés – una de las figuras más populares en la llamada “edad de oro de la música cubana”, durante los años 1930-1950 –, señaló que si bien es archiconocida la obra de su padre, su madre, Pilar Rodríguez, resultó también una influencia decisiva en el devenir de su carrera.

“Mi madre, desconocida, era una muy buena cantante que quiso hacer su carrera hasta que yo nací, y entonces papá le dijo “se acabó”, me la privó de ser una gran cantante, pero luego ella se dedicó a enseñar a Maida, mi hermana, que es también una excelente intérprete.

“Mami me contó que cuando yo tenía tres años, mi papá estaba tocando en Tropicana. Un día se le quedó la partitura y cuando regresó a la casa sintió que alguien tocaba el piano. Dicen ellos que papi abrió la puerta y me encontró tocando una canción a dos manos, ese fue mi primer encuentro con el piano”, narra Chucho.

 

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Con solo nueve años debutó el compositor cubano en los escenarios interpretando una sonatina de Beethoven y la Sonata en Do para piano de Mozart. Dos años más tarde, se batía en Tropicana contra el niño prodigio estadounidense Frank Robinson, conocido como “Sugarchild”, interpretando desde danzón hasta Mozart. Esto pudo ser un gran espectáculo, pero su madre se opuso a que comenzara a trabajar tan temprano:

“Él no va a tocar en ningún show ni va a tocar en Tropicana, porque los niños cuando empiezan a trabajar tan temprano ya no estudian más, y si empieza a ganar dinero se acostumbra, no estudia más; pero eso mismo que hace ahora, cuando lo haga a los 20 ya no tiene ninguna gracia, y sería un músico mediocre que no sabe leer y carece de formación”, cuenta Chucho.

Para entonces ya el pianista asistía al otrora Conservatorio Municipal, hoy Conservatorio Amadeo Roldán. Inmediatamente lo promovieron a cuarto año de piano, y a los 15 comenzó a trabajar en la orquesta de su padre.

Con el afamado Bebo Valdés, el pianista dijo haber tenido una relación de “buenos amigos”. “Nosotros salíamos de tragos, teníamos novias, hubo un tiempo en que él pasó de ser mi padre a ser mi jefe. Luego estuvimos unos años sin vernos pero nos volvimos a reunir, y cuando él enfermó tuve el privilegio de acompañarle hasta el último día”. Estas peripecias quedaron registradas en el disco ganador de un premio Grammy, Amigos para siempre, donde las dos leyendas de la música cubana interpretan su obra a cuatro manos.

Chucho Valdés es reconocido internacionalmente como la figura más influyente del Jazz Afrocubano moderno, sin embargo su espectro no se limita a este estilo, como subrayó su entrevistadora, la periodista Magda Resik: “¿Cuál es la música de Chucho?”.

 

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Al respecto el compositor ganador de seis premios Grammys explicó “Cuando alguien me menciona piensa en un pianista que toca jazz, o jazz afrocubano, pero esos términos a mí no me gustan porque estás encasillado. Yo estudié muchas cosas diferentes, piano clásico, por ejemplo, aunque no me dediqué a él. A mí lo que gusta es improvisar. Esto significa improvisar cualquier cosa, lo mismo en la música cubana, en el jazz, o en los mismos clásicos.

“Cuando compongo música, esta tiene muchos elementos. Desde Lecuona, Saumell, Cervantes, hasta los toque de santo de Changó en que participaba. Todo eso está resumido en un solo estilo. No creo que sea como le llaman «ecléctico», sino con elementos de todos los géneros musicales de todos los tiempos. A esto se deben composiciones como la Misa negra o el Canto a Dios junto al Coro Nacional”.

Cuando fue interpelado sobre las dificultades de su instrumento, en el cual ha demostrado virtuosismo, el pianista explicó que ese es su medio de comunicación después de la palabra hablada y “por encima muchas veces de lo que se pueda decir”.

“Yo empecé a los tres años, todavía estoy y pienso seguir. El piano es mi vida”, señaló Chucho para luego resaltar jocosamente que ese instrumento “es malo, te da unos castigos cuando tú te le alejas un ratico, sea quien sea que va a tocar”.

Chucho Valdés – quien confesó tener “la desgracia de no saber bailar” – en medio de risas y una peculiar complicidad con la audiencia el jazzista explicó que “se pasa la vida estudiando, inventando, oyendo a otros pianistas que me interesan mucho y aprendiendo mucho. Yo soy un alumno nada más”.

 

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Hay que hablar de un Chucho pedagogo, y parte de ese tiempo que puede dedicarle a la creación artística lo emplea enseñando a otras generaciones. ¿Por qué?”, inquirió la anfitriona del Encuentro Con… El también fundador del grupo Irakere reveló que él había estudiado, además, la carrera de Magisterio.

“Eso me obligaron a hacerlo por si acaso un día tenía un accidente, o me rompía un dedo, tuviera una puerta de salida”, dijo Chucho quien desde entonces participa en numerosos cursos y talleres dentro y fuera de Cuba, instruyendo a varias generaciones de músicos, lo cual le ha valido los doctorados Honoris Causa en la Universidad de las Artes de Cuba, en la Universidad de British Columbia, en Canadá y en el Berkley College of Music de Boston.

“El orgullo que tengo – señala – es que los músicos cada vez son mejores, tienen mejor preparación, y el orgullo que siento también es que los profesores son fantásticos, y en condiciones difíciles han trabajado muchísimo y no han parado”.

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