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La vida tiene éxitos y fracasos a la vez (I)

11 de julio de 2014

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exito-y-fracasoEn realidad para nadie es un secreto porque todos lo hemos vivenciado en cada una de nuestras historias individuales, que esto que llamamos vida, tiene como decimos en el argot popular, sus altas y sus bajas, y es cuando expresamos, “Estoy bien” o “Estoy en baja” como también hay sus momentos que llamamos de “normalidad”, lo cual se manifiesta con frases como estas: “Ahí, tranquilo, normal, en lo de siempre”.
En cualesquiera de estas situaciones hay algo que puede estar siempre presente, aún en los momentos de mayores fracasos y depresiones, y es ese impulso de buscar el crecimiento, de hacer algo, de sobrevivir en situaciones difíciles, de aprovechar los mejores momentos, de la auto estimulación, aunque en ocasiones se puede estar tan por debajo de la normalidad que exige el vivir, que podremos sentir esos impulsos con pesimismo, pero sin dejar de ser impulsos, anhelos y esperanzas de lograr mejorías y de alcanzar resultados más satisfactorios y estamos hablando de ese sentido de sobrevivencia, de ese afán de avanzar, de crecer, de desarrollarnos, unas veces más motivado, otras menos, pero en fin, siempre estarán presentes las necesidades humanas.
Ahora bien, cuando sentimos la necesidad de crecer se hace imprescindible la fuerza de voluntad, la iniciativa creadora, el sacrificio, aunque hay algunos que no piensan en estos parámetros humanos tan decisivos, son los que buscan las salidas más fáciles y que menos sacrificio reclamen de ellos. Ese impulso inicial que nos alerta la necesidad de crecer y de desplegar nuestros esfuerzos físicos y mentales, esa convicción que se materializa en la fuerza de voluntad, la necesidad de hacer y actuar, de asumir e interactuar con lo externo, e ir en busca del resultado que indiscutiblemente puede ser exitoso o no, porque siempre en la cotidianidad de nuestras vidas estarán presentes el éxito y el fracaso
Entonces, podemos llegar a una primera conclusión, de nuestras necesidades se originan los comportamientos que nos pueden llevar al logro de los objetivos trazados o al fracaso, pero también de ellas surgen los comportamientos positivos o negativos que se pueden asumir uno u otro, tanto en los logros como en los fracasos.
Cuando hablamos de lo positivo nos referimos a las actitudes matizadas por el amor, la honestidad, la ética, la autocrítica, la sencillez, la austeridad, el poder de recuperación si hay fracaso o de asumir el éxito no como un símbolo de superioridad, sino más bien de auto crecimiento personal y de contribución al bienestar propio y al de los demás que lo necesiten o no, pero que pueda estar presente la positividad en el momento de asumir uno u otro.
Un elemento que es importante tener en cuenta cuando alcanzamos el éxito, es que esto no significa que lo hemos logrado todo, que nos lo sabemos todo, que somos superiores y que no necesitamos aprender de los demás, ni mucho menos sentirnos los dueños del mundo, porque estos comportamientos, aunque pueda parecer contradictorio, es la perdida del éxito, si es que en realidad se ha logrado. Y reitero, aún en los casos del éxito más asegurado y fundamentado, asumir los comportamientos descritos puede tirar por el suelo cualquier logro o éxito alcanzado.
El éxito no significa que se ha alcanzado el más alto escalón de la vida o la cima de la montaña, sino uno más, que siempre trae aparejado nuevos compromisos, nuevos aprendizajes, nuevas metas, nuevos retos, porque las necesidades nunca serán satisfechas en su totalidad, surgirán nuevas, desafíos mayores o iguales, o en última instancia la mantención de lo logrado con un nivel de ética, honestidad y sobre todo de austeridad y sencillez.
Sin que le puedan quedar dudas, usted puede aseverar una máxima que dice: “Lo que ilumina el éxito y al fracaso no es lo logrado o no logrado, sino la forma en que la persona los asume”, de ahí que tanto en una como en otra situación esta implícito el continuar creciendo a partir del aprendizaje y la adquisición de experiencias de forma sostenida, porque esa sostenibilidad es un aspecto esencial para la vida, porque tanto una como otra condición, es la prueba mayor que puede pasar un ser humano para demostrar su inteligencia, tanto intelectual como emocional, sus principios, su sencillez, su austeridad, su sensibilidad humana, en fin su condición como ser humano.
En realidad la vida como todo lo humano no se puede ver con una óptica de rigidez, porque una y otro son flexibles, cambiantes, y de ahí la presencia en el curso de la vida de etapas buenas, otras menos buenas y las mucho menos buenas que se producen como parte del propio desarrollo individual y social de cada persona, lo que significa que  la vida se produce dentro de dos extremos, unas veces más hacia la categoría alta y otras hacia la baja, y en ocasiones, en ese intermedio donde a pesar de lo bueno o lo malo que nos puede suceder, no es absoluto, pueden estar algunos vestigios en mayor o menor medida de unos y otros.
En realidad siempre nos vamos a mover entre dos puntos, uno de ascenso, de desarrollo, de crecimiento, de avanzar en la vida y otro de descenso, de estancamiento, de involución, y de negación o de rechazo a la vida y es a partir de estos estadios que cada cual valora su vida y lo hace en presente, lo piensa en futuro y la recuerda en pasado.
Hay dos caminos a seguir a partir de las circunstancias en que se puede encontrar una persona, pero de ello, les propongo conversar la próxima semana.

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