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Paco Prats, uno de los imprescindibles

14 de septiembre de 2020

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Perteneciente a la estirpe de los fundadores, esos a los que Brecht llamó «los imprescindibles» por luchar la vida entera, el pasado 2 de septiembre perdimos al prominente productor Francisco Prats Tetilla, más conocido como Paco Prats desde que se incorporara a principios de los años sesenta al modesto Departamento de dibujos animados del ICAIC. Prats se marchó sin poder recibir el merecidísimo Premio Nacional de Cine 2020 —que obtuvo junto al guionista Senel Paz—, por la situación epidemiológica que impidió la celebración de la ceremonia de entrega el 24 de marzo, fecha fundacional del ICAIC que, desde este año, marca la desaparición física de Juan Padrón, compañero de aventuras animadas de Paco por más de tres décadas.

Francisco Prats Tetilla nació en La Habana el 5 de enero de 1944.  Se gradúa en 1963 como profesor de dibujo y pintura en la Academia de Bellas Artes San Alejandro y el 9 de marzo de ese mismo año ingresa en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos en el entonces recién fundado Departamento de Dibujos Animados. Pronto inicia su filmografía al aparecer acreditado en las funciones de revisión en el corto El gusano (1963), realizado por Enrique González Nicanor.

Meses más tarde, el primero de febrero de 1964, es nombrado productor de esa especialidad. Paco Prats protagoniza los momentos más trascendentales de la historia de la animación en el cine cubano. Su nombre figura ya en los primeros cortos realizados por jóvenes que incursionaban también por primera vez en esta categoría. Tras Vecinos y amigos (1965), dirigido por José Reyes, comparte la producción con Elia González Tuya en La pieza (1965), de Jesús de Armas, otro integrante del núcleo de fundadores de ese modesto departamento, todo un efervescente taller creativo. Ese año es muy significativo en la incipiente trayectoria de Prats, quien asume en compañía de Elia la producción del corto Un sueño en el parque, un llamado antibelicista concebido mediante imágenes vanguardistas por Luis Rogelio Nogueras (1944-1985), Wichy, como parte de sus múltiples inquietudes artístico-literarias. Prats, que escribe argumentos y guiones y dirige notas animadas para el Noticiero ICAIC Latinoamericano dirigido por Santiago Álvarez, colabora con él en la fotoanimación del clásico documental Now!

Entre los cortos que contaron con él como productor a mitad de los años sesenta pueden citarse varios de sus clásicos: La saladomaquia (1965), de Enrique González Nicanor, El Capitán Tareco (1966), Stradivarius Pérez (1966) y El tipo agradecido (1966), realizados por Tulio Raggi, así como Osaín (1966), codirigido por Hernán Henríquez y Tomás González. Tres títulos descollantes en la producción animada del ICAIC en la primera década de los años sesenta figuran en la filmografía de Paco Prats correspondiente a 1966: El origen del Gugú, de Hernán Henríquez, además de Sara, la jutía loca y Ostracismo, realizados por Jesús de Armas.

1967 es otro año sumamente importante en la carrera del joven Paco Prats, que hasta ese momento compartiera la responsabilidad de la producción con Elia González Tuya. Con el corto El vuelo cósmico, dirigido por el artista plástico de origen rumano Sandú Darie, comienza a desempeñarse como productor en solitario. A lo largo de esos doce meses produce más de una decena de cortometrajes animados y la fotoanimación para Santiago Álvarez de su documental Hanoi, martes 13, devenido otro clásico.

Luego de atravesar una tensa etapa en la que por criterios artísticos y administrativos Jesús de Armas renuncia como director del departamento, a partir del 10 de mayo de 1968, Raúl Taladrid, Director de la Empresa ICAIC, designa al productor Paco Prats como Jefe del Departamento de Dibujos Animados del ICAIC. Ese año, no menos prolífico en su obra, recibe la Orden Raúl Gómez García, del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura. Entre los cortos que produjo en esos meses se hallan: Pepe Trinchera, de Harry Tanner, y El lenguaje, dirigido por Hernán Henríquez.

Para que, en alguna medida, se tenga una idea aproximada de la intensa labor desplegada por Paco Prats, baste decir que al cierre de 1969, en que interviene en La mentirita y Pepe Esparadrapo, ambos del australiano Harry Reade, acumulaba ya un total de 51 títulos producidos, entre éstos varias colaboraciones destinadas al Noticiero ICAIC Latinoamericano.

En la etapa comprendida entre el 2 de mayo de 1969 y el 30 de junio de 1972, Paco Prats es llamado a cumplir el Servicio Militar Obligatorio, pero se las ingenia para producir tres cortos animados en 1970, uno de ellos es Los incrédulos, de Hernán Henríquez. A partir del 9 de septiembre de 1972, se reintegra como productor al Departamento de Animación y participa en la realización de una decena de notas para la televisión. Dentro de estas aparece una rareza: una brevísima nota de un minuto realizada por Tulio Raggi y protagonizada por el personaje de Elpidio Valdés según diseño del joven matancero Juan Padrón.

Con su entusiasmo profesional, Paco posibilita que Padroncito dirigiera en 1974 los dos cortos inaugurales de esta serie tan popular: Elpidio Valdés contra el tren militar y Una aventura de Elpidio Valdés. Contribuye a que el inquieto dibujante e incontenible creador de personajes y de series desde que se inició en las historietas, pudiera enriquecer su filmografía con títulos tan diversos producidos en 1974 como Horologium, que quiere decir reloj, La silla y Velocipedia. Un año después el mambisito reaparece en El machete.

