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La venganza: ¿Un plato que se sirve frío?

26 de abril de 2013

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Para aprobar la llevada y traída frase que asevera que la venganza es un plato que se come frío, lo primero que debemos hacer es definir el concepto de venganza. Se dice que es un impulso instintivo que se experimenta después de una ofensa inmerecida.
La venganza en su esencia es la acción de desquite contra una persona o grupo de estas ante una mala acción percibida como ofensiva. Con frecuencia se igualan los conceptos venganza y justicia, porque bajo el fundamento de “hacer justicia” asumimos determinados comportamientos y actitudes que en su esencia responden más a un acto de venganza que a uno de justicia.
La diferencia está precisamente en que la venganza tiene un sentido más injurioso que reparador, la justicia repara, la venganza insulta, ofende, humilla y se caracteriza por ser agraviante, infamante y deshonroso.
Cuando usted ha sentido ese deseo de venganza, eso que llamamos “Sed de venganza”, usted solo pretende y tiene como objetivo primordial forzar a esa persona que le ha hecho sufrir, provocándole el mismo o mayor dolor que el que le produjo a usted. En ocasiones decimos, “Tengo que darle una lección”, pero la lección es que sepa: “Que conmigo no se juega, que hay que respetarme- mejor entendido, tenerme miedo- y que sepa que no me he quedado con los brazos cruzados ante su ofensa”. Lo anterior no tiene un sentido educativo, la justicia, el hacer justicia ya implica además de la sanción, lo educativo, lo reconstructivo.
Otro de los objetivos que persigue el acto de venganza es asegurarse de que esta persona o grupo no volverá a cometer dichos daños y por último y no por ello menos importante de citar en este momento, cuando las personas desarrollan un acto de venganza, sienten placer, satisfacción, se sienten auto realizados, pero cuidado con esto, porque ese goce responde al rencor que le ocasionó la ofensa, por ello, no es un placer, un contentamiento sano, porque su origen está precisamente en el rencor.
Ahora bien, usted podrá cuestionarse, ¿Debo soportar pasmosamente la ofensa? Como dicen los libros sagrados: “Poner la otra mejilla”. No es precisamente poner la otra mejilla sino poner a funcionar el razonamiento, la inteligencia a partir del auto control que se pueda lograr en ese preciso momento.
Cuando la persona está realizada y ha  encontrado un verdadero sentido a la vida, o muchos sentidos, por muy dura que sea la ofensa recibida no necesita de la venganza  para defenderse, porque es una persona plena y sobre todo fuerte, no tanto para soportar la ofensa sino porque está capacitada para analizarla, razonarla, y tener reacciones mucho más inteligentes en el plano emocional y sentimental.
Cuando se presenta un fenómeno de infidelidad, la víctima, por lo general, al sentirse traicionado tiene tendencia a pensar y recurrir a la venganza, pero cuando llega a comprender que lo indigno es la propia infidelidad del que pretende sancionar por haberlo traicionado, abandona la aventura de la venganza. Resulta difícil interiorizar esta verdad, pero realmente en estos casos de infidelidad, es el victimario quien ha procedido de forma deshonesta, a la larga, solo se ha hecho una auto agresión y si usted lo imita con igual comportamiento, más que agredirlo como revancha, se está auto agrediendo a usted mismo.
La sed de venganza es mala consejera, evitarla implica evitarse un montón de problemas. Como dice un proverbio chino: “El que se vengue, deberá cavar dos tumbas”. La venganza puede atenuar el resentimiento interior, pero puede traer graves consecuencias y la pérdida del estado de salud, pero de ello quiero reflexionar con usted la próxima semana.

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