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Los versos de circunstancias de José Martí

22 de diciembre de 2017

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Marti Vicente Raúl García-Huerta

 

Con la denominación “Versos de Circunstancias” aparecen reflejados en el tomo 17 de las Obras Completas de José Martí un grupo de 47 poemas suyos muchos de los cuales hacen referencia ó están dedicados en forma específica a varias personas.

Muy diversa es la temática, la extensión y la forma de estos poemas, algunos de los cuales son muy breves puesto que en la práctica resultan ser dedicatorias que le hiciera a fotos u otros objetos que les envío a amigos.

El primero de esos poemas es el titulado Cuba nos une. Se trata de una cuarteta escrita por Martí en 1871 en Madrid, en el álbum del compatriota suyo Carlos Sauvalle, quién lo había ayudado a su llegada a la capital española con la salud quebrantada por el inhumano trabajo forzado que meses antes había tenido que realizar en las Canteras de San Lázaro durante su etapa de presidiario en Cuba.

En dicha cuarteta le expresa:

 

Cuba nos une en extranjero suelo,

Auras de Cuba nuestro amor desea:

Cuba es tu corazón, Cuba es mi cielo,

Cuba en tu libro mi palabra sea.

 

El segundo de esos “Versos de Circunstancias”, titulado Rosario, está dedicado a Rosario de la Peña y presumiblemente fue escrito en marzo de 1875. En la parte inicial destacó:

 

En ti pensaba yo, y en tus cabellos

Que el mundo de la sombra envidiaría

Y puse un punto de mi vida en ellos

Y quise yo soñar que tú eras mía.

 

Otro de estos poemas, tan sólo de cuatro líneas, fue escrito por Martí en un abanico de Isabel Carolina Fernández, conocida como Cocola. Le manifestó:

 

Qué quieres tú que te escriba,

Niña de mi tierra honor?

Yo no sé cómo se escribe

Una flor en otra flor.

 

En otro poema fechado en Nueva York en 1887, dirigido a María Luisa Ponce de León, Martí hace alusión al significado que le atribuye a la poesía al expresar:

 

Como una tierna rosa es la poesía

Que en el silencio poderoso crece

Y alma el misterio en que la luz florece,

Y cada flor dice a su flor: “María”

 

Los denominados “Versos de Circunstancias” no fueron escritos en un período de tiempo en específico, ni recogidos inicialmente en un libro, sino que constituyen obras elaboradas por Martí en diferentes etapas de su existencia.

En uno de esos poemas, de tan solo dos cuartetas, fechado en Nueva York el 22 de enero de 1891 y dedicado a Angelina de Miranda, Martí también expresó:

 

De cierta noche amistosa

Recuerdo, en cierto festín,

Como un alma de jazmín

Y la sombra de una rosa.

Dos ojos vi sin enojos,

Dos ojos de luz estrella.

¡Recuerdo una mano bella,

Y dos magníficos ojos!

 

El gran amor que sintiera por su tierra natal Martí lo patentizó en otro poema fechado en Port-au-Prince, el 4 de octubre de 1892, reflejado en el álbum del matrimonio formado por Cecilia Cohen y Edmond Heureaux, entusiastas colaboradores de la causa independentista cubana.

En el poema identificado como En la vida desterrada, integrado por tan solo dos cuartetas, expuso:

 

En la vida desterrada

No hay puerto, seno ni abrigo

Como el hallar un amigo

En la sed de la jornada

Pero el consuelo es mayor

Y más bálsamo derrama,

Si nuestro amigo nos ama

La Patria de nuestro amor.

 

En estos poemas hizo alusión al beso que le había dado el niño Rafael Portuondo y Domenech, hijo del general Rafael Portuondo Tamayo. Martí había acudido en enero de 1895 a la casa del general para despedirse antes de marchar hacia Cuba para participar en la guerra que con tanta pasión había logrado reorganizar.

Fue entonces cuando el niño le dio un beso, a modo de despedida, y este hecho sería motivo de inspiración para Martí que señalaría en el poema conformado por una cuarteta:

 

Un niño, de su cariño,

Me dio un beso tan sincero

Que al morir, si acaso muero,

Sentiré el beso del niño.

 

Otras de sus múltiples vivencias también quedaron para la historia a través de sus versos. Cito otro ejemplo.

En 1895 el patriota Jesús Badin Jústiz le había enviado un alfiler de oro con la bandera cubana.

Y Martí para agradecerle dicho regalo le escribió un breve pero emotivo poema en el que le señaló:

 

De oro de su corazón

Me manda un cubano fiel

El querido pabellón.

Hoy sin huestes ni laurel,

Quiero que mi corazón

Lo entierren junto con él.

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