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Instrumentos poco conocidos (I)

19 de diciembre de 2017

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Tambores-bata

Tambores batá

 

Las sociedades de tumba francesa surgieron en la zona oriental de Cuba, a partir de la llegada de los franco-haitianos cuando la revolución en Haití, y eran agrupaciones de recreo, protección y ayuda mutua, que celebraban fiestas donde se cantaba y se bailaba, acompañados por 3 tambores llamados –por extensión– tumbas, al mayor de los cuales se le denominaba “premier”. A esos tambores se unía un tronco de madera ahuecada, de tamaño considerable denominado catá.

Todos los cubanos han visto los tambores batá, pero quizás no conozcan su origen ni el nombre de cada uno de ellos, por lo que debo decirles que son propios de la música de procedencia yoruba, correspondiente a los grupos denominados en Cuba lucumíes. El tambor de mayor tamaño es el iyá, el mediano es el itótele y el más pequeño, el okónkolo. Para que estos tambores puedan ser utilizados en las ceremonias religiosas, deben someterse a las prácticas consagratorias, por lo que cuando aparecen fuera de ese contexto, es porque aún no han sido consagrados.  Su forma es cilíndrica pero con un estrechamiento hacia un tercio de su longitud y por eso una de sus bocas es más pequeña. Tienen dos parches tensados por tirantes en N, y se tocan con el instrumento acostado sobre las rodillas del ejecutante. Iyá significa madre en lengua africana y por eso, a este tambor, suele adicionársele, en cada uno de sus bordes, correas de cuero en las cuales se ensartan cascabeles, cencerros y campanillas de bronce que le imprimen una sonoridad especial. Y otro detalle del ritual es poner en su parche mayor una sustancia de color rojo oscuro (preparada con una fórmula secreta) debido a un lejano significado sexual y, además, porque  este tambor tiene una representación femenina. Para muchos viejos tocadores de batá, estos instrumentos (particularmente el iyá) poseen un secreto o “añá”, que es un oricha o deidad que vive en ellos. La historia es más larga, pero no es objeto de este comentario.

Dentro de la música yoruba hay otros tambores como los iyesá y los de bembé. Los primeros son cuatro, de forma cilíndrica y diferentes tamaños, con dos parches, aunque sólo se toca uno. Su tensión también es por medio de tirantes. Los de bembé son muy variados y algunos pueden alcanzar más de un metro de altura, mientras otros pueden ser muy pequeños. Su forma es cilíndrica.

Terminaré mi comentario refiriéndome a un instrumento de uso exclusivamente ritual: el adyá, el cual consiste en una sonaja de metal usada en ceremonias de santería, para “llamar” a una divinidad en particular. Pero esta no es la única sonaja que se utiliza en estas ceremonias, pues ellas constituyen un conjunto muy variado donde el material, forma y color aluden a un santo que se invoca a través del sonido emitido por cada una. Entre las variantes hay silbatos,  campanillas, una baya de flamboyán, una maraca…

Sobre el tema, continuaré hablando en mi próximo comentario.

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