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¿Es difícil vivir con un optimismo permanente? (II)

1 de marzo de 2013

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Hay una hermosa canción de Juan Manuel Serrat que habla de aquellas pequeñas cosas, que al final son las que nos llenan de felicidad la vida, y leía un artículo donde se exponían los resultados de una investigación desarrollada con los cien multimillonarios que publica la Revista “Forbes”. De estos, 37 declararon no sentirse felices, se consideraron seres desgraciados, y mucho menos satisfechos y felices que la población media. El dinero, las cosas materiales, tampoco hacen la felicidad. Unas veces con mucho, no somos felices y otras veces con menos, disfrutamos de momentos de absoluta plenitud y felicidad.

¿Cómo lograr que el optimismo sea una divisa permanente en nuestras vidas?

La clave del optimismo esta precisamente en auto construirnos una vida que resulte elocuente, motivadora, con significados importantes para nosotros mismos y que a su vez, pueda resultar atractiva y cooperadora para los demás y que afectivamente tenga un nivel de positividad adecuado para unos y para otros. Por todo ello, el secreto esta en la forma en que percibimos, construimos y llevamos a la práctica nuestra propia vida, no vivir por vivirla, porqué me corresponde, porqué estoy vivo, sino vivirla con la plenitud que nos propicia el darle un significado, un sentido y un sentirnos útiles y plenos.
El optimista nunca podrá renunciar a los deseos del vivir, siendo creativo, siendo inteligente emocionalmente, y más que evadir o enfrentar los problemas, afrontarlos, asumirlos como suyos, cuando en realidad sean suyos, cuando no lo son, contribuir, cooperar con la justicia, la sensibilidad y la solidaridad que reclama el prójimo, pero teniendo siempre presente que no son los suyos y que no tienen porqué interferir en su vida interior. Conmoverse ante los problemas de los demás es adecuado, adueñarse de lo que no es suyo es un comportamiento desfavorable, ni aún cuando se trate de ser sensibles y solidarios ante el problema de los demás. Lo anterior no significa ser indolentes y dar la espalda a quien lo necesite o reclame de nuestro apoyo, pero todo ha de ser en su medida justa.
Digo lo anterior, porqué es muy frecuente que las personas pesimistas, no les basta con su auto pesimismo, sino que cargan con lo ajeno no tanto con el objetivo de ayudar, sino que lo asumen para aumentar su carga negativa, se acercan a los que tienen el problema, no para transmitirle optimismo, sino, contrariamente, su pesimismo crónico y como una vía de enriquecer ese pesimismo que se ha convertido en un hábito de vida, en una especie de adición.

¿Cómo encontrar esa vida reveladora, elocuente, significativa?

