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José martí: presencia y fuente de motivación en la Revolución Cubana

14 de septiembre de 2018

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Gilberto Frómeta Del Río Bravo a la Patagonia, 1973 Técnica mixta sobre tela 87 x 251 cm Museo Nacional de Bellas Artes

Del Río Bravo a la Patagonia, 1973. Gilberto Frómeta, Técnica mixta sobre tela, 87 x 251 cm, Museo Nacional de Bellas Artes

 

José Martí fue un revolucionario consecuente y en correspondencia con ello hizo referencia en sus trabajos periodísticos y en sus discursos, así como en las cartas que le escribiera a amigos y colaboradores trató acerca del significado que le concedió a la existencia y desarrollo de una Revolución y la actitud que debían mantener aquellos que se consideraban ser revolucionarios.

Desde la etapa de su juventud supo admirar a los que iniciaron y encabezaron la lucha por la independencia de Cuba y años después al trabajar en la reorganización de lo que él calificó como la Guerra Necesaria se sintió un continuador de la obra que habían realizado los que lo antecedieron en el empeño de lograr que su tierra natal alcanzase la liberación del dominio colonial español y pudiera constituir una República democrática basada en sólidos principios.

Precisamente calificó a las nuevas generaciones de cubanos empeñados en reanudar la lucha independentista como los pinos nuevos.

Así expresó en el discurso que pronunció en Tampa el 27 de noviembre de 1891, en ocasión del aniversario veinte del vil fusilamiento en La Habana por las autoridades españolas de ocho estudiantes de medicina.

Para Martí la justicia, la igualdad del mérito, el trato respetuoso del hombre, el respeto del derecho, todo eso realmente constituye la Revolución.

Él se refirió además a las características de las revoluciones y a lo que representaba el aporte colectivo que propicia su desarrollo. Sobre este tema comentó en una comunicación dirigida a los presidentes de los clubs en el Cuerpo de Consejo de Key West, el 9 de junio de 1892 puesto que planteó: “Las revoluciones no se pueden refinar y peinar, para que salgan al salón a su hora como coquetas bien vestidas. A las revoluciones, se arrastra. Pero es preciso tener fuerzas con que arrastrar.”

Y en una carta dirigida al General Antonio Maceo, fechada en Nueva York, el tres de noviembre de 1894 igualmente enfatizó: “Las revoluciones, por muy individuales que parezcan, son obra de muchas voluntades”

Para Martí la obra de la Revolución no estaba basada en la energía o entrega de un hombre en específico, ni de unos pocos, sino en el trabajo y abnegación de muchos seres humanos, de todo un pueblo.

Estos principios martianos han estado presentes en todo momento en la Revolución cubana y es lo que ha garantizado precisamente su desarrollo y su defensa, porque ha sido un proceso caracterizado por la decisiva participación del pueblo en las múltiples tareas y en la propia defensa de la Revolución.

Cabe destacar que Martí como un hombre de todos los tiempos, por la trascendencia de su vida y obra, por la significación y vigencia de sus principios, ha estado y estará presente como fuente de motivación y enseñanza en la Revolución cubana.

Diversas personalidades cubanas han expuesto consideraciones sobre la vida y obra de José Martí y la vigencia que tiene su ejemplo y su legado.

Precisamente el máximo líder de la Revolución el Comandante en Jefe Fidel Castro resaltó al hablar el 10 de octubre de 1968 en el acto efectuado en La Demajagua en ocasión del centenario del inicio de la guerra por la independencia de Cuba: “Y debemos decir que nuestra patria cuenta con el privilegio de poder disponer de uno de los más ricos tesoros políticos, una de las más valiosas fuentes de educación y de conocimientos políticos, en el pensamiento, en los escritos, en los libros, en los discursos y en toda la extraordinaria obra de José Martí.

“Y a los revolucionarios cubanos más que a nadie nos hace falta tanto cuanto sea posible ahondar en esas ideas, ahondar en ese manantial inagotable de sabiduría política, revolucionaria y humana.”

Fidel igualmente patentizó en unas palabras a modo de introducción reflejadas en el tomo I de la Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí, en 1983: “Martí es y será guía eterno de nuestro pueblo y que su legado no caducará jamás. En la medida que avanzamos hacia el porvenir se agranda la fuerza inspiradora de su espíritu revolucionario, de sus sentimientos de solidaridad hacia los demás pueblos, de sus principios morales profundamente humanos y justicieros.”

También en el discurso pronunciado el 29 de enero de 2003 al clausurar la Conferencia Internacional por el Equilibrio del mundo, celebrada en La Habana en ocasión del Sesquicentenario del natalicio de José Martí resaltó: “El mayor monumento de los cubanos a su memoria es haber sabido construir y defender esta trinchera, para que nadie pudiera caer con una fuerza más sobre los pueblos de América y del mundo.

De él aprendimos el infinito valor y la fuerza de las ideas. Al recordar estas valoraciones de Fidel sobre Martí y su vigencia en la Revolución Cubana, cabe precisar que se ha hecho realidad algo que expusiera Martí en una memorable carta escrita a su querida madre, Leonor Pérez Cabrera, el 15 de mayo de 1894, en la que le aseguró: “Mi porvenir es como la luz del carbón blanco, que se quema él, para iluminar alrededor. Siento que jamás acabarán mis luchas.”

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