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El nuevo hotel Pasaje en la primera década del siglo XX

16 de septiembre de 2021

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Fachada por Prado

Fachada por Prado

 

Según artículo de El Fígaro, del 9 de enero de 1910, el hotel Pasaje fue objeto de una completa remodelación en 1909. En esa fecha era su dueño el señor Urbano González, “habilísimo hombre de negocios y de grandes conocimientos en el ramo a que ha dedicado sus actividades y energías todas en los 32 años que lleva de permanencia en Cuba, no ha omitido un solo esfuerzo para hacer de su establecimiento un modelo en su género y el preferido de cuantos turistas visitan nuestra capital”. Así lo describía esta importante revista habanera, citada por Patricia Andino Díaz en el Estudio histórico Sala Polivalente Kid Chocolate, antiguo hotel Pasaje (2015).

 

Asistentes a la inauguración, 1910

Asistentes a la inauguración, 1910

 

Las obras consistieron en la reconstrucción, ampliación y redistribución del establecimiento, y al parecer, solo se intervino el interior del inmueble.

 

Hall, 1910

Hall, 1910

 

Las salas comunes del hotel fueron objeto de un nuevo diseño, comenzando por el vestíbulo o hall, al que se le colocó una especie de zócalo de madera. Frente a él se ubicaron sillas, igual de madera, lo que permitía hacer más placentera la espera de los huéspedes. Al final de este local se hallaban el ascensor y la carpeta del hotel, preparada con un gran mostrador de madera dura, casilla para las llaves y relojes, elemento este invariable a la hora de recibir a los visitantes.

 

Carpeta, 1910

Carpeta, 1910

 

La recepción se tornó más elegante y sobria que aquella de finales del siglo XIX. Ahora los muebles coloniales fueron sustituidos por otros de estilo renacimiento español, y en las paredes solo se colocaron grandes espejos que aportaban luminosidad y sensación de amplitud al espacio.

 

Sala de recibo, 1910

Sala de recibo, 1910

 

Como era usual en este tipo de reconstrucciones de principios del siglo XX –apunta Andino en la obra citada– se sustituyeron los envejecidos y empañados pisos de mármol por los de loseta hidráulica o mosaico, los cuales devinieron símbolo de modernidad en su momento.

 

Restaurante, 1910

Restaurante, 1910

 

Hacia la fachada de la calle Zulueta se trasladó el comedor o restaurante, aprovechando la ventilación proveída por el área despejada en su frente ya que aún no se había construido el Instituto de Segunda Enseñanza. Así, el salón recibía directamente la brisa y disfrutaba de “la vista que proporciona el moderno parque a la inglesa que tiene frente a sus ventanas”, al decir de El Fígaro, a propósito de las reformas mencionadas. En cuanto al alojamiento, a cada cuarto se le instaló servicio sanitario independiente, y se acomodaron apartamentos de dos, tres y cuatro habitaciones, amueblados con elegancia. Vale recordar que el hotel Pasaje ha sido el resultado de la refundición de varias fincas y la suma e interconexión de los diferentes aposentos.

 

07Fachada por Zulueta

Fachada por Zulueta

 

Las obras constructivas corrieron a cargo del arquitecto Ángel Alonso Herrera, quien era, además, uno de los hijos de la dueña de la casa Prado No. 95, Francisca Herrera Cárdenas. El talento de este ingeniero arquitecto y el carácter emprendedor de Urbano González, su propietario, hizo “del hotel Pasaje el primero de la Habana, el más importante en todos sentidos, tanto por sus instalaciones, comodidad y esmerado servicio, como por el gran movimiento de viajeros que constantemente alberga en sus habitaciones y llena de animación sus salones y dependencias”, halagos estos manifestados en El Fígaro de 1910.

 

Fotografía tomada desde el Gran Hotel hacia los restos del Baluarte de Monserrate, 1902

Fotografía tomada desde el Gran Hotel hacia los restos del Baluarte de Monserrate, 1902

 

En 1916 Francisca Herrera arrendó la casa No. 95 de Prado a la compañía mercantil regular colectiva González y Hermano, representada por sus únicos socios Etelvino y Simón González Fernández, hermanos de Urbano González. Esta compañía alquiló la casa para continuar operando en ella el negocio de hotel, restaurante, café y comercio anexo a que estaba dedicada. El contrato exigía que debía mantener el inmueble en perfecto estado, conservando la cubierta de cristales existente en el pasaje central. Se convenía, asimismo, que no se podían realizar transformaciones ni construcciones que modificaran la estructura general del edificio, sin antes consultar a la propietaria. En cambio, se permitían fijar mamparas y divisiones. Pese a todos estos trabajos que mejoraron la instalación hotelera hacia 1910, unos años más tarde, al cambiar de explotador, volvió a rediseñarse en su interior.

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