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José Martí y el primer combate que presencia en Cuba

22 de abril de 2022

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Batalla inmortal, 2003 Antonio Mariño Souto Batalla inmortal, 2003 Acrílico sobre tela 92 x 110 cm

Batalla inmortal, 2003, Antonio Mariño Souto, Acrílico sobre tela, 92 x 110 cm

 

Tanto en el diario que llevaba, así como en una carta que le escribió a Carmen Miyares, José Martí detalló lo que sintió cuándo en el territorio cubano presenció un enfrentamiento con fuerzas españolas el 25 de abril de 1895.

En sus anotaciones correspondientes a este día Martí señaló en su diario: “Jornada de guerra.- A monte puro vamos acercándonos, ya en las garras de Guantánamo, hostil en la primera guerra, hasta Arroyo Hondo. Perdíamos el rumbo. Las espinas, nos tajaban. Los bejucos nos ahorcaban y azotaban. Pasamos por un bosque de jigüeras, verdes, puyadas al tronco desnudo, o a tramos ralo. La gente va vaciando jigüeras, y emparejándoles la boca. A las once, redondo tiroteo. Tiro graneado, que retumba; contra tiros velados y secos. Como a nuestros mismos pies es el combate; entran, pesadas, tres balas que dan en los troncos. ‘¡Qué bonito es un tiroteo de lejos!’, dice el muchachón agraciado de San Antonio, un niño. “Más bonito es de cerca, dice el viejo.”

Al día siguiente en carta a Carmen Miyares también hace referencia a ese combate. Señala: “Por el momento veníamos muy seguidos. Retumba de repente el tiroteo como a pocos pasos de nosotros, y el fuego es de dos horas. Los nuestros han vencido.”

La derrota de las fuerzas españolas se debió de manera esencial por la oportuna intervención de luchadores independentistas cubanos dirigidos por José Maceo y Victoriano Garzón que acudieron con prontitud hasta el lugar donde se hallaban sus compatriotas para prestarle la ayuda necesaria.

Una vez concluido el enfrentamiento se produjo un emotivo encuentro entre los luchadores dirigidos por José Maceo y los integrantes del pequeño grupo en que se hallaba Martí.

Y acerca de ello Martí le comentó a Carmen Miyares: “…momentos después rechazado el enemigo, caíamos en brazos de nuestra gente: allí caballos, júbilo, y seguimos la marcha admirable, a la luz de hachas del monte y árboles encendidos; la marcha de ocho horas a pie; después de dos de combate y de cuatro de camino, de la noche entera, sin descanso para comer de día ni de noche.”

Martí igualmente le explicó a Carmen Miyares en esta carta que se había acostado a las tres de la madrugada curando los heridos y que dos horas después continuó su transitar por el territorio cubano.

Y de lo que experimentó al brindarle su ayuda solidaria a sus compatriotas, expresó: “Sentía anoche piedad en mis manos, cuando ayudaba a curar los heridos.”

Hizo referencia además a la gran ayuda que le había brindado Máximo Gómez para poder enfrentar las duras condiciones de vida en las zonas rurales del territorio cubano y en relación con el Generalísimo, precisó: “Gómez me ha cuidando en los detalles más humildes con perenne delicadeza. He observado muy de cerca en él las dotes de prudencia, sufrimiento y magnanimidad.”

Y en la parte final de esta misiva en la que narró algunas de sus vivencias en Cuba en abril de 1895, Martí aseguró: “No soy inútil ni me he hallado desconocido en nuestros montes; pero poco hace en el mundo quien no se siente amado.”

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