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Genio y cubanía (I)

5 de abril de 2013

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María Cervantes

En 1999, la revista de música “Clave” publicó un trabajo mío, basado en la entrevista que hice a María Cervantes , meses antes de su desaparición física, ocurrida el 8 de febrero de 1981, a la edad de noventa y seis años. Hoy quiero compartir con los lectores algunos momentos de aquellos que pasé junto a la hija del gran músico cubano Ignacio Cervantes.
Recordar a María es descorrer instantes, tardes, conversaciones con ella, en el pequeño apartamento de Alamar donde transcurrieron sus días finales. Cuando la visité por última vez, no pude imaginar que aquella joven anciana, de sonrisa y ojos iluminados, meses después emprendería su viaje sin regreso. Por aquellos días, solían deleitarme sus múltiples anécdotas de la niña intrépida con enormes deseos de ser artista; la joven que –admirada y amada intensamente- deseaba conocer París; la mujer artista rodeada de aplausos; y el fervor por Ignacio Cervantes, un padre a quien debió vocación, carácter, y el don de ser ella misma. Y he aquí algo de cuanto me contó.
Una de mis locuras es hablar de papá. Yo fui su delirio. Me decía “chanchín” por tener las orejas pequeñas. Sus primeras clases de música las recibió de mi abuelo, quien era abogado pero tocaba el piano muy bien.
Mis padres se casaron en 1872; ella se llamaba Amparo, tenía quince años y era lindísima. ¿Qué cómo se conocieron?…En casa del gran maestro Nicolás Ruiz Espadero, con quien estudiaban los dos. Después de la boda, mamá no quiso tocar más, pues decía que le bastaba con ser la esposa de Ignacio Cervantes.
Éramos catorce hermanos, trece varones y yo, la única hembra. ¿A quién se le ocurre tener tantos hijos? Papá siempre decía que no se hubiera casado más que con Amparo Sánchez y ella, orgullosa, contestaba: “Todas pueden ser parroquias, pero yo soy la Catedral”. Él era muy culto, hablaba cinco idiomas, y creo que tenía algo de brujo porque ¿usted escucha como tocaba el piano?, pues cuando hablaba… ¡Y enamoraooo!
Mamá quedó desconsolada con la muerte de papá; pero a los pocos días del entierro recibió un cofre y una carta de una “amiga” de papá, donde le decía que al regreso de París él lo había guardado en su casa. Mamá, celosa, lo tiró al mar. No debió haberlo hecho, pues era un regalo de una princesa polaca que contenía un ejemplar único, impreso, del manuscrito de las obras completas de Chopin. ¡Cuántas cosas importantes habría en aquel cofre!
Para papá, después de Cuba lo más importante era París. Allí conoció a Saint-Säens, Rossini y a Franz Liszt. Le gustaba Mendelssohn, pero Chopin era su dios Un periodista escribió en letras grandes al famoso pianista Hans von Bülow, que mientras Ignacio Cervantes estuviera en París, no se le ocurriera interpretar Chopin.
Espadero fue su maestro en Cuba. Era un gran maestro y ¡qué clase de compositor! No sé por qué se disgustó con papá, aunque iba a todos sus conciertos y, dando bastonazos detrás de los palcos decía: “No hay otro pianista como éste”.
Papá compuso mucha música que no se conoce. ¡Cómo no voy a escoger Fusión de almas para abrir cada recital, si esa pieza la empezó él y la terminé yo, el primer día que me senté al piano después de su muerte! Si yo fuera espiritista diría que estaba a mi lado. La obra era una romanza sin palabras que no pudo terminar porque se trastornó. Había hecho un tema muy bonito pero, una vez que lo tocaba, no podía seguir; la última vez que lo intentó, lloró y cerró la tapa del piano para siempre. Un día comencé a tocar aquella música y, sin darme cuenta, seguí. Así fue. Después le hice una introducción, y cuando el poeta matancero Juan Ubago la escucho y le conté la historia, me sugirió el título: Fusión de almas.
Por el encanto que tienen las anécdotas contadas por María Cervantes, relacionadas con su vida, y por las escasas oportunidades en que se habla de ella, continuaré compartiéndolas con los lectores en el próximo comentario.

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Comentarios



Katia Calderón / 25 de abril de 2013

Hola, soy chilena y estoy buscando a mi hermano que viajó a cuba el pasado 19 de abril. Quedó de llamar apenas llegara pero no tenemos ninguna noticia de el, cosa que es muy rara en su forma de ser. Por favor, si se puede, a través de la radio informen que se busca a Felipe Calderón Alcarruz, nacionalidad chilena, 34 años estatura 1,77 aprox y contextura media. Viaja con su pareja, Carol Avendaño, 32 años, 1,67 aprox, delgada. La familia en Chile está muy preocupada. Ellos se quedarían en casas que contactaron por internet al parecer, no iban con hotel ni punto fijo. Por favor, ayúdenos a saber de ellos. Muchas gracias. Saludos a su bella tierra.