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José Martí: valoraciones acerca de Simón Bolívar

22 de julio de 2016

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Estatua Ecuestre de Simón Bolívar, Adamo Tadolini, 1874

 

Simón Bolívar constituye una de las más relevantes figuras de América Latina en el siglo XIX. Precisamente al evocar su trascendencia José Martí llegó a asegurar: “Pensar en él, asomarse a su vida, leerle una arenga, verlo deshecho y jadeante en una carta de amores es como sentirse orlado de oro el pensamiento. Su ardor fue el de nuestra redención, su lenguaje fue el de nuestra naturaleza, su cúspide fue la de nuestro continente: su caída, para el corazón.”
Nacido el 24 de julio de 1783 en Caracas, Venezuela, llegó a ser con el decursar del tiempo el principal líder del proceso de independencia de Sudamérica frente al poder colonial español. En febrero de 1819 el Congreso de Angostura eligió a Bolívar presidente de Venezuela. También después fue presidente de la Gran Colombia entre 1819 y 1830. El 17 de diciembre de ese año falleció en la ciudad colombiana de Santa Marta.
José Martí hizo referencia a la trascendencia de la vida y la obra del bravío luchador independentista Simón Bolívar a quién catalogó como Príncipe de la Libertad, tanto en un trabajo titulado Tres Héroes, que publicó en julio de 1889 en la edición inicial de la revista “La Edad de Oro”, así como en un significativo discurso que pronunció en la velada que organizó la Sociedad Literaria Hispanoamericana en Nueva York, en homenaje a Bolívar, el 28 de octubre de 1893.
En “La Edad de Oro”, José Martí hizo el cuento de un viajero, que era él aunque realizó la narración en tercera persona, que cuando llegó a Caracas, la capital de Venezuela, sin sacudirse el polvo del camino lo primero que hizo fue dirigirse hacia donde estaba la estatua de Simón Bolívar para rendirle homenaje.

Martí llegó a Venezuela en enero de 1881 procedente de los Estados Unidos de América. Y al recordar ocho años más tarde ese encuentro con la tierra de El Libertador de las Américas él señaló que el viajero había hecho bien en haber ido directamente hacia donde se hallaba el monumento citado porque “todos los americanos deben querer a Bolívar como a un padre.”
Y agregó seguidamente: “A Bolívar, y a todos los que pelearon como él porque la América fuese del hombre americano.”
Para Martí hasta hermosos de cuerpo se vuelven los hombres que pelean por ver libre a su patria. Él además argumentó que hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro mientras que hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor.
Igualmente manifestó que cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen el decoro de muchos hombres y precisó al respecto: “Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados.”
De esta forma calificó de modo muy especial a Simón Bolívar y también a otros dos relevantes luchadores independentistas de América Latina, Miguel Hidalgo y José de San Martín. Y específicamente al hacer referencia a Bolívar lo describió como pequeño de cuerpo, con ojos que le relampagueaban y con las palabras que se le salían de los labios.
Comentó que parecía como si estuviera esperando siempre la hora de montar a caballo y que ganó batallas sublimes con soldados descalzos y medio desnudos. Y resaltó: “Todo se estremecía y se llenaba de luz a su alrededor. Los generales peleaban a su lado con valor sobrenatural. Era un ejército de jóvenes. Jamás se peleó tanto, ni se peleó mejor, en el mundo por la libertad. Bolívar no defendió con tanto fuego el derecho de los hombres a gobernarse por sí mismos, como el derecho de América a ser libre.”
Martí igualmente destacó las cualidades y vigencia de la vida y la obra de Simón Bolívar en la velada que se realizó en octubre de 1893 en Nueva York para rendirle homenaje a este relevante luchador independentista. Su discurso fue publicado el 4 de noviembre de ese año en el periódico “Patria”. Acerca de Bolívar manifestó: “ ¡Oh, no! En calma no se puede hablar de aquel que no vivió jamás en ella: ¡de Bolívar se puede hablar con una montaña por tribuna, o entre relámpagos y rayos, o con un manojo de pueblos libres en el puño, y la tiranía descabezada a los pies…!”
También destacó al resumir la vigencia que tenía el legado de Bolívar: “¿Adónde irá Bolívar? ¡Al respeto del mundo y a la ternura de los americanos! ¡A esta casa amorosa, donde cada hombre le debe el goce ardiente de sentirse como en brazos de los suyos en los de todo hijo de América, y cada mujer recuerda enamorada a aquel que se apeó siempre
del caballo de la gloria para agradecer una corona o una flor a la hermosura! ¡A la justicia de los pueblos, que por el error posible de las formas, impacientes, o personales, sabrán ver el empuje que con ellas mismas, como de mano potente en lava blanda, dio Bolívar a las ideas madres de América! ¿Adónde irá Bolívar? ¡Al brazo de los hombres para que defiendan de la nueva codicia, y del terco espíritu viejo, la tierra donde será más dichosa y bella la humanidad! ¡A los pueblos callados, como un beso de padre! ¡A los hombres del rincón y de lo transitorio, a las panzas
aldeanas y los cómodos harpagones, para que, a la hoguera que fue aquella existencia, vean la hermandad indispensable al continente y los peligros y la grandeza del porvenir americano!”
Y enfatizó: “¡Así, de hijo en hijo, mientras la América viva, el eco de su nombre resonará en lo más viril y honrado de nuestras entrañas.”

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