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Madre del alma, madre querida…

12 de mayo de 2013

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Es una verdad incuestionable que los hombres y las mujeres de todas las latitudes, a lo largo de la historia del mundo, han rendido justo y mecido tributo a las madres.

De acuerdo a sus tradiciones y leyendas, todos han reconocido el amor, la entrega, el desvelo, el sacrificio, de quienes consagran sus mejores empeños para crear, formar, guiar, a sus hijos.

“Toda madre debiera llamarse Maravilla”, escribía, en 1882, en uno de sus cuadernos de apuntes, el más trascendente revolucionario e intelectual del siglo XIX cubano, el Apóstol José Martí.

Hermosas palabras que son fehaciente testimonio del respeto, la admiración, la devoción, que por las madres han sentido siempre las cubanas y los cubanos.

Puro y hondo sentimiento que los poetas, de diversas generaciones, estilos, tendencias, escuelas, han sabido trasladar a sus versos dedicados a las madres.

He aquí una selección de esos textos, nacidos desde la razón y el corazón, como homenaje de los poetas y la poesía cubana a este segundo domingo de mayo, Día de las Madres.

 

 

A mi madre

No fuiste una mujer, sino una santa
que murió de dar vida a un desdichado,
pues salí de tu seno delicado
como sale una espina de una planta.

Hoy que tu dulce imagen se levanta
del fondo de mi lóbrego pasado,
el llanto está a mis ojos asomado,
los sollozos comprimen mi garganta,

y aunque yazgas trocada en polvo yerto,
sin ofrecerme bienhechor arrimo,
como quiera que estés siempre te adoro,

porque me dice el corazón que has muerto
por no oírme gemir, como ahora gimo,
por no verme llorar, como ahora lloro.

Julián del Casal

 

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A mi madre

Madre del alma, madre querida,
Son tus natales, quiero cantar;
Porque mi alma, de amor henchida,
Aunque muy joven, nunca se olvida
De la que vida me hubo de dar.

Pasan los años, vuelan las horas
Que yo a tu lado no siento ir,
Por tus caricias arrobadoras
Y las miradas tan seductoras ´
Que hacen mi pecho fuerte latir.

A Dios yo pido constantemente
Para mis padres vida inmortal;
Porque es muy grato, sobre la frente
Sentir el roce de un beso ardiente
Que de otra boca nunca es igual.

José Martí

 

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Mi querida viejita

Día de las madres, 1951

Si en la quietud de vida que tú llevas
Y en la amplia pesadumbre que te alberga
Acaso no comprendes los tesoros,
Los alientos purísimos y afables
De seis hijos de amor que te veneran;

Si tu frente canosa está de luto
Y por todos los soles de este mundo
Tienes la palidez de un hijo enfermo;

Si todas las inquietas amarguras
Que con ánimo cruel tu vida asedian
Acaso te convierten en huraña
Habiendo sido siempre rosa tierna

Si has perdido tu meta y tu sonrisa
En tus caminos que con luz purísima
Nuestro sendero fiel nos demarcó…
Nada en el mundo… nada…!
Ni la sobra insincera de una hoguera candente de pasiones…

Ni mentiras, ni agudas intenciones…
Ni el poder que nos hiere en los adentros…
Ni la lágrima ardiente que fatiga…
Ni los dolores que nuestra alma abrigan…
Podrán desbaratar de la conciencia
La suprema emoción de esta palabra…
¡¡M A D R E!!

Raúl Gómez García

 

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Mi madre

Mi madre es esa niña sin padre y sin muñeca
que nos hizo la carne y el alma del verano.
Usa vestidos serios y ya no toca el piano,
pero aquí en nuestra casa ha sembrado una areca.

Propietaria de todos los pañales del mundo,
por jugar con nosotros se olvidó de ir a misa,
y ya veis: le ha salido una iglesia en la risa.
Su delantal es sabio como un libro profundo.

Con las tijeras quiere cortarme penas hondas.
Hace guisos humildes y caricias redondas,
y se arruga despacio como una ilusión.

Mi madre es esa única criatura diferente
que para darme un beso, raro y resplandeciente,
me ha zurcido la herida que llaman corazón.

1954

Carilda Oliver Labra

 

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Madre

Madre, estás aunque no estés
junto a mí y en mi existencia.
Madre que abre la conciencia
por donde vas y me ves.
Transparencia de los pies
pisando firme en el suelo.
Cielo más alto que el cielo.
Por tu norte, el desencuentro.
Avanza, mudo, a mi encuentro
el grito de tu pañuelo.

Ana Núñez Machín

 

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Madre

Mi madre no tuvo jardín
sino islas acantiladas
flotando, bajo el sol,
en sus corales delicados.
No hubo una rama limpia en su pupila
sino muchos garrotes.
Qué tiempo aquel cuando corría, descalza,
sobre la cal de los orfelinatos
y no sabía reír
y no podía siquiera mirar el horizonte.
Ella no tuvo el aposento de marfil,
ni la sala de mimbre,
ni el vitral silencioso del trópico.
Mi madre tuvo el canto y el pañuelo
para acunar la fe de mis entrañas,
para alzar su cabeza de reina desoída
y dejarnos sus manos, como piedras preciosas,
frente a los restos fríos del enemigo.

Nancy Morejón

 

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Madre mía

Llamarte por tu nombre, flor y amiga.
Tus manos hacen mundo cada día.
Mujer deshabitada, rebeldía
para hacer que el amor arribe y siga.

Lágrima del frutal y de la espiga
que solemne se llena de alegría.
Isla dinámica en la geografía
de donde el corazón la paz obliga.

Tu nombre es una inmensa desnudez
de luz y vida. Sin ti la lucidez
no podría encontrar lo más sublime.

Donde yo te menciono hay valentía,
y al hacerlo, tú evitas se lastime
mi paz y mi entereza, madre mía.

23 de julio de 1999

Antonio Guerrero

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exposito conde / 6 de febrero de 2018

"El valor de mi madre" Madre de mi alma, madre de mi corazón, por lo que luchaste en la vida hoy me llenaste de emoción. Por tener en tu vientre catorce hijos y tener tanto valor por sacarnos adelante, que sola nos criaste. Madre mía de mis entrañas, un suspiro de ilusión, un te quiero en mi garganta y el amor en mi corazón Por ti daría mi vida, por ti moriría yo. Viva la madre mía, la madre que me parió. Autor.Victoria Exposito Conde...