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José Martí y su labor como creador

30 de septiembre de 2016

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Más allá del aporte hecho en el empeño de lograr que en Cuba se combatiese nuevamente con el propósito de alcanzar su independencia, José Martí sobresale por la gran labor desarrollada a través de su breve pero fecunda existencia en otros importantes campos y en tal sentido hay que recordarlo como un eminente creador puesto que escribió múltiples poemas, una novela, varias obras de teatro, tradujo obras de autores famosos, así como realizó un encomiable trabajo como periodista.

Incluso Martí expuso consideraciones muy significativas en torno al papel de los escritores y precisó lo que para él significaba escribir.

Él afirmó que escribir constituía un arte y también detalló que no hay placer como este de saber de dónde viene cada palabra que se usa y a cuanto alcanza, ni hay nada mejor para agrandar y robustecer la mente que el estudio esmerado y la aplicación oportuna del lenguaje.

Igualmente destacó que siente uno, luego de escribir, orgullo de escultor y de pintor. Expresó además que fortalecer y agrandar vías es la faena del que escribe y que no había tormento mayor que escribir contra el alma o sin ella.

Para él, según detallara en un comentario que hizo sobre el libro Tipos y costumbres bonarenses, publicado en el Partido Liberal de México, el 3 de octubre de 1889, escribir no era cosa de azar, que sale hecha de la comezón de la mano… sino arte que quiere a la vez martillo de herrero y buril de joyería, arte de fragua y caverna, que se riega con sangre, y hace una víctima de cada triunfador; arte de cíclope lapidario.

Y en una carta dirigida a Elías de Losada, fechada en Nueva York el 17 de noviembre de 1890, llegó a puntualizar: “Para mí, escribir es servir”.

También en el periódico Patria, el 28 de noviembre de 1893, resaltó: “Escribir es sentir”.

Martí expresó igualmente que un libro nuevo es siempre un motivo de alegría, una verdad que nos sale al paso, un amigo que nos espera, la eternidad que se nos adelanta, una ráfaga divina que viene a posarse en nuestra frente.

En un trabajo titulado “Biblioteca Americana”, reflejado en La América, en mayo de 1884, planteó: “Cada libro nuevo, es piedra nueva en el altar de nuestra raza.”

Según lo expuesto por Martí los libros consuelan, calman, preparan, enriquecen y redimen y para él cada libro es una respuesta a nuestras ansias, un paso más adelantado hacia el cumplimiento final de nuestros incógnitos destinos.

Martí recomendó que para saborear los libros es preciso leerlos, no con la imaginación, sino con la experiencia. Aconsejó que los libros debían leerse con una pluma en la mano. De esto se deriva que a su juicio cada obra literaria podía ser fuente de enseñanza para los lectores y que siempre uno podía encontrar en los libros algunos datos o reflexiones muy útiles y por tanto era conveniente hacer oportunas anotaciones.

En uno de los trabajos que publicó en La América, en Nueva York, en noviembre de 1883, expresó que un libro, aunque sea de mente ajena, parece cosa como nacida de uno mismo y añadió que se siente uno como mejorado y agrandado con cada libro nuevo.

Martí hizo reflexiones en torno a la diversidad y características de los libros. Precisó que hay libros en que parece que va acuñado el corazón mientras que hay otros que constituyen un dolor verlos. Y afirmó además: “…hay libros de gala, escritos con el corazón: que excusa con su sinceridad las ligerezas del juicio, libros como acuarelas, con un color que tiene algo de rosa y de miel, y una gracia como de pluma de ave blanca; libros de perla, leche y oro.”

Para Martí por debajo de las obras de fantasía, como la sangre por debajo del cutis, ha de correr, si se quiere que el libro sea viable y no se desvanezca como el alcohol expuesto al aire, un sentimiento vivo o un pensamiento de valor permanente.

Desde la etapa de su adolescencia Martí evidenció la importancia que le concedió a la palabra al reflejar lo que sentía en poemas, trabajos periodísticos y otras obras, así como en sus cartas.

Realmente puede decirse que Martí fue un hombre, de gran sensibilidad y fervor patriótico, que supo utilizar la palabra como medio de expresión y de combate.

Como creador Martí logró publicar dos libros de poesías. El primero fue en 1882 titulado Ismaelillo y dedicado especialmente a su hijo José Francisco. Un total de 15 poemas conforman este libro en el que en la dedicatoria Martí le señaló a su hijo: “Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas, diles que te amo demasiado para profanarte así. Tal como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos. Con esos arreos de gala te me has aparecido. Cuando he cesado de verte en una forma, he cesado de pintarte. Esos riachuelos han pasado por mi corazón. ¡lleguen al tuyo!”

El otro libro de poesías de Martí publicado fue los Versos Sencillos, integrado por 46 poemas, la mayor parte de los cuales estructurados en cuartetas. Estos poemas fueron concebidos por él en 1890 cuando se hallaba en una zona rural de los Estados Unidos de América reponiéndose de problemas de salud que confrontaba.

Acerca de ello se refirió en la introducción de dichos Versos Sencillos al precisar: “Me echó el médico al monte: corrían arroyos, y se cerraban las nubes: escribí versos.”

En la actualidad en forma de libro también se pueden apreciar otras tres obras de Martí. Una es la que recoge sus Versos Libres, la otra la que compila los trabajos que él publicó en las cuatro ediciones de la revista La Edad de Oro y la tercera contiene su novela titulada Amistad Funesta.

En el caso de los Versos Libres se recogen 45 poemas que presentan una variada estructura y extensión y reflejan una gran diversidad temática.

Los Versos Libres fueron publicados en forma de libro por iniciativa de Gonzalo de Quesada y Arostegui quién fuera un gran colaborador y discípulo de José Martí.

Acerca de estos versos Martí también llegó a señalar: “Estos son mis versos. Son como son. A nadie los pedí prestados. Mientras no pude encerrar íntegras mis visiones en una forma adecuada a ellas, dejé volar mis visiones: ¡oh, cuánto áureo amigo que ya nunca ha vuelto. Pero la poesía tiene su honradez, y yo he querido siempre ser honrado.”

Igualmente aparece en la actualidad editada en forma de libro su novela Amistad Funesta la que fue publicada en partes en el año 1885 por un periódico neoyorkino.

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