Las situaciones difíciles, dolorosas, desagradables existirán y podrán aparecer en mayor o menor medida en la vida de cualquiera de nosotros, usted no es una excepción, pero la forma en que las asumimos, esa si depende de cada cual, y no es que sintamos alegría y placer cuando la vida nos presente sus caras feas, pero una vez que se nos presentan, no es justo evadirlas, mucho menos vivir de forma permanente con ellas con una resignación pesimista y derrotista que nos puede condenar a vivir con ellas por el resto de nuestras vidas y con todas las consecuencias que puede traer aparejada. Con un comportamiento no tanto alegre, pero si firme, seguro, decidido, y optimista, si se pueden asumir para darle solución o al menos atenuarlos.
Cuando asumimos la actitud descrita anteriormente, estamos creando un ambiente de positividad, porqué decididamente, el comportamiento que desarrollemos externamente de forma positiva, optimista y hasta alegre, enriquecerá la vida interior e influirá en nuestros sentimientos, .
Decía William James que: “Debemos actuar como si esa alegría adoptada fuera real” (27) El optimista señala Bernabé Tierno, es alguien que tiene el coraje de tomar la decisión de mantenerse alegre aunque no pueda ser feliz en ese momento (2).
Se que en este momento usted pueda preguntarse: ¿Si estoy pasando por una mala racha, por situaciones desagradables y dolorosas, mostrarme alegre para ser optimista, es auto engañarme y esto no es algo que me pueda favorecer espiritualmente, porque estoy actuando en contraposición a lo que realmente estoy sintiendo?.
En realidad no hay una mentira, porqué usted se ha propuesto asumir la situación difícil con optimismo, porqué usted ha aprendido y conoce, que este tipo de comportamiento es quien le permitirá asumirla, afrontarla y no enfrentarla disgustado, ni con pensamientos derrotistas y viendo lo imposible, el “No puedo”, ese, “Todo terminó para mi”, o el frecuente “Ya no me quedan fuerzas para continuar” o uno de los mas recurridos: “Soy la persona mas desgraciada y fatal del mundo, ¿Qué daño habré hecho yo que lo estoy pagando de esta forma tan terrible”.
Detengámonos en la última frase, suponiendo que usted haya hecho un daño o haya tenido un mal comportamiento, piense que estas situaciones se les pueden presentar a otras personas que no han hecho daño, como también a las que lo han hecho, en realidad y talvez, no esta pasando por la situación suya.
Otro razonamiento que usted debe hacer antes de expresar que esta recibiendo un castigo, es pensar que la situación no es el castigo. ¿Cuál es en realidad el único castigo que existe en este momento? Su sufrimiento, no hay otro. ¿Quién se propicia el castigo de no asumir la situación, de preferir lamentarse, sufrir y mantenerlo de forma permanente? Usted, nadie más que usted. Entonces podemos hablar de un auto castigo. Es usted mismo quien se castiga, y lo mas grave de ese castigo que usted se impone, es el pesimismo y el derrotismo y  la invalidez que usted mismo se auto impregna en su mundo interior.
Es importante estar preparados, pertrechados de optimismo para cuando llegan estas situaciones y para ello tenemos algunas recomendaciones que pueden servirle de auto ayuda.
Propicie reunirse con personas positivas, donde puedan intercambiar conversaciones sobre temas agradables, gratificantes, conversar de sus aciertos y de los desaciertos, pero de estos últimos resaltando las enseñanzas y experiencias que nos propició.
Conversar de sus éxitos y el de los demás, sintiendo alegría no solo por los suyos, sino por el de los demás, confraternizando, celebrando cada triunfo, cada logro, sobre todo en familia, hay que celebrarlo todo con alegría, como le dije en una ocasión a una amiga: “En la familia hay que celebrarlo todo, hasta el cumpleaños del refrigerador de la casa”.
Intentar ser siempre portador de buenas noticias, de comentarios agradables, y dejar solamente para cuando sea muy necesario e impostergable el anunciar o comentar una mala noticia. Digo esto, porque se que usted ha recordado en este momento a alguna persona que cada vez que se encuentra con usted es para darle una mala noticia. Yo recuerdo en este momento, a un amigo que solo me llamaba para darme noticias de fallecimientos o de enfermedades terminales, accidentes o desavenencias familiares de amigos comunes. Ya cuando salía al teléfono y sentía su voz, al momento me decía: ¿Quién se habrá muerto hoy? ¿A quién de los conocidos le habrán diagnosticado un cáncer o habrá sufrido un terrible accidente?
No podía arremeter contra el, era mi amigo, entonces intentaba cambiar el tema, pero insistía. Entonces opté por acostumbrarme a que sus llamadas serían siempre así, pero que no me afectarían, por supuesto, recibiría la mala noticia, lo lamentaría en ese momento, pero evitaría por todos los medios que me diera detalles. Al principio me costaba trabajo cambiar la conversación, un buen día me dijo: “Yo se que no te gusta que te hablen de cosas desagradables, pero son ciertas y son nuestros amigos y tienes que saberlo”. Yo le respondí con mucha serenidad: “Tienes toda la razón y te agradezco que me pongas al día, pero también quiero que me llames para contarme cosas agradables de los amigos”. Aquella persona era tanto su pesimismo, que me respondió de forma muy violenta  y me dijo: “Aquí no hay nada bueno que contar, porqué todo es malo, todo es un desastre y no te molesto más”. Me colgó el teléfono y hace más de un año que no me llama. Lamenté su reacción, porque se le quiere, pero yo también necesitaba como cualquier ser humano, como usted mismo que nos esta leyendo en este momento, quererme a mi también, tener conversaciones con temas agradables, sin que esto quiera decir que no se me podía llamar para darme una mala noticia.
