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Epistolario de Ernesto Lecuona (V)

22 de mayo de 2015

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Augusto Ferrer de Couto (Small)En librerías de diferentes ciudades cubanas ya se encuentra a disposición del público la segunda edición –ampliada– de nuestro libro “Ernesto Lecuona: cartas”, publicado por la Editorial Oriente, de Santiago de Cuba.
Hoy proseguimos la publicación de pasajes del aludido texto, a fin de que los asiduos lectores de esta sección puedan conocer el contendido de la obra.
La Compañía de Revistas, Zarzuelas y Operetas de Ernesto Lecuona realizó una temporada en el Martí entre el 16 de abril y el 8 de mayo de 1938.
Momentos importantes de ella tuvieron lugar en tres revistas musicales que originaron un solo programa: Habana-Buenos Aires, protagonizada por el argentino Charlo, «el cantor de las mil novias», y sus guitarristas Casao, Rodrigo y Arana; Un sketch español, a cargo del conjunto El Embrujo Sevillano, que integraban los cantadores de flamenco Jesús Perosanz y la Niña de Écija, la bailarina Mary Sevilla y el guitarrista Julio Alonso, y Bajo el cielo de Cuba, con las actuaciones de Zoraida Marrero, Alicia Rico, Antonio Valdivia, Estela Echazábal, Carmen Garrido y Pilar Muñoz, entre otros artistas. representaciones notables para esa compañía las centralizaron también el tenor mexicano Alfonso Ortiz Tirado en un acto de concierto, Rita Montaner en Rosa la China y Los claveles, Lydia de Rivera en Lola Cruz y La duquesa del Bal Tabarin, Hortensia Coalla en María la O, El cafetal, Julián el Gallo y La flor del sitio, y Carmelina Rosell en la zarzuela española El barbero de Sevilla (L.: Guillermo Perrín y Miguel de Palacios / M.: Gerónimo Giménez y Manuel Nieto).
Propiciaron asimismo la favorable acogida del público a las distintas puestas en escena, la Orquesta de La Habana, el barítono Rafael Pradas, los tenores Constantino Pérez y Claudio Alfonso de Medina, así como Álvaro Suárez, Pedrito Fernández, Adolfo Otero, Elba Valladares, Paco Lara, Henry Bell…
La temporada resultó un éxito desde el punto de vista artístico, pero no económico. Esto originó reclamaciones de obreros de la Sociedad de Tramoyistas y la Unión de Electricistas, Utileros y Similares del Teatro, que integraran la compañía y, en algunos casos, presentaron exigencias salariales superiores a las percibidas por los artistas del elenco. Augusto Ferrer de Couto y René Bombalier, quienes se habían responsabilizado con el pago de todos los contratados —en un intento de atenuar las complejas responsabilidades de Lecuona al frente de la empresa—, tuvieron que luchar contra situaciones muy desagradables en medio de las solicitudes formuladas.
En su sección del diario ¡Alerta! Ferrer de Couto precisó al respecto el 10 de mayo de 1938:

 

Durante los 21 días de temporada se abonaron ochocientos dieciséis pesos. El promedio diario percibido por los tramoyistas, utileros y similares, fue el siguiente:

Continuaremos afirmando, mientras no se nos demuestre lo contrario, que los artistas son parte principalísima en el teatro y que sin ellos ningún otro sector de los que conviven en el teatro podría subsistir.

La temporada que acaba de ofrecer en el teatro Martí el maestro Lecuona pudo haberse realizado con menos personal del que las plantillas especifican y no obstante haberse solicitado así por la empresa Lecuona, se obtuvo como contestación la más rotunda de las negativas.

Si las cosas no toman su nivel normal, el teatro en Cuba desaparecerá por completo. Y si no, al tiempo….

 

En agradecimiento a los desvelos de René Bombalier y Augusto Ferrer de Couto en circunstancias tan difíciles, Ernesto Lecuona envió una carta a este último el 8 de mayo de 1938, la cual fue publicada al siguiente día en ¡Alerta!:

 

Sr. Augusto Ferrer de Couto
La Habana

Mi muy querido amigo:

Me pides unas declaraciones al terminar la temporada en el teatro Martí y me ruegas que en ellas mencione tu actuación y la de René Bombalier durante la misma. Todo cuanto yo pueda decirte, por medio de estas líneas, es que no encuentro palabras con qué agradecer la labor leal, sincera y eficiente que he encontrado en ti y en Bombalier, no obstante los desagradables incidentes que producen los malos negocios.

Sobre los problemas que has tenido con la Sociedad de Tramoyistas y con la Unión de Electricistas y Similares del Teatro puedo decirte que lamento infinitamente que hayas hecho tuya una causa que siempre fue mía, por ser yo el único empresario de la temporada que hemos realizado en el teatro Martí.

Cuando uno encuentra a su paso colaboradores de la capacidad y la lealtad que he hallado en ti y en Bombalier es muy difícil encontrar palabra para testimoniar la gratitud.

Te envío, con estas líneas, un fraternal abrazo que hago extensivo a «Bombita» y quedo como siempre a tus órdenes.

Incondicionalmente,

 

Ernesto Lecuona

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