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Las bondades del fracaso

1 de enero de 2016

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Risk

 

Resulta muy importante desarrollar nuestras competencias emocionales, porque –como ya saben los que me siguen en este espacio– la inteligencia emocional es la potenciadora de las otras inteligencias que poseemos, y es la única que no puede faltar, ya que podemos ser buenos músicos y malos en el cultivo de plantas o buenos matemáticos y malos bailadores; y así las mil y una combinaciones de las inteligencias que poseemos los humanos. Sin embargo, la emocional es la que nos permite poner en “el ruedo” esas inteligencias, porque no hacemos nada si podemos diseñar un edificio tan arriesgado y novedoso que puede cambiar la ingeniería civil si no somos capaces de exponer ese trabajo en una reunión por timidez, temor al fracaso, no tener autocontrol de nuestras emociones; en fin, que no podamos manejar las emociones negativas que nos inmovilizan.
Es por ello que con mucho acierto se le llama “la potenciadora” del resto de las inteligencias” y conozco personas que han perdido la posibilidad de dar a conocer sus creaciones, innovaciones, sus destrezas por incapacidad emocional, y en particular recuerdo a alguien que creó una caricatura y tenía muy buenas ideas para crear historias con este personaje y nunca lo publicó, ya han pasado más de 10 años y no ha pasado nada porque cree que no es lo suficientemente bueno, quiere perfeccionarlo más, opina que hay mucha competencia y da muchos más argumentos para evitar el camino de búsqueda que lo llevaría a una publicación que le daría espacio a su trabajo.
¿Qué pasa en este caso y en otros parecidos? La respuesta no es única y en una sola dirección, pero si hay muchos elementos que nos hacen pensar que la inteligencia emocional tiene respuestas al respecto. Este hombre tiene un gran temor al fracaso y por consecuencia una tendencia hacia la perfección (lo que es un trabajo eterno porque es una búsqueda sin fin) y en particular rechaza la posibilidad de sentir las emociones negativas que acompañan a la no aprobación, a la crítica, a la burla, en fin a las respuestas que pueden provenir de los especialistas y del público en general, o sea, tiene un temor enorme al fracaso. Y yo pregunto ¿quién no? porque a nadie le gusta ser objeto del rechazo ni en pequeña, ni en gran medida.
Sin embargo, hay algo cierto, el fracaso es parte de la vida de todas las personas por lo que uno de los aprendizajes en la educación emocional es saber reorientar las emociones negativas provocadas por el fracaso, la frustración y ser capaces de encaminarlas hacia una actitud de confianza. La excelencia es muy deseable y es la aspiración de todos, sea cualquiera la profesión que tenemos porque la modista quiere que el vestido le quede perfecto, el pintor igual con su cuadro, el boxeador quiere ganar todas sus peleas de forma contundente, el cirujano desea que sus intervenciones quirúrgicas sean perfectas y su paciente se recupere al 100 %, y lo mismo pasa con el cocinero, el carpintero, el científico, el director de cine y así en cuanto oficio y profesión existe; pero lo primero que hay que aprender es que el camino al éxito tiene como aspecto ineludible y de aprendizaje, el fracaso. Por eso es que resulta necesario aprender a afrontar las críticas, las incomprensiones, etc., no desde la perspectiva de una agresión, sino saber aislar el contenido útil de la crítica y preguntarse: ¿Qué hay de cierto y útil en lo que me han dicho?
No resulta fácil, no me cabe dudas de esto, pero aprender a tener una postura más abierta hacia opiniones externas, aunque no sean favorables, resulta muy, pero que muy beneficioso, ya que hay quienes saben más que nosotros y eso ayuda. Ahora bien, se que muchas veces las críticas vienen cargadas de ironía, desprecio, burla, subestimación y realmente hay que poseer un buen “equipo personal de competencias emocionales” para lograr la derivación hacia objetivos positivos y llegar a la esencia. Sé que están pensando que hay críticas injustas, otras guiadas por la envidia, teñidas por rencillas personales, o sea, que aparentemente no son útiles, y recalco la palabra “aparentemente” porque si bien es cierto que pueden no darnos elementos para mejorar el trabajo que hemos hecho, sí nos dan mucho aprendizaje para saber quiénes son esas personas y colocarlas en el lugar que les corresponde, en la evaluación personal o como me gusta decir a mí, “en la nómina de los no confiables, los frustrados, los incapaces”, y así saber qué comportamiento vamos a tener con ellos.

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