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Epistolario de Ernesto Lecuona (VIII)

3 de julio de 2015

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Foto 37 A (Small)

En librerías de diferentes ciudades cubanas ya se encuentra a disposición del público la segunda edición –ampliada– de nuestro libro “Ernesto Lecuona: cartas”, publicado por la Editorial Oriente, de Santiago de Cuba. La primera edición de la obra fue realizada en el 2012 por Ediciones Boloña, de la Oficina del Historiador.
Hoy proseguimos la publicación de pasajes del aludido texto, a fin de que los asiduos lectores de esta sección puedan conocer el contenido de la obra.

 
Luego de escalas en Panamá, Perú y Chile, a mediados de abril de 1940 Ernesto Lecuona arribó de nuevo a Buenos Aires, contratado por Jaime Yankelevich, propietario y director general de Radio Belgrano (LR3).
Lo acompañaron en este viaje Zoraida Marrero, Ernestina Lecuona y Rafael Pradas, quienes estuvieron a su lado en las aludidas transmisiones radiofónicas. Cuando, transcurridos tres meses, el tenor y la pianista y compositora determinaron volver a La Habana, Lecuona y la Marrero se mantuvieron un tiempo más en la LR3, a partir de septiembre.
Precisamente, en tal mes inició sus actividades la Compañía de Espectáculos Musicales Cubanos Ernesto Lecuona. Figuraron en su nómina Mercedes Caraza, Hortensia Coalla, Miguel de Grandy, Zoraida Marrero, Esther Borja, Bola de Nieve, Oscar López, Elia de Granados, Esteban Palos, Pablito y Lilón, Luisa de Córdoba, Vicente Climent, María Herrero, Julia Alonso, un cuerpo de baile y la orquesta de Sam Reznick, entre otros.
Su primera etapa abarcó del 25 de septiembre al 11 de noviembre en el teatro Ateneo, donde se presentaron las zarzuelas “El cafetal” y “María la O” y las revistas “La Habana en Buenos Aires” y “Estampas cubanas” (L.: Roberto Ratti y E. Lecuona / M.: Ernesto Lecuona y otros autores cubanos).
La recta final de la compañía tuvo lugar en el San Martín, entre el 22 de noviembre y los últimos días de diciembre de 1940, con las puestas en escena de Rosa la China y Lola Cruz; la segunda parte del programa la cubría la orquesta Lecuona Cuban Boys, que —ante la solicitud de su fundador— debutaba en la Argentina.
Finalizadas sus actuaciones en Buenos Aires, en enero de 1941 Lecuona viajó a Chile, país en el que fue contratado por la gerencia del Casino de Viña del Mar, en Valparaíso, junto con Hortensia Coalla, Miguel de Grandy, Oscar López, Pablito y Lilón, y Elia de Granados. Al frente de ese elenco, el maestro se presentó los días 15 y 16 de de ese mes y el 2 de febrero en el teatro Municipal, de Lima, antes de emprender su regreso a La Habana el 27 de febrero.
Durante aquellos meses de ausencia de Cuba, Ernesto Lecuona cursó varias misivas a su amigo Augusto Ferrer de Couto, quien publicó algunas en diferentes ediciones de “¡Alerta!”. Si bien esa correspondencia se interrumpió en las semanas dedicadas por el maestro a su temporada de arte lírico, que, sin duda alguna, exigiría de él una gran concentración de energías, sus escritos revelaron la capacidad de síntesis del autor para describir ambientes, hechos o personalidades, y exponer sus preocupaciones en torno a cuestiones nacionales, principalmente el desarrollo del medio radial cubano.
Organizadas en orden cronológico, aparecerá sucesivamente la mayoría de tales cartas —a partir de la llegada de Lecuona a Lima— bajo el epígrafe “Buenos Aires-1940”.

 

Querido Ferrer de Couto:
Al llegar a Lima y verme rodeado de los mismos amigos, de los mismos fotógrafos, de hace dos años, sentí una honda emoción, una pena grandísima, al recordar a Ramiro de la Presa, aquel gran empresario cubano muerto trágicamente hace poco. Por Ramiro de la Presa actué yo en Lima. A Ramiro de la Presa tendré que agradecerle siempre aquella actuación mía en la linda capital peruana, donde tantos halagos, tantos elogios y tantas muestras de simpatía y afecto recibí.
¡Pobre Ramiro! Todos en el hotel Maury, donde Ramiro y yo nos alojamos aquella vez, tuvimos un recuerdo, una frase llena de afecto y de admiración para aquel gran hombre de teatro que supo tener a La Habana, y a la misma Cuba entera, en pleno movimiento artístico con sus geniales ocurrencias teatrales. Desgraciadamente para nuestra Habana, no ha surgido otro Ramiro, ni cosa que se le parezca.
A mis nuevos compañeros de viaje le hizo Lima una gratísima impresión. Se quedaron encantados, y más aún, al visitar el bello edificio de Radio Nacional… Todos se decían a una: “Si tuviéramos una radio así en Cuba”… podíamos tenerla ―digo yo― si el mal gusto no imperase en todo lo que a radio se refiere… Menos mal que puede que el horizonte radial cubano se vaya despejando, y ya se piensa en cosas más serias y más definitivas.
En Lima dejamos a Esther Borja, que va por tercera vez a Radio Nacional. Allí sigue Galán, el famoso Don Galán, con su orquesta cubana en el espléndido restaurante La Cabaña. Carlos Díaz de Mendoza —el inquieto Carlitos— actúa con su compañía, en unión de su mujer, Rosario García Ortega. No es la primera vez que me encuentro con Carlos, alejado de su hermano Fernandito. No es la primera vez que me lo encuentro ―en este caso― fracasado.
Asunción Granados, una guitarrista que también baila y que actuó en esa por el año 37, ha realizado una brillante temporada en el teatro Segura.
También están en Lima algunas vicetiples cubanas, entre ellas, Nancy, Charlot, Eva, Violeta, etc. Me enteraron algunos amigos del espléndido éxito que obtuvo en radio y cines un cantor cubano: Guillermo Portabales. Este cantor fue presentado en Lima por Toddy. Josefina Meca, la notable cantante cubana, anuncia en Lima su debut al frente de una compañía de operetas y revistas.
Está Juanito Arvizu. Esta vez con muy poca suerte. Según me dijeron, el fracaso de Arvizu se ha debido a la mala presentación.
Ahora Lima cuenta con una magnífica Orquesta Sinfónica. Mis amigos se deshicieron en elogios de esta nueva agrupación orquestal.
Estuvimos muy poco tiempo en Lima. El barco, fiel a su informalidad, llegó con dos días de retraso a Callao. Por esta razón, no puedo enviarte para ¡Alerta! más detalles de la vida teatral de la encantadora capital peruana.
Mañana llegaremos al primer puerto chileno: Arica. Y el viernes, si Dios quiere, estaremos en Valparaíso.
Desde allí te escribiré nuevamente.
Muchos afecto para ti de todos, con mis recuerdos para tus hermanos y tu buena hijita. Hasta pronto, pues, y no te olvides de enviarme “¡Alerta!”.

 

Te abraza,

 

Ernesto Lecuona

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