Esa fue una estrategia que seguí y en este caso, ni ofendí, ni impuse, pero si me protegí de lo negativo. De no hacerlo así, hubiera terminado como mi desaparecido amigo, que aún debe andar abrazado y atado al pesimismo y a la tragedia permanente.
Están también aquellas personas cercanas a usted que constantemente se están quejando, protestan por todo, nada les viene bien, todo es negativo, todo es trágico.   Son aquellos que llegas y le dices: ¡Que bueno que tu hija te dio una nietecita! Y ella te responde: “! Si, es muy linda mi nietecita, pero total, venir a este mundo a pasar trabajo y a sufrir, con ese padre irresponsable que tiene! Y entonces a partir de este momento comienza el rosario de tragedias que ya le ha repetido miles de veces y la llegada de la nietecita pasa a un plano secundario, casi ausente de la conversación que intentaste fuera positiva, alegre, optimista.
Estas situaciones de quejas y protestas mantenidas por todo y en todo momento, son muy perjudiciales en las relaciones interpersonales. Se observa con frecuencia en las relaciones de pareja, en el funcionamiento familiar, de colectivos de trabajo, de estudio y de vecindad. El final siempre es desastroso.
Estas personas son las que popularmente llamamos “Pájaros de mal agüero” y aunque hay personas que sin un motivo aparente asumen estos comportamientos, en realidad el origen de estos comportamientos esta en frustraciones que han sufrido y mantenido.
Cuantas personas nos encontramos que constantemente se quejan y hasta maldicen, – algunos con soberbia, otros con lastima y tonos de victimas – de los padres que han tenido, del lugar donde nacieron, del trabajo o la profesión que desarrollan, de la fatalidad que han tenido en toda su vida. Son aquellos que dicen: “Si hubiera nacido en otro país y no en este, fuera…..”, “Que desgracia los padres que me tocaron, si hubieran sido los de fulano, talvez yo……” “Que desgracia haber estudiado esta carrera cuando en realidad preferiría mejor…..” En fin, los eternos inconformes con su identidad, pero también los que asumen el pesimismo a partir de carencias materiales, que en realidad, no son capaces de disfrutar lo que tienen, lo que han logrado, porque ocupan su tiempo en sufrir por lo que no tienen y no lo aprovechan en disfrutar con lo que tienen. Hay una frase que escuché hace mucho tiempo que dice textualmente: “Feliz no es el que tiene mucho, sino el que disfruta lo que tiene”.
Estará usted esperando una formula, una receta para lograr ser optimista. En realidad, no existe, y no porqué sea algo imposible, inalcanzable y hasta calificado como una utopia en ocasiones, sino porqué depende definitivamente de cada situación, de la persona que la recibe, y de cómo la asume. Solo aprenderán a vivir con salud y felicidad aquellos que sean  capaces de adaptarse a las situaciones, de asumirlas sin permitir que todo lo negativo que traen consigo penetre en su mundo interior y para lograr esto, solo hay que aprender de una vez y por toda que la vida le pertenece a cada cual y que cada cual la construirá a su modo, a su medida y a su forma, y que si es usted una persona inteligente, debe bastarle con el sufrimiento que puedan propiciar las situaciones difíciles que la vida le pueda presentar, que no hay necesidad de inventar o buscar otras y las que les pertenezcan, intentar afrontarla, con una alegría, que aunque pueda parecer farsa, no lo es, porque mas que alegría es eso que llamamos optimismo, fuerza de voluntad, de espíritu, esperanzas y confianza en uno mismo y en lo que podamos hacer con todo lo que la vida nos ofrezca, siempre pensando en el bien propio y en el ajeno.
Contentarse con lo que tenemos no significa cruzarnos de brazos, por el contrario, amar lo que tenemos y que nos sirva como motivo y como impulso positivo para ir hacia otros logros, tanto materiales como espirituales, pero partiendo de lo que tengo, que por encima de todo, amo, respeto y disfruto. No es conformarse, es aceptar lo que tenemos como un bien propio sin que esto signifique que no podemos avanzar hacia nuevas conquistas.
En esto del optimismo y el pesimismo ante la vida y sobre todo, antes las situaciones que no tienen solución, que son irremediables, es importante saber diferenciar a la persona que con tesón, tenacidad y constancias continúan andando con fe, porque están convencidos que todavía es posible el logro, el éxito, el mejoramiento de lo irreversible, de lo irremediable de aquellas otras personas que no acepta lo que no tiene solución, que se amarra eternamente al dolor, a la perdida, a lo no logrado, a lo imposible y entonces se convence y así procede, de que no hay ninguna posibilidad y se detiene en el tiempo manteniendo la situación desagradable por el resto de su vida y tomándolo como motivo para todas las demás posibilidades que se le presenten en la vida.

