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Fernando de los Ríos

11 de noviembre de 2016

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Una de las figuras de la intelectualidad y la política española más admiradas en Cuba durante las décadas del 20 al 40 del siglo XX fue el profesor, ideólogo y conferenciante Fernando de los Ríos.

Miembro distinguido del Partido Socialista Obrero Español desde 1919, diputado, ministro de Justicia y ministro de Estado de España en su período republicano, a Fernando de los Ríos se lo asocia con el pensamiento más progresista y democrático de una España escindida por conflictos políticos, pasiones encontradas y signada por la violencia interna.

Dentro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) perteneció a su Comisión Ejecutiva y viajó a la Unión Soviética, donde conoció a Lenin, aunque no le satisfizo del todo el modelo soviético. Fue diputado a las Cortes durante el período monárquico, llevó una vida política muy activa, se opuso a la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, se le condenó a prisión. Fernando de los Ríos no fue un testigo pasivo de la situación española, sino un activo defensor de su pensamiento político y hombre de profundas convicciones humanistas.

 

María Zambrano y Fernando de los Ríos, en la inauguración de la 'Reunión de profesores españoles en el exilio'. Aula magna de la Universidad de La Habana, 1943.

María Zambrano y Fernando de los Ríos, en la inauguración de la ‘Reunión de profesores españoles en el exilio’. Aula magna de la Universidad de La Habana, 1943.

 

En Cuba, donde el interés por todo cuanto acontecía en España era grande, Fernando de los Ríos era muy conocido. El país lo visitó en varias ocasiones. En enero de 1927 participó de la inauguración de las actividades culturales de la Institución Hispano Cubana de Cultura creada por el doctor Fernando Ortiz, dictó conferencias en el Teatro Nacional, Casino Español, Centro de Dependientes, Centro Gallego, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana y hasta en algunas ciudades del interior del país. Al año siguiente, nuevamente en Cuba, dictó conferencias, una de ellas centrada en la figura de José Martí, que tuvo una gran repercusión y se publicó en folleto, con el título Reflexiones en torno al sentido de la vida en Martí, amén de que aprovechó la ocasión para colaborar en la revista Social y dialogar con los miembros del Grupo Minorista.

Diez años más tarde, en diciembre de 1938 y siendo embajador de la República Española en Washington, hizo una breve visita por razones de su cargo diplomático, que el pueblo cubano aprovechó para rendir homenaje al “gran maestro universitario y tribuno de la democracia española”, tal como lo llamó la prensa.

En una cuarta oportunidad llegó a Cuba, durante el mes de septiembre de 1941, cuando dictó la conferencia titulada “El mundo internacional que muere y el que pugna por nacer”, que desnuda las intenciones del fascismo.

Murió en Norteamérica a los 69 años el 31 de mayo de 1949.

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