 

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A Paco Prats, con más de un centenar de cortos a su haber para esta fecha, corresponde el honor de ser el productor en el primer largometraje de animación en la historia del cine cubano: Elpidio Valdés (1979), dirigido por Juan Padrón. Desempeñó idénticas funciones en su secuela, que exigió doce mil dibujos: Elpidio Valdés contra dólar y cañón (1983), también realizada por Padroncito, el creador de ese personaje pronto devenido emblemático. Si a él le corresponde el mérito de diseñarlo, a Paco Prats le debemos el empujón definitivo para saltar machete en mano de las páginas del semanario infantil Pionero, a la pantalla grande.

Paco Prats ejerció como director de producción del largometraje ¡Vampiros en La Habana! (1985), el tercero realizado por Juan Padrón. Para esta película concibió ochenta mil dibujos y Prats siguió el lento y complejo proceso productivo a lo largo de dos interminables años de trabajo en los que se diseñaron seiscientos dieciséis fondos y fue necesario realizar un total de mil ciento setenta y nueve planos. Si en su estreno habanero a partir del 7 de julio de 1985 —sin tener siquiera la première acostumbrada—, pronto devino un auténtico filme de culto en todo el mundo. Donde quiera que se exhibió la crítica aclamó esta hilarante comedia de horror sobre vampiros que van a parar a La Habana en los años treinta en busca de una fórmula que les permita salir al sol. Baste citar como ejemplo de su resonancia esta reseña publicada en The New York City Tribune, que le definió como «Una película que tiene de todo: humor, creación artística, una música grandiosa: ochenta minutos de entretenimiento vivaz, de jazz fantástico y de personajes locos».

Su éxito rotundo debe no poco al derroche de talento de su director, pero también a la intensa labor desplegada por Paco Prats, uno de los héroes anónimos en esa especialidad tan poco reconocida e ignorada por los espectadores, e incluso por no pocos críticos, que es la producción. Más vampiros en La Habana (2003), la esperada secuela, en la cual la trama se traslada a la segunda guerra mundial, no queda a la zaga, pero tampoco alcanza la misma repercusión internacional de su predecesora.

Pero unos años antes, la serie televisiva en seis capítulos de 28 minutos de duración cada uno, Más se perdió en Cuba (1995), coproducida por el ICAIC con la firma española ISKRA, reclamó mucha dedicación y esfuerzos por parte de Paco Prats. En esta ocasión, Padrón aborda sucesos de la historia de Cuba ocurridos entre 1898 y 1933, con la presencia de Elpidio Valdés (hijo) que, en compañía de su padre, Coronel del Ejército Libertador, continúa la lucha por la verdadera independencia del país. Al año siguiente, su edición como un filme de 78 minutos, originó el tercer largometraje protagonizado por el intrépido mambí dirigido por Juan Padrón: Contra el águila y el león (1996). La inveterada ejecutividad de Prats, el principal productor de los Estudios de Animación del ICAIC desde su surgimiento, permitió sintetizar la serie en una película con destino a las salas de cine.

Sin abandonar el desempeño de su especialidad, incrementado al ser nombrado productor jefe del departamento de postfilmación del ICAIC, Paco Prats integró los jurados de varios festivales internacionales y extendió su labor a la docencia, al impartir conferencias y talleres de animación en instituciones de Cuba y España.

En la amplísima filmografía de Paco Prats como productor que asciende hasta 670 obras, figuran 393 títulos de animación, que constituye todo un récord, entre cortos y largometrajes tanto nacionales como servicios a coproducciones con otros países. Incluye también notas animadas con destino a documentales, y para la televisión de Cuba y México. Abarca una decena de documentales producidos en los años ochenta, entre estos: Esa mujer de tantas estrellas (1987) y Momentos de Tina (1988) de Mayra Vilasís, Volvamos a empezar (1987), de Guillermo Centeno, Entre leyendas (1988), de Rebeca Chávez, La forma en el espacio (1988), de Oscar Valdés y Motivaciones (1988), de Marisol Trujillo, por citar algunos. También cuenta con la producción de varios documentales para la British Broadcasting Corporation de Londres y la Televisión Española.

 

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El Ministerio de Cultura le entregó a Paco Prats en el 2001 la Distinción Por la Cultura Nacional por su brillante itinerario. Recibió el 16 de abril del 2019 la Réplica del machete de Máximo Gómez en la Fortaleza de la Cabaña. La entrega de tan alto reconocimiento corona la extensa trayectoria de este indispensable profesional para quien la palabra jubilación nunca existi por considerar que aún tenía mucho que aportar a las nuevas generaciones de animadores. Uno de estos, Arám Vidal, consagró a su impronta el documental Paco (2005), en el que reflexiona sobre la historia del dibujo animado en la Isla, mientras varios invitados nos hablan de él. Testigo de un sueño es el título del libro de sus memorias que permanece inédito.

Ovacionemos con entusiasmo y alegría al septuagenario Paco Prats, uno de los héroes anónimos en el devenir de nuestra cinematografía, reconocido con el máximo galardón en el año conmemorativo de las seis décadas transcurridas desde la fundación de su Departamento de Animación convertidos desde 1992 en los Estudios de Animación del ICAIC.

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