¿Cómo evadir a las personas pesimistas?
Hablo de evadir como una solución posible, porque en el mejor de los casos debemos siempre intentar estar lejos de estas personas, porque con su actitud y comportamiento nos pueden absorber todas nuestras energías positivas y atiborrarnos de negatividad.
Hay situaciones y personas que no podemos evadirlas, son afectos y nos arrastran en ocasiones con facilidad, sin apenas percatarnos de ello hasta su mundo negativo, Entonces ¿Cómo lograr evadirlos para auto protegernos? ¿Qué comportamiento asumir de nuestra parte ante estos “pájaros de mal agüero”?
Revise con detenimiento estas orientaciones que compartimos con usted relacionadas con el comportamiento que debemos asumir ante los pesimistas.
Ese pesimista al que nos debemos enfrentar esta completamente negativizado, no habrá en ellos conversaciones sobre temas positivos, pero usted intentará imponer siempre temas alentadores, optimistas, alegres, ir de una forma indirecta intentando establecer un dialogo agradable y no dar cabida a esa conversación que pretenden imponer. Usted debe comprender que no tienen otro tema que comentar y otra forma de comportamiento que no sea la de la negatividad.

Respetar y escuchar su conversación con atención y aprobar con expresiones positivas cuando dentro de sus quejas, cita algo bueno y cuando vuelve de nuevo a lo negativo, usted no se corresponderá con expresiones positivas, sino mas bien lo escuchará serenamente pero sin reafirmar y apoyar lo que le dice. Usted deberá retirar todos los refuerzos expresivos.
Cuando resulte imposible cambiar el tema de conversación y continúe con sus quejas y expresiones pesimistas, usted en todos los momentos que le sea posible le responderá con frases como esta: “Yo veo todo eso que me cuentas de una forma diferente a ti, yo no veo todo eso negativo que me cuentas, sino veo lo positivo y me imagino que si se lo cuentas a otras personas como lo has hecho ahora conmigo, te tropezaras con muchas personas que piensan como yo, que no es algo tan negativo y catastrófico eso que me estas contando”. Puede que no le interese lo que usted le ha dicho y continúe en su monologo trágico, pero usted siempre le responderá con la misma frase, la que citamos anteriormente.
Por supuesto, evitar estar cerca de estas personas, no visitar mucho los escenarios en que se mueven – los hogares, lugares públicos donde puedan habitualmente  encontrarse. Aquí se hace vigente esa frase muy utilizada en estos casos: ¡A fulano le huyo como a la muerte!
Tener presente que cuando la persona pesimista de muestras de optimismo, aunque sea un mínimo, aprovechar para felicitarlo, para reconocerle su cambio y aprovechar para demostrarle como cuando asume este tipo de comportamiento se siente mucho mejor, tanto el como las personas que le profesan afectos.
Una recomendación final que responde a todas estas sugerencias que acabamos de compartir con ustedes. El optimismo es importante y necesario en nuestra cotidianidad y es algo que depende de usted mismo el lograrlo y mantenerlo como esencia de su comportamiento, tanto en los mejores momentos como en los menos buenos y felices. El optimismo es una herramienta importante para andar por la vida, es quien nos permite no solo andar por la vida sino salir a buscar y encontrar todo lo que deseamos en la vida, incluyendo la aceptación y la conformidad más inteligente y no impuesta ante aquellas cosas que no podemos alcanzar.
No debemos demorar mucho el inicio de este camino hacia la búsqueda de esa vida elocuente, significativa, porque podemos perder tiempo, y la vida, siempre me ha gustado decirlo, es demasiado corta para hacerla tan pequeña, y con optimismo se puede aprovechar y disfrutar mucho más, y sobre todo, alargarla, porque contrariamente, con pesimismo, invariablemente la acortaremos hasta limites insospechado, se nos pasara, y finalmente, tendríamos la penosa reflexión, de que nada hemos hecho, ni logrado en ella.
Recordar siempre que los optimistas, siempre tratan que las cosas sucedan, y los pesimistas, que las cosas, pasen, pero de largo, sin saberlas aprovechar, y sobre todo, disfrutar, algo esencial para nuestro crecimiento personal.

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