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La vida tiene éxitos y fracasos a la vez (II)

18 de julio de 2014

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Había quedado pendiente comentar acerca de los dos caminos a seguir, determinado por las circunstancias en que se encuentra el individuo a partir de su individualidad y percepción de la misma. Veamos cuales son estas dos vías que se plantean: (19)

pensamentos-sobre-a-vida2Hay un primer camino que está caracterizado por una prevalencia de un sentido de auto afirmación, auto confianza y sobre todo cuando se le imprime a la vida su verdadero valor y por ello, se desea y se ama. Cuando las personas piensan y proceden bajo estos pensamientos se dice que genera el “síndrome pro vida” o “biofilia” que no es más que el camino del progreso y de la aventura creativa de la autorrealización y contrariamente, un segundo camino, cuando predomina la permanente negación, el odio, el miedo a la vida, el andar con temores fundados o no, y en este caso, se origina el denominado  “síndrome por muerte “o “necrofilia”, caracterizado por el retroceso, obstruirse, la perdida de la auto confianza, la prevalencia de resentimientos, de vivir en el presente lo peor del pasado, no asumir los errores y fracasos que anteceden el presente como fuente de aprendizaje y de experiencias, sino mas bien con pesimismo, aprensión, pre disposición para todo, en fin, es el camino que niega lo humano, y caracteriza a los fracasados.
Cuando usted se decide por el primer camino, ese que inspira al progreso, a la aventura creativa, a la más plena autorrealización personal y se caracteriza porque en el se puede producir un cambio progresivo y por ende un más efectivo desarrollo, donde indiscutiblemente logran tomarse de las manos en una fuerte e indisoluble unión el amor y la razón.
Este primer camino fortalece el nivel de autonomía, de independencia, de ese podernos auto dirigir en nuestros pasos por la vida, además de la autenticidad y la sensatez o sinceridad con uno mismo. Lo anteriormente planteado, indiscutiblemente nos hace mas seguros y por ende el comportamiento que proyectamos es fiel y mucho mas cercanos a como somos en realidad, a como pensamos y deseamos ser, lo que provoca un equilibrio, una armonía interior, que además de repercutir en el sistema nervioso central, en nuestro estado de salud, hace posible que la inteligencia emocional, unida a la intelectual permitan que la pasión este en su justa medida, y que en la relación razón y amor no se sobreponga una sobre la otra.
Cuando andamos por este camino prevalece el optimismo, la esperanza, la honestidad y el amor en el mismo centro del comportamiento que desarrollamos ante cada meta que nos trazamos a partir de necesidades mas a fines a nuestros deseos y por ello, la creatividad aumenta hasta limites insospechados y por lógica, nuestras relaciones con el medio que nos rodea, la comunicación con las demás personas es mucho mas armónica y efectiva, lo cual contribuye directamente a nuestro crecimiento personal y espiritual. Esto sucede porque se ha propiciado una percepción  más positiva y utilitaria del mundo externo, lo cual hace posible las proyecciones comportamentales mucho mas alentadoras y esperanzadoras, se magnifica la realidad, no se idealiza, se sabe lo que hay en ella, pero de una forma positiva y con motivos suficientes para emprender cualquier meta, por difícil o inalcanzable que nos pueda parecer.
Hablamos de un segundo camino a tomar donde contrariamente la inercia y la apatía, el ofuscamiento de la razón y el predominio de las pasiones negativas, destructivas son los fundamentos que caracterizan al mismo. En este camino se hacen presentes también la deshonestidad, la insinceridad, la mentira, la falsedad, la no racionalización adecuada, la falta de autenticidad sobre todo, porque en realidad no actuamos como sentimos, pensamos o somos realmente y es aquí cuando se provoca el aislamiento, se hacen nulas las relaciones con los demás y cuando se producen, no son adecuadas, pero lo más alarmante de todo esto, es que también la incomunicación se produce con uno mismo y es como que la persona se acomoda a esa situación desagradable y negativa, no solo para el, sino también para todas las personas con las que debe y tiene que compartir en su cotidianidad y donde se hace presente una especie de encogimiento y se produce una notable carencia de ánimo, la denominada pobreza o indigencia emocional.
El comportamiento anterior hace que la persona se detenga en el tiempo, no evoluciona, no se desarrolla, no crece, se anquilosa y por ello, vive su presente en el pasado pero sin vivir, sin vida, porque su comportamiento presente se fundamenta solamente en malos recuerdos y cuando son buenos, los percibe como lo bueno no vivido sino perdido en el presente, vive de recelos, rencores, odios, y de todo lo que puede engendrar negatividad a su presente.
Hasta aquí algunas peculiaridades de los dos caminos que podemos tomar en nuestras vidas, del que escojamos para andar y en el que persistamos vivir, dependerá de forma absoluta nuestro vivir.

(19) Torroella Gustavo. Los caminos ascendentes y descendentes de la vida. En www/Infomed.sld.cu. Sección Salud y Vida. 2003.

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