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En el cabo de San Antonio

23 de septiembre de 2019

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La Península de Guanahacabibes en el mapa físico general de Cuba

La Península de Guanahacabibes en el mapa físico general de Cuba

 

Como todo archipiélago extendido en la zona tropical del Planeta, Cuba posee un sinnúmero de lugares cuya belleza natural e importancia geográfica son singulares e irrepetibles. Entre tales paisajes aparece la Península de Guanahacabibes, prolongación occidental de Cuba, la isla mayor del Archipiélago.

El nombre Guanahacabibes conserva evidentes raíces aborígenes. Alude al nombre de la primitiva región occidental de la Isla, habitada por los “Guanahatabeyes”, grupos de poco desarrollo social entre los existentes a la llegada de los colonizadores europeos a nuestro territorio. Los Guanahatabeyes fueron identificados con ese nombre por el conquistador español Diego Velásquez. Estudios contemporáneos los reconocen como recolectores y pescadores; no dominaban la cerámica. No obstante, este grupo también se hallaba presente en otras partes de la Isla.

La península de Guanahacabibes tiene un relieve llano casi en su totalidad. Los terrenos que la forman se originaron hace unos 100 mil años, durante el período que los geólogos denominan Cuaternario.

El extremo occidental de Cuba es el Cabo San Antonio, confín de la Península, cuyas coordenadas geográficas son: 21 grados y 51 minutos de latitud norte, y 84 grados y 57 minutos de longitud oeste. Entre el Cabo y México se extiende un estrecho de mar llamado Canal de Yucatán, cuya anchura es de 210 kilómetros. Sin embargo, el punto del territorio mexicano más cercano a Cuba es la pequeña Isla Contoy, que dista sólo 197 kilómetros del Cabo San Antonio.

 

punto extremo oeste

 

La costa de Guanahacabibes está conformada por ríspidas rocas calizas, denominadas lapiez o lenar, y que en Cuba se conocen con el significativo nombre de “diente de perro” debido a sus innumerables irregularidades y afiladas puntas, causantes de heridas y lesiones en caso de producirse una caída del viajero.

De trecho en trecho aparecen en sus costas playas arenosas de excepcional belleza paisajística, que se extienden por varios kilómetros como pequeñas y disímiles versiones de un edén tropical. Asimismo, tapiza la Península un gran conjunto de pequeñas lagunas, a manera de constelación liquida que, observada desde el aire, fulgura bajo la acción de los rayos del sol con sin igual poder reflexivo.

La costa del Cabo San Antonio aparece delineada por una playa arenosa ligeramente acantilada y rodeada por abundante vegetación. Su altura máxima es de seis metros, y en ella se abren grutas litorales formadas en el diente de perro debido a la acción del oleaje y a las corrientes marinas. Estas grutas se denominan “solapas” y se hallan alineadas del sur-suroeste al norte-nordeste. Al noroeste de la Península se localiza la bellísima playa Las Tumbas, de unos cuatro kilómetros de extensión, limitada por las uvas caletas.

En la zona existen además otras cavernas cuyos nombres evocan historias relacionadas con la actividad secular de corsarios y piratas. Sobre estas anfractuosidades se narran —resultado de la tradición oral— numerosas e ingeniosas leyendas. Se dice que en Cueva la Sorda viven desde hace muchos años dos majaes de Santa María —gruesos reptiles cubanos, no venenosos—, que son “en realidad” dos jóvenes que un día fueron convertidos en culebras por una maldición de su propio padre.

No obstante, es cierto el hecho de que tanto en la costa como en los mares adyacentes a la Península se conservan relictos de antiguas actividades piráticas y corsarias de los siglos XVI, XVII y XVIII, preferencias geográficas obvias si se tienen en cuenta la estratégica posición geográfica de aquel territorio y el pretérito aislamiento de la zona, con muy escasa actividad humana por entonces.

Un testimonio de la trascendente actividad de los navegantes en la zona se trasluce en los propios topónimos de la Península, entre los que se hallan la Cueva de la Barca y Punta Carabela Grande. Asimismo, la Punta del Holandés evoca probablemente la memoria de Cornelius Cornelizoon Jol, pirata de aquella nacionalidad.

 

Faro Roncali en el Cabo San Antonio, extremo occidental de Cuba

Faro Roncali en el Cabo San Antonio, extremo occidental de Cuba

 

En el Cabo San Antonio se levanta el faro “Roncali”, que toma su nombre del Capitán General de la Isla de Cuba Federico Roncali, quien gobernó a Cuba por cuenta de la Corona española y ordenó la construcción de la torre y su fanal.

La primera piedra del faro fue colocada en mayo de 1849, empleando mano de obra esclava procedente tanto de China como de las lejanas tierras africanas. Aún pueden observarse en el lugar las huellas de la excavación de donde fue extraída la roca que sirvió como material para la construcción del faro. Se inauguró el 27 de febrero de 1850. Su altura total es de 31 metros y 44 centímetros.

Piedra, sudor y sangre se entremezclaron en la erección de la torre que sostiene, desde hace más de siglo y medio, una lámpara que ha salvaguardado la vida de miles de navegantes que cruzan el Canal de Yucatán, lo mismo en las noches de blando oleaje como entre las tinieblas cortadas por los llameantes rayos de las tormentas tropicales.

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