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Los problemas de Artemio

8 de abril de 2016

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Artemio es director de cine y leyó una novela que lo ha subyugado y quiere llevarla al cine. El primer paso que da es comunicarse con el autor, que un poco reacio al principio, acepta accede a llevar su obra a la pantalla grande, siempre y cuando el guionista cuente con él para la adaptación. Después, y ya lograda la subvención económica, se dispone a conformar su equipo técnico para pasar a elegir el reparto. El asunto es que el guionista que quiere –y que es un excelente profesional– no tiene mucha paciencia con los autores del original y le gusta dar giros a la historia, mientras que el escritor de la novela, que ya está un poco escéptico, es famoso por su mal humor, y si esto fuera poco, el músico que quiere ha tenido roces con el mismo Artemio, aunque la directora de casting, que se llama Ileana es una amiga de muchos años y siempre que trabajan juntos le ayuda a limar asperezas. Claro que hay más personas involucradas, pero como esto es solo un ejemplo y no una novela, solo me voy a quedar con estos personajes.
Servida la mesa vamos a ver si este director tiene las capacidades emocionales que le permitan liderar este grupo tan disímil y llevar a cabo su empresa. ¿Qué hacer? Pues lo primero es explorar los estados de ánimo de su equipo y al ver que son muy diferentes, se reúne con cada uno de ellos, validando el derecho que tiene de estar receloso (el autor), la euforia creativa del guionista y al músico le acepta que tengan diferencias, pero le asegura que lo quiere por su talento y que su participación le dará a la película un gran nivel, y con estas reuniones los compromete con el proyecto, motivándolos, haciéndoles ver que su intervención es crucial en la meta común; hacer el filme.
Con este paso, lo que hizo fue ser empático con su grupo para que tomaran conciencia de la organización y se orientaran al servicio, o sea que cada cual haga su trabajo, respetando el de los demás para realizar un filme de calidad. Sobre esto escribí la semana pasada, sobre la competencia emocional llamada “conciencia social” y que con este ejemplo de Artemio estoy tratando de “traducirlo” a la vida común y corriente. A estas alturas al director le falta mucho camino por recorrer en términos de convertirse en un gestor de las relaciones (la otra competencia emocional que mencioné también en artículo anterior), porque no vayan a creer con que lo que hizo fue suficiente, sino que ahora viene la parte en que el escritor discute con el guionista, este se empecina en quitar personajes, porque un filme no puede hacerse con tantos personajes involucrados “porque duraría por lo menos 10 horas”, y así aparecen otros dilemas; con el distinguido músico que quiere usar más violines que piano en la banda sonora y no es lo que quiere el director, mientras que la directora de casting trabaja a todo tren, pero es interrumpida por el autor que quiere dar el visto bueno a la actriz protagonista porque “él tiene una imagen de su heroína”.
Por todo esto y mucho más es que Artemio tiene que ser un negociador de conflictos y hacer que las diferencias sean evaluadas en su presencia, buscando una solución consensuada, pero no puede permitir que aparezca un “culpable”, ni un “chivo expiatorio”, y mucho menos que alguien se vaya del proyecto, para lo cual se le ocurre que se pueden realizar actividades recreativas, ya sea jugar dominó, hacer un poco de básquet, como alguna reunión entre amigos con música y bebida, con el objetivo de que se conozcan desde la faceta de seres humanos comunes y corrientes, donde Ileana realiza su labor como catalizadora de cambio, o sea, logra encontrar la forma de propiciar que se den las transformaciones y que las relaciones interpersonales sean más amistosas que laborales –que al autor y al guionista son filatélicos– por ejemplo y otras coincidencias entre los demás miembros del equipo. Y aunque los conflictos siguen apareciendo, la negociación, sigue siendo una tarea constante, y esto lleva a la conciencia de cada miembro el hecho que puede ayudar al desarrollo de los otros, lo cual es cierto, y no solo con los que hemos nombrado, sino con otros integrantes, los cuales pueden aprender y también aportar sus ideas, ya que en un colectivo no existe alguien que sea excluible ya que todos seguro que sepan sobre algo y tengan una buena idea, el asunto es que el líder sepa sacar lo mejor de cada uno.
Para hacer todo esto hay que tener cualidades de líder, o lo que es lo mismo, disfrutar dirigir asertivamente un colectivo y ser capaz de entender a los otros e influir en las conductas. Solo de esta manera es que podríamos ver una buena película, mientras que comemos rositas de maíz.

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